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Las persistentes brechas culturales

Martín Becerra Para LA NACION

Domingo 14 de diciembre de 2008
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La progresiva masificación del uso de tecnologías digitales en los jóvenes en particular y en la sociedad en general plantea, por lo menos, tres niveles de análisis: el acceso material y físico a las infraestructuras; los usos diferentes de los distintos grupos sociales, y las políticas que contienen y amoldan el contenido que circula por las redes. El concepto de "brecha digital" alude, como mínimo, a varias brechas, en plural.

El estudio de TNS Gallup y la Universidad de Palermo constata que las brechas tecnológicas se relacionan directamente con las brechas económicas, sociales y geográficas. Deberían incluirse, por supuesto, brechas generacionales si el estudio comprendiera a otras franjas etarias.

En la Argentina, el acceso material a las tecnologías está condicionado principalmente por motivos económicos (posibilidad de costear hardware y conexiones, además de software), y se potencia por factores geográficos. El 90% de las conexiones de banda ancha a Internet de la Argentina se concentra en cuatro distritos, que son a la vez los que exhiben mejores indicadores de desarrollo humano. La inversión (pública y privada) en infraestructuras de la información atiende, desde hace casi 20 años, a un cinturón que une a Buenos Aires, Rosario, Mendoza, Córdoba y Mar del Plata. Este cinturón es una fuerza centrípeta que absorbe la mayor parte de los recursos; entre ellos, los tecnológicos.

Las brechas se verifican también en los usos diferentes de los medios y tecnologías. La televisión, como tecnología masiva y generalista (de ahí el concepto de broadcasting ), es preferida por los jóvenes de sectores populares. El uso segmentado de contenidos se va imponiendo entre los usuarios con mayores recursos, que pueden pagar conexiones y servicios a demanda que se distribuyen por las nuevas redes. En esta tendencia, que es mundial, se funda la idea de narrowcasting para el uso de los nuevos medios por parte de audiencias fragmentadas. Como señala Aníbal Ford en el libro La marca de la bestia , la televisión es una tecnología "democrática" porque su acceso y las competencias requeridas para su uso están mejor distribuidos socialmente en comparación con otras, nuevas tecnologías.

Señala Todd Gitlin en Enfermos de información que el modo en que gastamos nuestro tiempo (con lo que expresa la escasez del recurso) define cómo somos. Es decir: nuestra cultura. Las tecnologías distribuyen contenidos producidos por los usuarios o por las industrias de la cultura, que circulan por las redes (audiovisuales, informáticas, de telecomunicaciones) que utilizan los jóvenes.

Interesa, pues, destacar el papel que las políticas públicas pueden desempeñar para formar competencias en las nuevas generaciones, no sólo de consumo sino también de producción y de búsquedas de contenidos que les sean significativas; cultivar estrategias para que el acceso, la creación y el reposicionamiento de la cultura superen la centralización geográfica y económica, y potenciar el espacio público frente a la aparente neutralidad de los bytes .

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