Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

El sorpresivo abanderado del cambio

Viernes 24 de octubre de 2008 • 12:41
0

Hijo de un keniano residente de una pequeña aldea y nacido en Hawai, Barack Obama, sin duda, consiguió romper todos los moldes. El candidato demócrata, primer negro en convertirse en aspirante a la Casa Blanca, logró germinar desde las bases e irrumpir con un mensaje de cambio en la carrera hacia la Casa Blanca.

Obama, padre de dos hijas y casado con Michelle Robinson, tiene 47 años y se presenta como un claro vencedor de las elecciones presidenciales. Parte de su infancia la pasó en Indonesia, pero luego se trasladó a Nueva York, donde se graduó de la Universidad de Columbia en 1983.

Sin embargo, pese a su reciente título obtenido, el demócrata decidió aplazar sus estudios de derecho y se mudó a Chicago en 1985, donde trabajó en los primeros tiempos para mejorar las condiciones de vida en los barrios afectados por la delincuencia y el alto nivel de desempleo.

Esta fue la oscura cuna que, hace poco más de 20 años, un idealista, pero pragmático Barack Obama eligió para comenzar su fulgurante carrera. El hoy senador demócrata por Illinois empezó como un outsider, pero, poco a poco, se insertó en los centros intelectuales, económicos y políticos de la ciudad. Lo hizo con habilidad, inteligencia y carisma. Pero también con ambición y una ambigua versatilidad que hoy lleva a sus críticos a cuestionar su imagen de reformista antiestablishment.

En 1985, Jerry Kellman, organizador comunitario desde hace décadas, fue el hombre que convenció a Obama de que abandonara Nueva York y viajara a Chicago para trabajar en los barrios más pobres de la ciudad como asistente social. Recién graduado de la Universidad de Columbia, Obama, un joven "muy inteligente y seguro", aceptó el sueldo de 10.000 dólares al año para "ayudar a la gente a reclamar por lo que era suyo".

El joven graduado se instaló en el South Side, lejos de la elegancia del centro de Chicago y cerca del deterioro de los suburbios más pobres y olvidados de la ciudad. Allí aprendió a "escuchar y a movilizar" a la gente. También se aproximó a la política barrial de los dirigentes negros.

Rodeado por esa red, Obama vivió tres años en Chicago; luego, partió a Harvard para convertirse en abogado. Para entonces, ya sabía que quería entrar en la política "para servir al público".

Al volver, en 1991, se casó con Michelle Robinson, una abogada de una familia de clase trabajadora del South Side. La nueva señora Obama era íntima amiga de Santita, la hija de Jesse Jackson, uno de los dirigentes negros más prominentes del país. Barack comenzaba a construir su base política.

Los Obama se mudaron entonces a Hyde Park, un barrio que se vanagloria de su esencia cosmopolita y que linda con la prestigiosa Universidad de Chicago y, a la vez, con los suburbios más pobres de la ciudad. Allí se arrimaron al mundo intelectual. Barack se sumó a la Facultad de Derecho y, pese a que era un progresista en el corazón del pensamiento académico conservador, pudo ampliar su base de influencia, ya alimentada por su trabajo en un estudio.

Los primeros pasos. En 1996, a los 35 años, Obama decidió dar su primer paso político. Alice Palmer, la entonces senadora estadual por South Side, pensaba dejar su banca para presentar su candidatura a la Cámara de Representantes, en Washington. La legisladora le prometió su puesto a Obama. Sin embargo, Palmer no logró la candidatura nacional y se presentó en las primarias para competir con su delfín por su vieja banca.

Descontentos, los asesores de Obama cuestionaron ante la Justicia las firmas recolectadas por Palmer para avalar su candidatura porque los nombres de algunos de sus seguidores estaban incorrectamente escritos en cursivas. Obama logró finalmente la candidatura y su primer contribuyente de campaña fue Tony Rezko, un empresario muy ligado al partido.

La relación de Obama con Rezko continuó y el empresario le prestó dinero, en 2005, al senador demócrata para que comprara el terreno al lado de su casa. La cercanía del hoy candidato presidencial con el empresario es otro de los puntos oscuros en la vida de Obama que, según opinan, nadie se toma el tiempo de investigar.

Pese a todo, Barack Obama suele advertir que, si gana la presidencia, dejará de lado la política tradicional, la política de los favores y la confrontación. Lo suyo, dice, será el cambio, un cambio ayudado, irónicamente, por la legendaria y oscura "máquina" de la ordenada Chicago.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas