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"Los gobernantes están cada vez más lejos de la sociedad"

Para el ensayista, los políticos subestiman a una ciudadanía que quiere ser escuchada

Domingo 16 de noviembre de 2008
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César Cansino no tiene problemas en resultar incómodo con sus ideas: dice que los políticos gobiernan "sin escuchar y sin ver" a la gente; que la academia latinoamericana tiene "un sentimiento de inferioridad intelectual" y que la ciencia política se ha vuelto irrelevante, superficial y miope. Justamente, ese diagnóstico sobre su propia disciplina intelectual -expuesto en La muerte de la ciencia política - acaba de recibir el premio LA NACION-Sudamericana de ensayo.

Nacido en México hace 46 años, Cansino responde con la misma vehemencia con la que escribe: se autodenomina "demócrata radical", se entusiasma con el triunfo de Barack Obama en los Estados Unidos y cree que el combate a la violencia del narcotráfico que ha encarado el gobierno de su país "es una guerra perdida".

-¿Cómo se explica que en América latina conviva "una sociedad civil madura, crítica y participativa con políticos profesionales anquilosados", como usted dice?

Para el ensayista, los políticos subestiman a una ciudadanía que quiere ser escuchada
Para el ensayista, los políticos subestiman a una ciudadanía que quiere ser escuchada. Foto: Fabián Marelli

-Desgraciadamente coexisten, porque los gobernantes están cada vez más distanciados de una sociedad que al mismo tiempo es más crítica y está más involucrada con los asuntos públicos; opina, cuestiona, se enoja y protesta. Ese es un dato que no puede subestimarse y los primeros en hacerlo son los políticos. Ellos siguen sin escuchar y sin ver, gobernando en un vacío, tomando decisiones pragmáticas, «invisibilizando» a esa ciudadanía que está demandando.

-¿Y por qué de esa ciudadanía no surgen políticos diferentes?

-Por un lado, porque al ciudadano no le interesa hacer política en las instituciones políticas. Y porque el lugar de la política institucional está ocupado por elites que tienen mecanismos para reproducirse y para no dejar entrar a otros. El ciudadano quiere instituciones y buenos partidos políticos, pero cuando advierte que no cuenta con esos mínimos posibles para la convivencia, participa. Quiere debatir, cuestionar, ser tomado en cuenta, ser visible.

-¿Se puede hablar de una sociedad como la que usted describe con los niveles de desigualdad de los países latinoamericanos?

-Solamente en condiciones mínimas de libertad e igualdad, que son las que ofrece la democracia, el ciudadano puede aspirar a superar los rezagos sociales y económicos. Sólo en esas condiciones se puede aspirar a mejores democracias, a más y mejores libertades e instituciones.

-¿Qué sensación le deja el triunfo de Barack Obama en los EE.UU.?

-Lo que estamos viendo en los Estados Unidos es una sociedad que se renueva, un pueblo que decide por la vía de las urnas derrumbar la última frontera de la desigualdad que pervivía en la democracia norteamericana, que era la de la piel. Obama es el representante de una minoría étnica, electo por una mayoría y eso tiene un valor simbólico impresionante.

-¿Cómo deberíamos mirar ese proceso desde aquí?

-Leídas desde América latina, las elecciones revelan que estamos a años luz de la democracia tal como la entendimos resignificada en los Estados Unidos. Nos desnuda en nuestras limitaciones, contradicciones, pequeñas batallas, inercias autoritarias, negligencias y corrupción. Y sobre todo demuestra que la democracia es ciudadana o no es democracia.

-Es más que el proceso electoral.

-Es mucho más. En América latina la democracia no es ciudadana. Aquí el ciudadano es lo que menos importa. Se sigue actuando como si el ciudadano no viera, no escuchara, pudiera ser manipulado. Pero también tenemos déficits: nuestras ciudadanías son excluyentes, reproducen formas de sometimiento, de corrupción, y eso impide que haya situaciones de reconciliación con la política como en los Estados Unidos.

-En ese contexto, ¿depositar las esperanzas en la ciudadanía para recuperar el sentido de la política no puede ser decepcionante?

-Sí y no, porque es finalmente lo que tenemos. Ser un demócrata radical, como pretendo, tiene la exigencia de reivindicar la indeterminación de la política. Cualquier cosa puede pasar. En Venezuela eligieron a Hugo Chávez y terminó cargándose la democracia. Pero así como se puede elegir a un tirano tropical, se puede elegir a alguien como Barack Obama y marcar un nuevo rumbo para las democracias de Occidente.

-Usted ha llamado al narcotráfico en México un "actor antisistema, pero con lazos con él".

-México está siendo víctima de un monstruo que las propias autoridades construyeron. En la era autoritaria, alimentaron la expansión de ciertos carteles del narcotráfico porque era muy redituable. En la etapa democrática, esos lazos comunicantes que permitían mantener el conflicto en un umbral aceptable estallaron. Se desató una creciente conflictividad que volvió las cosas imposibles de solucionar. El gobierno mexicano actual decidió abiertamente declarar la guerra al crimen organizado y, al hacerlo, preparó un terreno donde difícilmente habrá un ganador. Es una guerra perdida. No se puede combatir algo tan asentado en el territorio nacional.

El personaje

CESAR CANSINO Crítica desde adentro

Profesión: Politicólogo y periodista

Edad: 46 años

Origen: Mexicano

Formado en filosofía y ciencia política en su país, en Italia y en España, Cansino es profesor e investigador. Crítico de su propia disciplina, escribió más de 25 libros sobre las ideas políticas, la democracia, la transición mexicana y el populismo, y dirigió la revista Metapolítica .

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