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Retrospectiva de un mundo entre la industria y el arte

Un repaso por los fenómenos editoriales de un año que tuvo casi 20.000 títulos publicados

Domingo 28 de diciembre de 2008
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Mirar en retrospectiva las listas de best sellers puede resultar agotador, pero en recompensa el ejercicio provee una radiografía del modo en que leemos y nos recuerda todo lo que cabe en ese objeto elástico que llamamos libro. De cualquier modo, ofrece un mapa parcial, ya que en el mundo editorial, en el que convergen industria y arte, no todo es cuestión de número: hay importantes autores y extraordinarios libros que nunca contarán con el favor de las mayorías. Además, el podio de los que conquistaron cantidad -lo que no excluye la calidad- es apenas la punta de un iceberg amplio y diverso: durante 2008 se publicaron en el país casi 20.000 títulos, sin contar las reimpresiones. Ante semejante oferta, pretender pasar revista a los libros y a los fenómenos editoriales que marcaron el año supone una tarea riesgosa.

Durante 2008 llegaron con nuevas obras muchos de los mejores narradores extranjeros. Entre otros, los norteamericanos Don DeLillo, que indagó en las consecuencias de los atentados a las Torres Gemelas, con El hombre del salto (Seix Barral), y Philip Roth, que se asomó al vacío de la muerte en Elegía (Mondadori). Con Acción de Gracias (Anagrama), Richard Ford cerró la trilogía que hizo de Frank Bascombe, su protagonista, un símbolo del americano medio. Entregaron también nuevas novelas los ingleses Martin Amis ( La casa de los encuentros) e Ian McEwan ( Chesil Beach ), ambas de Anagrama. Esa editorial lanzó también El infinito viajar , en cuyas crónicas el italiano Claudio Magris recorre pueblos y culturas con una mirada que integra el detalle cotidiano, la historia y la reflexión en una prosa incandescente. La cuentista canadiense Alice Munro llegó con La vista desde Castle Rock y Escapada , libros de relatos publicados por RBA. Y en medio de homenajes por sus 80 años, el mexicano Carlos Fuentes publicó La voluntad y la fortuna (Alfaguara).

Primero con los cuentos de Sauce ciego, mujer dormida , y en estos días con la novela After dark (Tusquets), el japonés Haruki Murakami parece ocupar el lugar que solía tener aquí Paul Auster: el del autor literario entretenido y moderno al que, además, hay que leer. Curioso es el caso del húngaro Sandor Marai, cuyos lectores fieles ubicaron La extraña (Salamandra), novela escrita en 1934 pero publicada este año, entre los más vendidos. Arriba tenía un peso pesado: El juego del ángel (Planeta), del español Carlos Ruiz Zafón. Otro best seller cantado fue el británico Ken Follet: Un mundo sin fin (Plaza & Janés) trepó hasta el tope de la lista y arrastró en la escalada a Los pilares de la Tierra , su primera parte, publicada hace casi veinte años. Y J. K. Rowling, claro, que con Harry Potter y las reliquias de la muerte (Salamandra) puso fin a la saga del pequeño mago.

Los best sellers mediáticos siguen siendo una apuesta segura. A Pettinato, Rolón y Peña se les sumó este año Sebastián Wainraich con los cuentos de Ser feliz me da vergüenza (Sudamericana) y, sobre todo, Ari Paluch, con Combustible espiritual (Planeta), en el que el periodista cuenta cómo una situación límite lo llevó a descubrir la espiritualidad. El libro encarna un subgénero de la autoayuda que encontró nombre propio: superación personal. Otro ejemplo de esta línea es Gente tóxica (Vergara), de Bernardo Stamateas. Ambos estuvieron en la cima de los más vendidos entre los de no ficción. Allí asomó, de a poco, pero con persistencia, Espejos. Una historia casi universal (Siglo XXI), en el que el uruguayo Eduardo Galeano rescata episodios del pasado para ofrecer una mirada crítica sobre el presente. También gozó de lectores George Soros ( El nuevo paradigma de los mercados financieros , Taurus), que supo advertir que el mundo se resquebrajaba, mientras muchos seguían encandilados por las luces de la fiesta.

Otro libro basado en la realidad que dejó huella es Operación Traviata (Sudamericana), de Ceferino Reato, sobre el irresuelto asesinato del líder sindical José Rucci. Su repercusión revitalizó la investigación periodística, un género que este año dio títulos, como Jefazo (Debate), de Martín Sivak, crónica de la gestión del presidente boliviano, Evo Morales; El buen salvaje (Sudamericana), en el que Diego Cabot y Francisco Olivera ponen el foco en el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y El hombre del camión (Sudamericana), de Emilia Delfino y Mariano Martín, una biografía del líder de la CGT, Hugo Moyano. Los artículos periodísticos que Fogwill reunió en Los libros de la guerra (Mansalva) merecen una categoría aparte.

En el terreno de la narrativa argentina fueron muy leídos Martín Caparrós ( A quien corresponda , Anagrama, un buceo en la militancia de los años 70), Tomás Eloy Martínez ( Purgatorio , Alfaguara, que indaga en el drama de los desaparecidos), Jorge Fernández Díaz ( La logia de Cádiz , Planeta, ficción histórica que le confiere un perfil inédito a San Martín) y Marcos Aguinis, que regresó a la novela con La Pasión según Carmela (Sudamericana). María Elena Walsh volvió con Fantasmas en el parque (Alfaguara) y también publicaron Claudia Piñeiro ( Tuya , Alfaguara) y César Aira ( Las aventuras de Barbaverde , Mondadori). La poesía tuvo una antología de Arnaldo Calveyra (Adriana Hidalgo), el Poema sucio del brasileño Ferreira Gullar (Corregidor) y Visión de los hijos del mal (Argonauta), la obra completa de Miguel Angel Bustos.

Este fue también el año de las editoriales chicas. Eterna Cadencia publicó el último libro de cuentos de Daniel Guebel, Los padres de Sherezade . Ediciones Winograd lanzó una selección de Anatomía de la melancolía , de Robert Burton, mientras que La Compañía editó un cuaderno de notas de Anton Chejov. La Bestia Equilátera publicó Mil tazas de té , ensayos de Luis Chitarroni, y Bajo la Luna se atrevió con Virilidad , de la estadounidense Cynthia Ozick.

Después de la recorrida sin dudas incompleta que propone esta nota, lo que queda claro es la amplitud de la oferta. Y algo de eso se refleja en las heterogéneas elecciones que en esta misma página salen a la caza de los tres mejores libros del año. Una diversidad de intereses, gustos y estéticas. Bienvenida sea.

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