Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Vidas de seis palabras

¿Qué pasa con los vínculos humanos en un mundo dominado por las tecnologías de la inmediatez? Es el tema que aborda Sergio Sinay en su libro Conectados al vacío: la soledad colectiva en la sociedad virtual, que publica Ediciones B

Domingo 16 de noviembre de 2008

Una frase clásica de John Lennon dice: La vida es eso que pasa mientras estás distraído con otras cosas . ¿Qué tiene que ver eso con uno de los sitios de Internet más exitosos de los últimos tiempos, la revista electrónica Smith(), cuyo lema reza: Todos tienen una historia ? Ya veremos. La revista, dirigida por Larry Smith, propone a sus lectores y visitantes contar su vida en seis palabras. Una minibiografía. Otra opción (...) es la de narrar algo importante en cien palabras. (...)

Le llueven a Smith las memorias superbreves. Tanto que, en 2007, el editor decidió recogerlas en un libro (esta vez de papel y tinta) y ese tomo, titulado Six-words Memory Book , encabezó durante meses la lista de los más vendidos de The New York Times. Es un fenómeno típico de estos tiempos en los que, valga la redundancia, parece no haber tiempo. No lo hay para leer, ni para escribir. Quizás, tampoco para vivir. Asombra cómo miles y miles de personas pueden reducir su vida a seis palabras. Nada menos que una vida, este misterioso fenómeno que nos es dado a cada uno por única vez para que exploremos su misterio, su sentido (...). Todo eso en seis palabras.

¿Cómo se puede? Quizá la respuesta dependa menos del talento literario o de la capacidad de síntesis que de la vida vivida. En todo caso, lo notable es la aceptación masiva de la propuesta y su éxito explosivo. Como si miles y miles de personas hubiesen estado esperando la oportunidad de confesar de un modo breve y veloz la vacuidad de su existencia. "Reparo retretes, me pagan una mierda", reza una de las autobiografías publicadas. "Nacimiento, infancia, adolescencia, adolescencia, adolescencia, adolescencia", es otra confesión. Una dice: "Despertarme, levantarme, volver a acostarme, dormir". Así, hay decenas de centenares. Pero acaso ninguna sea tan paradigmática como ésta: "Nacido en California. Después, nada pasó". Una contundente definición del vacío existencial.

Posiblemente, la síntesis más acabada de dicho vacío no esté en ninguna de las historias, sino en el hecho de que ellas se exhiban en Internet. En esa combinación de lo más asombroso de la tecnología de la comunicación con el más pobre contenido existencial. (...) La humanidad nunca ha estado tan (de)pendiente de la tecnología de conexión, información y (supuesta) comunicación como lo está hoy, y podría ser que, paradójicamente, jamás como en este tiempo las relaciones entre las personas, los propósitos trascendentes, las experiencias existenciales significativas se hayan mostrado tan pobres. En ningún momento precedente la esperanza de vida, en términos cronológicos, había sido tan alta. Y pocas veces, en materia de proyección espiritual y de construcción de sentido, el vacío había alcanzado dimensiones tan abismales.

La humanidad ha transitado antes (para decirlo con reminiscencias del Tolkien de El señor de los anillos ) otras Edades Oscuras, algunas muy sombrías, como el tiempo en que se conjugaron nazismo, fascismo y stalinismo, por ejemplo, pero no se habían vivido bajo la promesa de la inmortalidad, del progreso sin fin, de la felicidad a la carta, del fin de la incertidumbre, de la posibilidad de derrotar los límites, de someter la naturaleza, de pulverizar los misterios existenciales. Y son estas falsas promesas, estas verdaderas estafas, efectuadas fuera de regímenes totalitarios, las que hacen más notorio el contraste y más angustiosa la sensación de sinsentido.

No es lo mismo sufrir por la soledad y la incomunicación cuando no existen medios físicos y tecnológicos para contactarse con otros, que padecer por aquello en un mundo en el que la tecnología nos proporciona conexión instantánea, masiva e ilimitada, pero es incapaz de comunicarnos (...). La mayoría de los memoristas de la revista Smith pertenecen a generaciones recientes, nacidas sobre todo en el último cuarto del siglo veinte. Son generaciones que se burlan de sus antecesoras porque éstas vivían sin teléfonos celulares, sin computadoras, sin I-Pod y MP3 o MP4, sin Bluetooth, sin Internet. No conciben cómo se podía estar en la vida sin Messenger y no imaginan qué se puede hacer con los pulgares cuando no están transmitiendo un mensaje de texto. Creen que, salvo en la Edad de Piedra, las operaciones matemáticas se hicieron siempre con calculadoras y que son éstas, y no la mente, las que tienen el secreto de cuánto es dos más dos.

Esas generaciones acuden al escenario estelar de las conexiones y allí cuentan su verdad: "Nacido en California (o en Buenos Aires, o en Barcelona, o en Berlín, o en México, o en Sydney o en algún lugar de este pequeño mundo). Después no pasó nada". Es cierto que el desarrollo de las herramientas de conexión abolió la intimidad y cercó la privacidad. Pero, en este caso, debe reconocérseles que, debido a eso, el tipo de vida que se vive en esta sociedad no es un secreto. Es una confesión multiplicada y universal; basta un clic del mouse para acceder a ella: No pasa nada. En un mundo lleno de conexiones, la vida está vacía.

Ahora, la clásica frase Lennon cobra una nueva luz y puede reformularse así: "La vida es eso de lo que te ausentas mientras estás conectado".

www.smithmag.nethttp://www.edicionesb.com/

Te puede interesar