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El nuevo satélite argentino, en la recta final

Un centenar de científicos argentinos y extranjeros están reunidos en Puerto Madryn para acordar proyectos y aplicaciones

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LA NACION
Jueves 04 de diciembre de 2008
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Aunque el cielo estaba plomizo, lloviznaba sobre el acantilado y el viento patagónico arreciaba, ayer la cabeza de alrededor de un centenar de investigadores reunidos en el Ecocentro de Puerto Madryn, a orillas del océano Atlántico, vagaba muy por encima de las nubes. Exactamente a 657 km de altura, en la órbita que a partir del 22 de mayo de 2010, fecha prevista de lanzamiento, todos los días recorrerá 14 veces el nuevo satélite argentino, el SAC-D/Aquarius.

"La idea de este cuarto taller científico es que investigadores argentinos y extranjeros se junten, intercambien puntos de vista y generen proyectos vinculados con el uso de los datos que obtendrá el SAC-D", explica Sandra Torrusio, investigadora principal de la misión y coordinadora de la reunión.

Durante la primera jornada, los científicos llegados de distintos puntos de la Argentina, Estados Unidos, España, Italia, Francia, Brasil, Uruguay y Chile, analizaron presentaciones técnicas sobre las aplicaciones del satélite; hoy se concentran en los instrumentos y mañana se lanzará un "llamado de oportunidad", una convocatoria para presentar proyectos internacionales (de argentinos y latinoamericanos) e interinstitucionales financiados por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y el Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Científicos de muchas disciplinas, durante el taller
Científicos de muchas disciplinas, durante el taller. Foto: Gentileza Comae

El SAC-D/Aquarius es el aparato más complejo y avanzado que se haya diseñado o construido en el país. Un verdadero observatorio espacial dedicado al estudio del océano y la atmósfera terrestre, que con más de 1400 kg triplica el peso de su antecesor, el SAC-C.

Sus ocho instrumentos (uno norteamericano, uno italiano, uno francés y cinco argentinos) obtendrán datos como salinidad del mar, temperatura superficial del océano, velocidad del viento, eventos de alta temperatura (focos de incendio), humedad del suelo y perfiles atmosféricos.

"Esos parámetros podrán utilizarse solos o combinados -explica Torrusio-. Los datos climáticos también podrán emplearse en otros temas, como la epidemiología panorámica, para estudiar la distribución de vectores y prevenir brotes de dengue, malaria y Chagas, complementándolos con mediciones tomadas directamente sobre el terreno."

"Los sensores del satélite van a medir energía (temperaturas de brillo), una variable física, y a partir de eso, con la ayuda de modelos matemáticos, obtendremos la variable biofísica, que es la salinidad del agua -afirma Haydee Karszenbaum, del Grupo de Teledetección del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE) del Conicet-. Es la primera vez que podremos determinar este indicador de lo que está pasando con el derretimiento de los hielos [varía cuando aumenta el vertido de agua dulce], porque hasta ahora trabajamos con hipótesis, que podrán ser refutadas o confirmadas. Será un monitoreo de los océanos a escala planetaria."

Para Dora Goniadzki, directora del Instituto Nacional del Agua,el SAC-D también ofrece nuevas y valiosas posibilidades técnicas para conocer la humedad del suelo.

"Somos usuarios de todos los satélites desde hace mucho -dice-, porque tenemos poca información de campo y necesitamos complementarla. Los [satélites] ópticos nos dan información del agua que hay en las nubes, en ríos y lagunas. Pero este nuevo aparato [el Aquarius], que trabaja en otra frecuencia (en microondas de radar), permite estudiar una determinada lluvia y ver cómo cae, primero moja, luego satura y finalmente escurre. Esta información es una herramienta muy poderosa, porque no es lo mismo que una precipitación caiga sobre un suelo seco o sobre uno saturado. Cambiará nuestro conocimiento de los procesos de evapotranspiración e infiltración."

En esta misión de la Conae participan oceanógrafos, físicos, biólogos, ingenieros, especialistas en informática y climatólogos de múltiples instituciones del sistema científico nacional, como la Comisión Nacional de Energía Atómica (responsable de la integración eléctrica de los paneles solares), la Universidad Nacional de La Plata, el Instituto Argentino de Radioastronomía, el Centro de Investigaciones Opticas y la Universidad Tecnológica Nacional, que tuvieron a su cargo el diseño y la construcción de los instrumentos argentinos.

El taller se dedicó a Fernando Colomb, alma mater de este proyecto fallecido en mayo último. Hubiera estado feliz de verlos...

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