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En la ciudad hay 17 sindicatos

La dispersión gremial aleja el acuerdo docente

Cultura

La mesa más larga de la administración pública debe de estar en el 9° piso de Paseo Colón 255, sede del Ministerio de Educación porteño: a su alrededor se sientan para negociar salarios los 17 gremios docentes de la ciudad de Buenos Aires. ¿Por qué tantos? ¿A quiénes responden?

Sindicatos con menos de 100 afiliados, que ni siquiera están inscriptos en el Ministerio de Trabajo, comparten ese espacio y convocan a paros en las escuelas, junto con gremios que tienen un recorrido histórico y presencia en todo el país, en un universo extremadamente heterogéneo. Ante el menor cortocircuito o disidencia en las negociaciones, siempre hay alguno dispuesto al paro.

La amplia dispersión de gremios docentes, en una jurisdicción de 75.000 maestros y 700.000 alumnos, no se da en ningún otro lugar del país y es uno de los principales elementos que contribuyen a prolongar los conflictos. Contrasta con la provincia de Buenos Aires, donde cinco gremios representan a más de 200.000 docentes, en un distrito de 4,5 millones de alumnos.

"Que haya 17 gremios es una variedad muy grande y un beneficio para el empleador, que es uno solo. Pero tampoco es aconsejable el unicato", dijo a LA NACION el dirigente Eduardo López, flamante secretario general de la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE), el sindicato docente mayoritario en la Capital. Enrolado en la Ctera y volcado al kirchnerismo, la UTE es uno de los tres gremios que todavía no aceptaron la mejora salarial del gobierno de Mauricio Macri.

Según pudo saber LA NACION, a través de fuentes gremiales y educativas, la UTE tiene 8000 maestros afiliados, a pesar de que el sindicato afirma contar con unos 10.000. La diferencia se explica porque este número más amplio incluye a docentes ya jubilados y contabiliza por duplicado a maestros en actividad que realizan sus aportes por partida doble, ya que trabajan en dos cargos. El jueves último, en las elecciones para renovar autoridades, votaron en el gremio 4300 docentes.

A partir de datos recogidos en el Ministerio de Trabajo, sólo cuatro de los 17 gremios tienen personería gremial reconocida. Son los que constituyen entidades de base de organizaciones de alcance nacional. Además de la UTE, comprometida con la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), están las seccionales porteñas de la Unión Docentes Argentinos (UDA), con 2900 afiliados, ligada por lazos históricos con el peronismo ortodoxo y con la Confederación General del Trabajo (CGT); el Sindicato Argentino de Docentes Particulares (Sadop), con 4500 maestros de colegios privados y también cercano a la CGT de Hugo Moyano, y la Asociación del Magisterio de Enseñanza Técnica (AMET), con unos 900 profesores de escuelas técnicas y lazos con la Ctera, con quien comparte la conducción de la Obra Social para la Actividad Docente (Osplad).

El crecimiento de Sedeba

En un segundo bloque aparecen las organizaciones inscriptas en la cartera laboral nacional: se mezclan allí sindicatos de raigambre histórica, uno de clara tendencia izquierdista y otros de creación más reciente.

Entre los primeros está la Unión Argentina de Maestros y Profesores (1500 afiliados), cuyos docentes provienen de la antigua Confederación Argentina de Maestros y Profesores (Camyp), identificada históricamente con el radicalismo y las ideas socialistas. Sus militantes son defensores de la educación pública y de la ley 1420 y son fuertes entre los docentes de preescolar y jardines de infantes.

Más radicalizada es la Asociación de Docentes de Enseñanza Media y Superior (Ademys), un gremio combativo de izquierda (1800 afiliados) surgido en 1983, con ruidosa presencia en los clásicos colegios normales (Mariano Acosta, Mariano Moreno, Normal N° 1) y en los institutos terciarios, motorizados por el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST).

También figura inscripto el Sindicato de Educadores de Buenos Aires (Sedeba), que con 6000 afiliados es el segundo gremio docente de la ciudad y el que más creció en los últimos tiempos. Integrado por radicales, socialistas y corrientes progresistas, su lema es "Viva la escuela pública" y hace un año superó a la UTE en las elecciones de delegados docentes a las Juntas de Clasificación y Disciplina, donde representantes sindicales y del gobierno porteño fijan los criterios para establecer los listados de ascenso y promoción del personal docente.

Sedeba es parte de la Confederación de Educadores Argentinos (CEA), que aspira a disputarle a nivel nacional el liderazgo a la Ctera y cuyo gremio más fuerte es la Federación de Educadores Bonaerenses (FEB).

"Nosotros enviamos una carta a la Comisión de Educación de la Legislatura para pedir que se reasignaran partidas para mejorar el salario, como después se dispuso por ley", advirtió Ada Leirós, secretaria general de Sedeba, satisfecha con el acuerdo firmado con el gobierno porteño. "Tan malo no fue. Conseguimos que no se descontaran los días de paro: diez días de huelga es un tercio del sueldo", explicó.

Otros cinco sindicatos tienen reconocida la inscripción gremial, a pesar de su limitada representatividad. Son la Asociación de Docentes de Educación Física (ADEF), con 900 afiliados; la asociación Compromiso (300), una escisión de Sedeba liderada por el gremialista Tomás Rodríguez; la Asociación Docentes Independientes Argentinos (ADIA), con 200 afiliados, principalmente en las escuelas de adultos; la Asociación de Supervisores Educacionales de la Ciudad de Buenos Aires (Ased), con unos 100 registrados, y la Asociación de Maestros Confederados (AMC), que se separó de la tradicional Camyp, con no más de 100 docentes adheridos.

El tercer grupo

Más pobre es la fuerza representativa de otros cinco sindicatos que no tienen personería ni inscripción como gremios docentes.

Se suman a las negociaciones como simples asociaciones civiles y son el Sindicato Unico de Trabajadores del Estado de la Ciudad de Buenos Aires (Sutecba), sucesora de la Unión Obreros y Empleados Municipales y cuyos 120 afiliados responden a Amadeo Genta; la asociación Escuelas de Educación Especial (Educaes), con unos 200 docentes que atienden esa modalidad de enseñanza; la Asociación de Educadores Porteños (AEP), con 100 afiliados; el Sindicato de Educadores Argentinos (Seduca), con no más de 60, y el Sindicato Unido de Educadores Técnicos de la República Argentina (Suetra), con unos 50 afiliados que se alejaron de AMET.

"No todos cuentan con la misma cantidad de afiliados ni son equivalentes, pero la dispersión puede condicionar el arribo a acuerdos salariales", advirtió a LA NACION la licenciada Roxana Perazza, secretaria de Educación en la ciudad durante la gestión de Aníbal Ibarra.

Autora de una investigación sobre el sindicalismo docente en la Argentina, publicada por la Fundación Konrad Adenauer y el Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP), Perazza cree que la identificación partidaria y política de los gremios no es mala en sí misma. "El problema es cuando el gobierno no tiene política para el sector docente y los gremios no tienen propuestas superadoras. Cuando esto ocurre, la educación pierde el rumbo", concluyó. .

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