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El Salvador, un alto en la ruta maya

Turismo

El país más pequeño de América Central reclama su lugar en el mapa turístico de la región con sus playas sobre el Pacífico, volcanes, sitios arqueológicos, pueblos mágicos y grandes anfitriones

SAN SALVADOR.- Al término de una larga jornada entre volcanes y pueblitos quedados en el tiempo, la propuesta de conocer una planta geotérmica no suena necesariamente seductora. Pero el espíritu es aprovechar al máximo el tiempo en este país, el más pequeño de América Central, así que ahí vamos. Afortunadamente, porque más allá de las chimeneas, a pocos metros de la central de Ahuachapán espera un sorprendente predio con fumarolas y pozos de aguas termales.

En Estados Unidos, por ejemplo, un lugar así tendría pasarelas de madera, centro de interpretación, restaurante temático y gift shop donde adquirir piedras humeantes de plástico y camisetas con la leyenda Mi tío estuvo en Ahuachapán y lo único que me trajo fue e sto.

Pero en El Salvador, la infraestructura para un sitio así, de cierto potencial turístico, se resume a un alambrado y un techo de chapa en la entrada, donde una mujer cobra 50 centavos de dólar para ingresar. "Aumentó; la última vez que vine costaba 25", aclara Moisés, el guía.

En materia turística, casi todo está por hacerse en este país, que aún puede considerarse en período de posguerra tras el penoso conflicto interno que padeció entre 1980 y 1992, y que se cobró más de 75.000 vidas. El mismo Moisés, por ejemplo, es docente en una de las universidades de las que el año próximo egresarán las primeras camadas de licenciados en Turismo de El Salvador. El Ministerio de Turismo salvadoreño se creó en 2004, mediante el primer decreto firmado por el presidente, Elías Antonio Saca, entonces recién asumido. Y la primera ley de turismo, con asignación de recursos e incentivos fiscales para el sector, data del año siguiente. Apenas semanas atrás se presentó la primera marca país, El Salvador, impresionante! , con la que se comenzará a promocionar en el mundo.

El gobierno apuesta fuerte al turismo en este país, el único centroamericano sin costa sobre el Caribe, arrinconado sobre el Pacífico entre Guatemala y Honduras. Lo necesita. La población nacional es de menos de seis millones de habitantes, pero dos millones más de salvadoreños viven en el exterior, principalmente en Estados Unidos. Las remesas, el dinero que esos emigrantes envían más o menos periódicamente al país, constituyen una de las principales industrias . De por sí el dato no es muy auspicioso, pero ahora la crisis globalizada pinta un panorama aún más grave en tanto afectó rápida y certeramente las remesas. Así, la búsqueda de otros recursos, como los del turismo, se vuelve más urgente.

Sin embargo, la falta de infraestructura y la aún escasa visibilidad de otros turistas tiene una doble cara. Por un lado, quien decida conocer El Salvador quizá se encuentre con algunas (pocas) limitaciones tanto en servicios como en información. Por otro, no obstante, tendrá el cada vez más raro privilegio de acceder a lugares poco transitados, por no decir vírgenes; a pueblos naturalmente pintorescos, sin puestas en escena; a playas despojadas y a tesoros arqueológicos en pleno proceso de excavación.

En resumen, El Salvador no es el nuevo Cancún ni el próximo destino de moda para mieleros premium. Pero sí tiene mucho por descubrir, especialmente para los que gustan de por lo menos tres cosas: la arqueología, los volcanes y las playas tranquilas, además de las riquísimas pupusas (tortillas con ingredientes) que se comen en todos lados y a toda hora. En un país tan pequeño (21.000 kilómetros cuadrados, llamado el Pulgarcito de América o el país de los 30 minutos ), que las distancias son siempre cortas y resulta cómodo hacer base en San Salvador o en alguna playa para todo.



La ruta arqueológica

El Salvador podría considerarse el extremo sur de la ruta maya. Sólo en los alrededores de su capital se encuentran cuatro sitios arqueológicos de esta civilización, que alguna vez dominó también parte de los actuales territorios de México, Belice, Honduras y Guatemala.

A media hora de la capital, un comienzo recomendable es Joya de Cerén, llamado la Pompeya de América, ya que sus restos de viviendas mayas de barro, del siglo VII, se preservaron hasta hoy bajo tres metros de ceniza volcánica, cual vecina del Vesubio. En un miniparque temático se ve algo (y se imagina el resto) de una aldea maya, lo que ayuda a conocer cómo vivía la gente común de esta cultura, más allá de los grandes sitios ceremoniales que se visitan en otros lugares.

En sólo cinco minutos se va de Joya de Cerén a San Andrés, donde espera un conjunto de cuatro pirámides descubiertas, además de otras dos aún enterradas, y el más completo museo arqueológico ya que se trata del sitio más visitado en El Salvador. También cerca, Casablanca es un centro de teñido a base de añil (típico salvadoreño) que tiene otras dos pirámides no tan interesantes. Pero sí vale la pena continuar unos pocos kilómetros más hasta Tazumal, con su pirámide de 23 metros y una cancha de pelota.

En todos los casos son sitios poco concurridos y con entradas económicas, que además del interés arqueológico proveen una buena oportunidad de relajarse en el verde.

La ruta de los volcanes

Joya de Cerén es una prueba: la historia de El Salvador ha sido determinada por la actividad de los 200 volcanes que dominan su territorio. Hay volcanes (cinco) hasta en el escudo nacional. Y en las laderas de algunos, como el Quetzaltepeque (activo, pero en reposo), junto a la capital, viven poblaciones enteras, a pesar de que erupciones y terremotos han obligado tantas veces a partir y comenzar de nuevo.

Así que para conocer El Salvador hay que ir a ver sus volcanes. Lo más simple es visitar el mencionado Quetzaltepeque, a minutos del centro de San Salvador, con senderos y miradores como para empezar a tomarle el gusto al país. Pero lo mejor es hacer una excursión al llamado complejo de volcanes donde están alineados tres gigantes: el de Izalco, activo, uno de los más jóvenes del mundo y tan perfecto que parece prefabricado; el Cerro Verde, viejo y cubierto de vegetación, y el de Santa Ana, impresionante, con cuatro grandes cráteres. En ciertos momentos del año y con guías autorizados, estos volcanes se pueden escalar en pocas horas, con la recompensa de hacer cumbre y asomarse al interior de las bocas, con fumarolas o lagunas.

Uno de los lugares más lindos de este país es también un volcán, pero no parece. Aunque sea difícil notarlo, la increíble Laguna Verde, con algunos paradores donde comer y partir en paseos embarcados, es, en realidad, el interior de un cráter de medio kilómetro de diámetro.

Sol y playa

El único centroamericano sin Caribe cuenta, eso sí, con 300 kilómetros de playas de arenas en ocasiones negras, otra vez, por causa de los volcanes. Dos de ellas están consideradas entre las mejores del mundo para practicar surf: El Sunzal y La Paz.

Como en todos los otros casos y como ya quedó claro, el país es tan pequeño que ninguna playa queda muy lejos de San Salvador. La apuesta más segura y clásica es la Costa del Sol, desde donde se navega hacia el estero de Jaltepeque, con islas y playitas aún más exclusivas, no tanto por los precios, sino porque sencillamente carecen de turismo masivo.

Para los que prefieren la vida con todo incluido, en Salinitas, a 90 kilómetros de San Salvador, se encuentra un Decameron, el resort más grande del país o más bien el único en su tipo, con un área propia de 270.000 metros cuadrados, un kilómetro de playa (con una gran piscina de agua de mar), centro de convenciones, media docena de restaurantes, discoteca, teatro y más, favorito de los mieleros.

Por Daniel Flores
Enviado especial

Datos útiles

Cómo llegar

  • Copa tiene 17 frecuencias semanales entre Buenos Aires y Ciudad de Panamá, desde donde conecta a San Salvador. Las tarifas, ida y vuelta, van desde los 744 dólares, más impuestos.
    www.copaair.com

Dónde comer

En San Salvador hay que ir a:

  • Las Cofradías : buffet tradicional, multipremiado y muy económico (unos 10 dólares, tenedor libre). Calle el Mirador y 85 Avenida Norte, Colonia Escalón.
  • Kasamaya : la contracara moderna y a la carta (y más cara), con una buena terraza. Calle Poniente 4332 y El Mirador, Colonia Escalón
    www.kasamaya.net

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