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Ser o parecer

La mujer y su conflicto con los ideales inalcanzables

Jueves 18 de diciembre de 2008
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La construcción que una mujer hace de su imagen depende de las creencias que tiene sobre sí misma, la autoestima, su educación y valores. Los medios masivos de comunicación también aportan lo suyo, reflejan una mujer que muchas veces dista de la real. A través de ellos es común ver cuerpos muy trabajados y esbeltos, pieles sin una arruga, rostros joviales pese al paso del tiempo, emulando un ideal de belleza que en personalidades vulnerables es palabra santa. El conflicto entre el ser y parecer rige en estas mujeres, más preocupadas por seguir una tendencia, de belleza física, papel social, desempeño profesional o estilo de vida particular, que por aceptarse tal y como cada una es. Sobre estas cuestiones la especialista Celia Antonini, psicóloga y autora del libro Qué hay en su cabeza. Vivimos como pensamos , da su punto de vista desde el enfoque de un profesional.

-¿Sigue la obsesión por el cuerpo y la delgadez?

-No conozco una mujer a la que no le importe mejorar su imagen y eso, en parámetros normales, está muy bien. Las mujeres  siempre quieren verse mejor, estar más lindas. No importa mucho si hacen o no algo para conseguirlo, pero lo que está siempre presente es el deseo de estar radiantes. Ahora, cuando una persona se obsesiona con su imagen y no se relaja frente al otro, esto puede llevarla a sufrir trastornos alimentarios, alteraciones psicológicas y una percepción distorsionada de la realidad.

-¿Cómo influyen los medios, publicidad incluida, en el ideal de belleza?

-La imagen de aparente perfección que dan las publicidades puede impactar negativamente en la autoestima de muchas mujeres. Algunas pueden sentirse feas y poco valoradas cuando ven que su cuerpo no se ajusta a los límites de hermosura imperantes. Sucede que la gente que no deslumbra por la belleza o por algún atributo particular no aparece en las publicidades. Por ejemplo, no hay avisos de pasta dentífrica con dientes no sé si torcidos, pero con algún detalle que no sea impecable, son todas bocas perfectas. Eso demuestra que el ideal de belleza y perfección es en muchos casos el mensaje que dan los medios.

 -¿Las mujeres tienen más baja autoestima que los hombres?

-En líneas generales, las mujeres suelen ser más dependientes emocionalmente que los hombres y están más atentas a la aprobación y mirada del otro y su entorno, pero eso no implica que tengan autoestima más baja. Creo que en ese aspecto no hay diferencia entre hombres y mujeres, sobre todo en esta época en la que los hombres demuestran estar igualmente pendientes y consumen productos cosméticos para cuidar su imagen, algo que antes no sucedía.

-¿Importa la imagen que una mujer muestra para lograr lo que quiere?

-La mujer compite por un lugar en el mundo de los hombres desde lo profesional y laboral, y a la vez con otras mujeres desde un costado más trivial. Entre ellas surgen cuestiones relacionadas con el poder que otorga la imagen, según su físico, la ropa que se pone, el aspecto en general y su actitud frente a personas del mismo sexo. Es, por así decir, una competencia doble, tanto en el plano laboral como en el personal.

-¿Cómo viven las mujeres de esta época?

-La mujer no ha perdido roles a lo largo de la historia, sino que ha ido sumando nuevos. Creo que hoy puede alcanzar todo aquello que se proponga, se siente libre para crear e imaginar. Los límites se han corrido al extremo.

-Aunque aún las demandas sociales siguen vigentes...

-Sí, es un gran desafío. La expectativa que hay sobre la mujer es que tiene que cuidar a sus hijos, ser la mejor madre, llevar una vida de pareja, cuidar a su familia, mantener la casa como le gusta y ser exitosa en su trabajo, además de moderna, canchera y estar siempre de buen humor. Eso provoca en muchas mujeres sentimientos de frustración por sentir que no están a la altura de las demandas sociales. Lo importante no es estar pendiente de la opinión ajena, sino escucharse para tener claro qué es lo que se quiere y qué se puede hacer. Qué está dispuesta a resignar para conseguirlo y qué cosas no se negociarían por nada del mundo. Bajar a la realidad y tener los pies sobre la tierra es la clave para no quedar atrapada entre la exigencia y la expectativa.

Y, a modo de ejemplo, imágenes de campañas e iniciativas de marcas conocidas, masivas, que demuestran que es posible difundir otra imagen de belleza, una más saludable.

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