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Fígaro vuelve por sus fueros

Juventus Lyrica despide el año con una atractiva puesta de la obra mozartiana

Domingo 23 de noviembre de 2008

Las bodas de Fígaro, de Mozart, con libreto de Lorenzo Da Ponte. Por el coro y la orquesta de Juventus Lyrica, con dirección general de Antonio Russo. Régie: Ana D´Anna. Escenografía: Raúl Bogiorno. Vestuario: María Jaunarena. En el teatro Avenida. Hoy, a las 17.30. Nuestra opinión: muy bueno

Como broche de oro digno de encomio, y haciendo honor a su nombre, Juventus Lyrica cierra su temporada con uno de los tres títulos importantes de la producción mozartiana con libreto de Lorenzo Da Ponte. Las bodas de Fígaro , verdadera síntesis entre el drama y la música, pone en juego nuevamente las geniales aptitudes de su creador para conocer a fondo el corazón humano, sus virtudes y flaquezas, pero también las vicisitudes de sus personajes en medio de una época en la que el desmoronamiento de la vida social presagiaba cambios definitorios. Compuesta en 1787, dos años antes de la Revolución Francesa, Mozart echa una lúcida mirada sobre ese "día loco" en el que Beaumarchais apunta a la sátira social y él, junto con Da Ponte, aun con la comicidad de los equívocos y también con las situaciones dramáticas, se dirige hacia el amor en el sentido más sincero, a través de la óptica de cada uno de sus personajes. Su maestría se asienta en la intencionalidad de la partitura, desde la chispeante obertura que en la versión ofrecida ubicó al espectador en la atmósfera requerida por la acción, hasta las escenas en las que él mismo se mueve libremente en las aguas profundas de los sentimientos humanos, aspectos que la precisa batuta de Antonio Russo siguió fielmente en todo momento. Gracias a este sostén y a una adecuada preparación, la acción dramática no tuvo baches y sí una unidad de sentido encomiable.

En tanto espectáculo, la versión ofrecida revela un loable esfuerzo de producción, tanto en lo relativo a la escenografía como en la recreación de ambientes, el suntuoso vestuario y la oportuna iluminación. La dirección escénica fue delineada con justeza, si se tiene en cuenta la relativa inexperiencia de algunos actores. La recitativos solos y acompañados resultaron eficaces para agilizar la trama. Duetos y concertantes estuvieron bien resueltos y el coro tuvo en todo momento correcto desempeño.

En el plano vocal, no resultó difícil reconocer la destacada actuación de la soprano Soledad de la Rosa (Condesa), dueña de una magnífica línea de canto e identificada con la altiva y nostálgica fidelidad de su personaje, para hacer verosímil que quien más ama, más perdona. La profunda expresividad de su legato en el fraseo hizo de su "Dove sono..." algo memorable. Notoriamente eficaz en su desempeño, el barítono Marcelo Otegui (Fígaro) fue parejo en su emisión y ajustado en la afinación, y desenvuelto en la escena. Laura Penchi posee buen timbre y soltura escénica promisorios, si bien su vibrato , a veces, empaña su afinación. La buena voz del barítono Fernando Grassi tuvo una mejor oportunidad de evidenciarse en los últimos dos actos. El profesionalismo de Laura Mauro rindió sus frutos en más de una ocasión. La soprano Cecilia Pastawski añade al buen dominio de su cuerda, gracia escénica, así como Clara Pinto desenvoltura y desparpajo. Tanto Santiago Bürgi como Leandro Sosa son elogiables en sus papeles y Santiago Tiscornia posee una gracia muy efectiva.

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