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El polo femenino busca seducir con destrezas y mucho glamour

Pasado mañana comienza la Copa Princesa Máxima en el señorial Hurlingham Club; las jugadoras tienen entre 25 y 38 años; muchas de ellas ocupan cargos gerenciales en multinacionales

Martes 02 de diciembre de 2008
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LA NACION
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Tienen entre 25 y 38 años. Son destacadas economistas, abogadas, profesionales de la comunicación y ocupan cargos gerenciales en empresas foráneas de primer nivel. Se mueven en un circuito que incluye Ascott, Oxford, Deauville, Bagattelle, Milán, Berlín, Amsterdam y, por supuesto, Buenos Aires. En las últimas horas, diez de las 12 mejores jugadoras del mundo llegaron al país para participar de la Copa Princesa Máxima, un triangular de polo femenino que se jugará pasado mañana, a las 16, en el Hurlingham Club.

Organizado por la asociación francesa de polo de damas (la Ladies Polo Association, LPA), presidida por la economista franco-germana Alexandra Bruné, la Copa Máxima cuenta con una ristra de incondicionales colaboradores, como Jorge Pereyra de Olazábal y Tucán Pereyra Iraola, y de marcas premium como Jaeger-le Coultre, que buscan promover el glamour del deporte y darles visibilidad a sus exponentes femeninos.

La futura monarca holandesa, entusiasta del polo y "gran taqueadora", no podrá presenciar el torneo por problemas de agenda. Pero cedió su nombre, ya que el encuentro persigue un fin benéfico: parte de lo recaudado mediante un bono contribución de $ 10 y el apoyo de los sponsors se destinará a la Fraternidad de Ayuda al Niño, una entidad del Gran Buenos Aires a la que suele apoyar la princesa.

La LPA agrupa a mil socias europeas entre las cerca de 5000 jugadoras que practican el deporte a nivel mundial. La Argentina e Inglaterra cobijan a las polistas con mayores destrezas y potencial, entre ellas Lía Salvo, de 21 años y con un gol de handicap, y Nina Vestey, de 27 años, una flemática londinense que abandonó una promisoria carrera en Christie´s para abocase al polo y lograr así la mayor marca mundial: tres goles de handicap.

"Queremos mostrar una imagen distinta, más aggiornada y femenina del polo, ya que las mujeres que hoy lo juegan son, además de profesionales, inteligentes y exitosas, deportistas intrépidas, de muchísima destreza con los caballos, pero no por ello menos femeninas", cuenta a LA NACION Alexandra Bruné, que busca una sinergia con marcas de alta gama para darle un impulso vital y profesionalizar el deporte entre las mujeres.

Ella, en realidad, encarna a la perfección el estereotipo de la jugadora que su asociación intenta promover. De tan sólo 30 años, graduada con honores en Oxford, políglota, ex gerenta de marketing de una marca premium, comenzó a jugar polo en la célebre universidad diez años atrás. En Oxford le enseñaron la teoría polística montada a un caballo de madera y dos veces por semana se apartaba de los libros de lord Keynes para pegarle a la bocha en el césped inglés.

Diferencias

"El polo femenino es menos veloz y potente que cuando lo juegan hombres; tiene menos jueguitos y toques de bocha, pero el despliegue montado muestra un rendimiento óptimo. Es muy difícil que a una mujer se le quiebre un caballo, porque la mujer lo cuida mucho más y es difícil que lo sobreexija", acota Bruné, y en una frase sintetiza las diferencias: "Las mujeres juegan más con el caballo; los hombres, con la bocha".

Bruné destaca que gran parte de las jugadoras europeas llegan al polo desde la equitación o el adiestramiento de caballos. En tanto, las argentinas lo hacen a partir de la tradición familiar y sus vinculaciones con el campo y la caballada.

Si el tiempo acompaña, pasado mañana se enfrentarán tres equipos -Sofitel, Aeropuertos Argentina 2000 y Chandon- a dos chukkers por partido. La final sumará otro chukker.

Sofitel, además de contar con Bruné y Salvo, suma otra argentina habilidosa, Karina Marseillan. En tanto, los teams restantes están integrados por jugadoras de Holanda, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, Austria, Chile y Venezuela.

Esta será la primera escala de un circuito femenino que continuará en Punta del Este, París, Amsterdam, Viena y Dubai. De allí el afán por profesionalizar un deporte, vistoso si los hay, que, además de la pericia deportiva, insume recursos de cuantía.

"El polo femenino es un deporte de altísima exigencia, de gran organización y dedicación y muchísima templanza. Es, además, un gran desafío para la mujer, que debe compatibilizar sus tareas profesionales y personales con la práctica de un deporte que se vale tanto del arrojo como de la coordinación física y el equilibrio mental", describe Bruné, sin ocultar su pasión.

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