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La llegada de la fragata Libertad volvió a conmover

Tras ocho meses de viajar por el mundo, los tripulantes se reencontraron con sus familias

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LA NACION
Domingo 07 de diciembre de 2008
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La llegada de la fragata Libertad, el buque escuela de la Armada Argentina, es un clásico. Todos los años la nave entra en puerto vestida de gala, imponente, demostrando la experiencia de los 39 viajes de instrucción que lleva realizados desde 1963.

Después de ocho meses de espera, los familiares de los marinos se agolpan con pancartas de colores en las dársenas, las manos en alto saludando, las cámaras de fotos listas para el momento del reencuentro, las lágrimas que caen por las ausencias que llegarán a su fin.

Y, como todos los años, ayer, en la dársena D del Quinto Espigón del Puerto Nuevo, se congregaron alrededor de 500 personas: familiares de cabos, comandantes y aspirantes a cadetes. No obstante, en esa conglomeración de afectos, las historias que se concentran son tan diferentes como los mares de cada destino que visita la fragata.

La nave, que partió en abril de este año, cumplió ayer con su 39° viaje de instrucción
La nave, que partió en abril de este año, cumplió ayer con su 39° viaje de instrucción. Foto: Miguel Acevedo Riú

El 5 de abril, día que partió la nave hacia los puertos de Tokio, Shanghai y Manila, entre otros, Gabriel Galmarini, de 27 años, se despidió de su padre, Jorge, quien, orgulloso, le deseó la mejor de las suertes para su primer viaje en "La Libertad" luego de ocho años de servicio en la marina.

"Javi sabe que el viejo falleció en agosto, pero lo va a buscar con la mirada. Tuvo la posibilidad de volver y no quiso, prefirió terminar el servicio como se debe", dijo a LA NACION Cristian, el hermano del marino, imaginando la escena de un reencuentro "casi" feliz.

Eran las 11.45 cuando María José Chávez alzó al pequeño José Luis, de dos años, y abrió el paraguas para guarecerse de los rayos de sol que quemaban a pesar de las nubes. Como muchas otras mujeres y hombres, acostumbrados a tener que esperar horas la llegada de la fragata, había llevado un pequeño bolso con gaseosas y sándwiches.

Después de acomodar la bandera de bienvenida que había colgado entre las otras 30 que decoraban un paredón, María José dijo a LA NACION: "Mi marido, el cabo 1° José Flores, lo vio al nene sólo cuatro meses y hoy tiene dos años. Ser la mujer de un marino no es fácil. Primero te tenés que casar con la Marina, si no, no aguantás la ausencia".

El arribo

La fragata Libertad, al mando del capitán de navío Juan José Iglesias, llevó este año alrededor del mundo a los guardiamarinas de las promociones 137 del Cuerpo de Combate y los escalafones Naval Comando e Infantería de Marina y 93 del Cuerpo Profesional, Escalafón Intendencia, de la Escuela Naval Militar.

Por eso, muchos de los que ayer esperaban ansiosos eran padres que se habían "despegado" de sus hijos por primera vez. Como, por ejemplo, Daniel Di Carlo que, después de ocho meses, esperaba ver a su hija, Cecilia, de 22 años.

"Somos de San Juan y a mi nena se le ocurrió entrar en la Marina. Ella es parte de la tercera promoción de mujeres que viajan en la fragata, flor de orgullo... pero ¡cómo la extrañamos!", dijo el hombre.

"¡Ahí está Fabián!", fue el grito de un niño que, pasadas las 12.30, desencadenó que más de uno de los cientos de familiares se pusieran en puntas de pie para ver llegar la gran nave. Entre otras cosas, derivó en un reto de su madre: "Hijo, ¡cómo Fabián! ¡Es tu papá!"

Con la nave ya en puerto, sonó un "Parecen héroes" de la boca de un niño que no dejaba de mirar asombrado a los 50 marinos distribuidos en los tres palos de la fragata que saludaban y trataban de adivinar las caras de sus familiares.

Minutos después, Javier abrazaba a su hermano que, efectivamente, buscó a su padre sabiéndolo muerto. Daniel pellizcó con cariño la mejilla de su hija que no dejaba de sonreír. Y el cabo 1° José Flores, sin mediar palabras, abrazó a su mujer y a su bebe.

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