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Mesas servidas para los más pobres

Unas 1200 personas que viven en la calle compartieron almuerzos de Navidad en cinco parroquias y dos hogares de ancianos

Viernes 26 de diciembre de 2008
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Rápidamente, luego de la misa de Navidad de 11.30 en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, en Barrio Norte, voluntarios de la Comunidad San Egidio dieron vuelta algunos bancos, pusieron caballetes y tablones, y los cubrieron con manteles rojos y verdes. Dos horas después, sentadas en torno a esas mesas, unas 320 personas comían, conversaban y hacían chistes. La mayoría eran hombres sin techo y familias necesitadas.

"En lugar de sacar las mesas a la calle se meten los pobres adentro", explicó el párroco de ese templo, padre Ricardo Larken, al referirse a la iniciativa organizada desde hace diez años por el movimiento San Egidio que ofreció ayer el almuerzo navideño a unas 1200 personas en Buenos Aires y a más de 100.000 en otras ciudades del mundo.

Sólo en la parroquia del Carmen, unos 80 voluntarios cocinaron y sirvieron a los invitados especiales. "Yo no tengo nada que ver con la Iglesia. Soy católica, pero no practicante. Vine porque esto se hace acá y me parece bárbaro que sea adentro; éstas no son paredes sin sentido", dijo a LA NACION Tati Perkins, de 26 años, conductora de programas de TV por cable. Rubia y esbelta, se movía entre las mesas. "No sabemos cómo lo pasaron estas personas durante el año. Es importante mirarlos y tener ojos para ellas", agregó.

San Pedro Telmo, en Humberto I y Defensa, fue una de las cinco parroquias que ofrecieron almuerzos
San Pedro Telmo, en Humberto I y Defensa, fue una de las cinco parroquias que ofrecieron almuerzos. Foto: Fernanda Corbani

"Estar acá es lo más. Confirmamos el afecto que ellos [los voluntarios de San Egidio] tienen por nosotros", explicó Walter Citzenmaer, otro de los hombres sin techo que festejó la Navidad en ese almuerzo y contó que los miembros de esa organización católica les llevan comida todos los jueves a la noche a la plaza Rodríguez Peña. "Son nuestros amigos", dijo.

"Le dije a él que viniera porque acá está todo pago", dijo José Luis García, señalando a Antonio Colella, su amigo desde hace 17 años, cuando se conocieron en la calle donde ambos viven. García y Colella compartían la mesa con otros hombres y aceptaron gustosos el micrófono que les ofreció una cantante para completar los versos de Alfonsina y el mar .

Los villancicos y el folklore acompañaron el almuerzo, cuyo menú fueron empanadas, fiambre con arroz y, de postre, ensalada de frutas, pan dulce y turrones.

Escenas similares se vivieron en las basílicas Nuestra Señora de la Merced, en el microcentro; Santa Rosa de Lima, en Balvanera; San Pedro, en La Boca; San Pedro González Telmo, en San Telmo, y San Antonio de Padua, en San Justo. Por primera vez, este año se sumaron a las comidas navideñas servidas en las iglesias dos asilos de ancianos, los hogares Don Guanella, de Tapiales, y La Posada, de Remedios de Escalada.

Comer juntos

En la mesa central de la parroquia del Carmen, ubicada justo debajo del altar, monseñor Oscar Ojea, obispo auxiliar de Buenos Aires, compartió la comida con miembros de San Egidio y hombres sin techo.

En diálogo con LA NACION, Ojea dijo: "En la mesa, somos todos iguales. El comer juntos nos hace más vulnerables porque reconocemos que no somos autosuficientes: dependemos de la naturaleza". El obispo destacó que estos gestos, que se hacen en el país desde 1998, ayudan a acercarse a personas que tienen una situación y una historia diferentes. "Es poner en práctica la superación de la diversidad para colaborar en la construcción de una ciudad más justa y solidaria."

Dardo Giral, de 64 años, compartió la mesa con el obispo y, al final, introdujo el brindis. Dijo: "En los voluntarios de San Egidio, hoy se hizo realidad lo que canta Fito Páez: «¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón»".

En el mundo

Los almuerzos navideños se realizan cada 25 de diciembre en 70 ciudades del mundo y alcanzan a más de 100.000 personas necesitadas o solas.

Son invitadas personas sin techo, familias pobres y enfermos. Muchos de ellos son acompañados durante todo el año por miembros de la organización católica Comunidad San Egidio, fundada por Andrea Riccardi.

Además de las iglesias, son también escenario de las comidas solidarias cárceles, hogares de ancianos y de discapacitados, y espacios de la propia comunidad, según la situación de cada país.

El primer gesto de este tipo se realizó en la basílica Santa María Trastévere, en 1982. Fue una comida con 20 comensales.

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