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El hallazgo de buscar sin límites

Alejandra Martin y su cuarteto salen del jazz y estructuran grandes versiones

Viernes 28 de noviembre de 2008
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Hay algo de secreto revelado esta noche. Excelentes músicos argentinos, algunos de los cuales no pisan muy seguido los escenarios locales. No más de 50 mesas. Penumbras. Clima intimista. Parece el estereotipo de esos clubes neoyorquinos de las películas (sin humo de cigarrillos, claro está), pero estamos en el subsuelo de un coqueto hotel ubicado en pleno barrio de Recoleta.

La que irrumpe ante el micrófono es Alejandra Martin, una de las mejores voces femeninas del jazz nacional, acompañada por su cuarteto, en su reaparición luego de una gira europea. La introducción es del baterista Luis Cerávolo, leyenda de los parches locales que tocó con casi todos, y luego, sí, un clásico como "Let The Good Times Roll" a pleno, que incluye un sólido solo del contrabajista Juan Pablo Navarro.

El pianista es Manuel Ochoa, de apenas 29 años, que es, a esta altura, una garantía de sensibilidad. Lo confirma en una balada que se cuela en el corazón como "Willow Weep For Me", aunque el punto fuerte es, una vez más, la calidez que le aporta la voz de Martin.

Es cierto que no deslumbra la versión de "Overjoyed", de Stevie Wonder, pero sí resulta deliciosa la del hit de Duke Ellington "Don´t Get Around Much Anymore", en un efervescente dúo entre Martin y el contrabajo de Navarro, aplaudido hasta por las paredes del lugar.

Mientras el jazz fluye, los espectadores también paladean un tapeo en tres pasos (incluido en los 100 pesos que cuesta la entrada). Pero no hay buena comida que valga tanto como cuando un músico de jazz, o de cualquier otro género, en realidad, consigue que su mirada sobre las canciones muy transitadas salgan de lo común y transmitan algo.

Lo logran estos cinco músicos con una cálida versión de "Here Comes The Sun", de George Harrison, pero, sobre todo, cuando arriesgan y ganan al abordar un clásico tanguero como "Malena" tratado como si fuera un standard jazzero.

Aquí, Martin y sus cuatro mosqueteros no sólo dejan a salvo la inspiración de Homero Manzi y Lucio Demare: la convierten en una canción que podría haber cantado Ella Fitzgerald. Y así como la cantante se apropia luminosamente del tango sin resignar el fraseo jazzero, Fraga suma un solo cargado de sutilezas y Cerávolo, uno que parece transformar los tambores y los platillos en el sonido del sentimiento.

Una sensación similar despierta otra canción, bella pero, en teoría, lejana al jazz, como "La Pomeña", con una Martin felizmente poseída por el espíritu del Cuchi Leguizamón. Aquí, Navarro apuntala la emoción desde el contrabajo. Y la impresión es que en estos hallazgos del repertorio hay un camino que este cuarteto debe seguir y profundizar.

Zeppelin jazzeado

Lo que sigue abre otra ventana, también sorpresiva, a una dimensión desconocida: una poderosa recreación de la famosa "Whole Lotta Love", de Led Zeppelin, plagada de swing y con la cantante convertida en una versión femenina y jazzera de Robert Plant, que incluye, además, un vigoroso solo de Cerávolo que confirma por qué fue el baterista elegido por Astor Piazzolla y por Luis Alberto Spinetta, entre otros.

La despedida, que no quiso nadie del público, fue con "The Second Time Around", clásico de Jimmy van Heusen, y el único bis, que tuvo aires de celebración blusera, con una potente versión de "Deedles" .

Un acto de justicia sería no solamente que los conciertos de Alejandra Martin y su cuarteto se pudieran repetir (como sucederá hoy, a las 21, en el Club Jazz Voyeur, del hotel Meliá Recoleta Plaza, teléfono 5353-4000), sino que también puedan llegar finalmente al disco.

Para los amantes del buen jazz, o los que quieran serlo, la programación de este lugar incluye mañana, a las 21, al pianista Jorge Navarro en trío, con el contrabajista Carlos Alvarez y el baterista Eduardo Casalla, y el 12 y el 13 de diciembre, al pianista Ernesto Jodos en un tributo a Lennie Tristano.

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