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El Hípico Argentino fue condenado por discriminar

La Cámara Civil falló en favor David Peralta, un jinete ciego al que el club le prohibió practicar en sus instalaciones por razones de seguridad

Miércoles 12 de noviembre de 2008
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Un inédito conflicto deportivo terminó en un pleito judicial que, ayer, tuvo una sentencia que marcará jurisprudencia. La Cámara Civil condenó al Club Hípico Argentino a indemnizar a David Peralta, un jinete no vidente, por entender que la entidad lo discriminó al no dejar que practique equitación en sus instalaciones. El fallo de la Sala F revocó uno de primera instancia y, en el escrito, el juez Eduardo Zannoni argumentó que "toda restricción fundada en la discapacidad, tal como sería ésta, es discriminatoria". Y agregó. "Es probable que sea menester la permanente asistencia de un entrenador personal, también lo es que debiera asignársele un horario preferencial para sus prácticas en el club, y un lugar específico para llevarlas a cabo. Pero entiendo que no cabe, en razón de su discapacidad, negarle lisa y llanamente la posibilidad de entrenarse."

Peralta es un deportista que, en adiestramiento, una de las especialidades de la equitación, ganó varias pruebas nacionales e internacionales. Una de sus máximas conquistas fue en 2003, en los Juegos Parapanamericanos de Mar del Plata, cuando ganó la medalla de plata individual y la de oro por equipos. David hoy tiene 27 años, está casado con Mercedes y tiene una hija de dos años y medio llamada Maitena ("ellas son normales", le dice a LA NACION), y por un accidente con un explosivo perdió la visión de un ojo a los cinco años y la del otro a los doce. Entonces comenzó a montar a caballo.

Paulatinamente su relación con la actividad creció. Y se acercó a distintas sedes para practicar la actividad, como el Club Hípico Buenos Aires, el Club Alemán de Equitación y el Club Hípico Argentino. En esta última entidad, en 2003, llevó adelante su rutina por unos seis meses. "Lo hice como cualquier persona, sin problemas ni restricciones", cuenta hoy. Luego se tomó un descanso y, cuando intentó retomar la actividad al año siguiente, encontró una situación totalmente distinta.

"Cuando quise volver tuve este problema. Me dijeron que ya no podía montar porque faltaban elementos de seguridad, y bla bla bla . Me decían que las pistas no estaban preparadas para discapacitados y que, por ejemplo, el club no tenía rampas. Y que los seguros no cubrían si existía algún tipo de accidente", cuenta Peralta. Sin embargo, más allá del rechazo, lo que molestó al jinete fueron las actitudes discriminatorias que, a su entender, tenían las autoridades del club, con Rubén Darío Cappeletti como vocero, entonces vocal y hoy vicepresidente de la entidad.

"Me dijeron atrocidades, como que en 95 años del club nunca había montado un discapacitado, o que como el club era pujante y tenía sus arcas llenas de dinero, no le interesaba trabajar con discapacitados. Me enojé muchísimo y sentí que no lo podía dejar pasar. Pensé que hablando nos íbamos a entender, pero es gente necia y no fue así. Entonces, como última instancia tuve que llegar al juicio. Lo sentí como un deber colectivo hacia los discapacitados, no para mí. No necesitaba el dinero. Y por eso dejé todo en manos de mi abogado, Juan Bautista Berraondo, y seguí entrenándome con normalidad en otros clubes".

La demanda fue contra el Club Hípico Argentino, Cappeletti y la aseguradora, pero el tribunal la aceptó únicamente contra la entidad en los términos de artículo 1° de la ley 23.592. Ayer LA NACION intentó obtener la palabras de las autoridades del club, pero no hubo respuesta. Hoy tendrían una reunión con sus abogados y es probable que se recurra a la Corte Suprema. "Creo que sus probabilidades son pocas. Igualmente yo soy feliz porque esta sentencia es inédita y sienta jurisprudencia para todos los discapacitados. Siento que cumplí con mi deber de ciudadano."

"Fueron muchos años de ir con la verdad" Natalia Falbo, la entrenadora de Peralta y del equipo nacional paraecuestre, que fue testigo en el juicio, dijo: "Se podría haber arreglado de otra manera, pero la gente del club estaba segura de que ganaba. No pensaban que David iba a aguantar hasta el final. Por suerte no aflojó y fueron muchos años de ir con la verdad".

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