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Una sorpresa solidaria en la madrugada porteña

Más de cien voluntarios recorrieron la ciudad

Viernes 26 de diciembre de 2008

Más de cien voluntarios visitaron en Nochebuena a personas que viven en la calle y a quienes cumplían una función en soledad: serenos, policías, médicos de guardia, empleados de seguridad o de estaciones de servicio.

El cronista de LA NACION acompañó en la madrugada a dos muchachos y cuatro chicas que llevaban a cada uno un pan dulce, una estampa navideña y una medallita por el casi desolado microcentro de la ciudad.

Era un grupo más de los muchos que partieron pasadas las dos de la mañana de la basílica de San Nicolás de Bari, en Santa Fe 1352, hacia distintas zonas de la ciudad. Fue el noveno año que Una Navidad para Todos ( www.unanavidadparatodos.blogspot.com ), del Movimiento de Schoenstatt, tenía ese gesto.

"La respuesta de la gente es una maravilla", dijo una señora de la parroquia. En la mañana del día 24, recibieron allí 4000 panes dulces de la firma Terrabusi, pero la ayuda de donantes individuales fue incesante: sumó otros 3000 panes dulces más. La parroquia hizo llegar muchos a hospitales, a villas, a parroquias pobres.

Antes de salir, en la iglesia casi en penumbras, iluminada por velas, con el tenue rasguido de unas guitarras, todos rezaron ante el Santísimo Sacramento, colocado en una custodia junto a la imagen de Jesús en el pesebre.

Luego, el sótano de la iglesia era un hervidero de voluntarios. Había algunos muy jóvenes, como Sol, de 17 años, que termina el secundario, y Sofía, de 18, que comenzó medicina en la UBA, y otros no tanto, como Karina, psicopedagoga, de 35, y Alejandra, de 41 años, médica dermatóloga, que habían llegado desde Haedo, enteradas por la radio. Analía,de 29, distribuía las bolsas que llevarían los voluntarios.

El grupo al que acompañó el cronista, que caminó unas tres horas por calles casi desiertas, era heterogéneo. Giselle, guía de turismo, había venido de Villa Ortúzar; Sergio, de la Cruz Roja, de San Martín; su colaboradora Guadalupe, empleada de banco, con su hermana Jimena, de la plaza Vicente López, y Mariana, tripulante de un crucero, y su novio, Gastón, empleado de seguridad, de Belgrano.

Miguel estaba en un banco de la Plaza de Mayo; había pasado la noche solo y no había comido nada. Se alegró del saludo de Navidad y de probar el primer bocado. En otra punta había una mujer policía, y bajo la recova de la AFIP dormían varios hombres tirados en el suelo.

En la recova de la avenida Leandro N. Alem se guarecía un hombre que había perdido su empleo en 1994. Los empleados de una estación de servicio, varios serenos de edificios, que dudaron antes de abrir; el encargado de un puesto de diarios y una mujer anciana agradecieron los panes dulces entregados.

Al volver, se realizó una misa, pasadas las cinco de la mañana.

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