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Revelación de un cuerpo en acción

Intérprete y creador, el joven cordobés se destacó este año en la escena de la danza independiente porteña

Martes 30 de diciembre de 2008
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Rakhal Herrero es cordobés, tiene 28 años, vive en Villa Crespo con su novia, Celia -también mediterránea, también bailarina- y, fundamentalmente, es dueño de una expresividad singular. Este intérprete y creador se destacó en 2008, sin duda, por su presencia diversa, intensa y conmovedora sobre los escenarios del circuito de la danza de Buenos Aires. Sólo en este año que mañana se termina estrenó su obra Pathos (en busca de la emoción perdida) ,en marzo; protagonizó la reposición de la encantadora Patiecito, Patiecito, que se vio en diferentes salas y festivales; desarrolló un gran trabajo de gestualidad en Uno en secreto ; fue de gira por el interior del país con una y otra piezas, y este mes integró un seleccionado reunido a las órdenes del coreógrafo Gustavo Lesgart en el Buenos Aires Danza Contemporánea. Así y todo, él levanta una sola ceja y, mirando de reojo el prendedor de Amélie que trae en su minibolso, dice que no fue para tanto.

Herrero llegó a Buenos Aires en 2007 ("estoy superagradecido y asombrado con las posibilidades que me dio esta ciudad"), vía Córdoba capital, aunque, en verdad, y por más que rehúse dejar salir su acento cerrado y agreste, es oriundo de Villa de las Rosas. De Traslasierra al centro de la provincia se mudó en 1999 para empezar a estudiar teatro, una licenciatura bastante ecléctica. "Yo veía danza y me fascinaba, pero me dedicaba al teatro", recuerda. Pero pronto encontró un taller coreógrafico de formación y, también, para crear aquella Snake versus Aquiles que ahora sueña con remozar y estrenar en 2009, si es que esta vez Prodanza le da el bendito y necesario sí, y le otorga un subsidio. "Está rebueno, porque al trabajar con superhéroes y mucho humor, la combinación es perfecta para hacer llegar la danza a un lugar más popular, sin la intención previa de hacerlo. En principio, Snake... se generó como una investigación de cine de acción, de cámaras lentas, y terminó en algo con mucho color y efecto. Ese trabajito lo hice grande y luego se truncó porque Celia [Argüello Rena], mi novia, que bailaba ahí, se vino a Buenos Aires".

Tras ella, y en busca, además, de maestros, de un circuito de pertenencia y de un lugar que le permitiera más despegue, también se vino él. "Ya me sentía un intérprete mixto -se define-. A la mitad de mi carrera, empecé a estudiar danza y a dejar un poco el teatro; entonces, se me equilibró la información en el cuerpo y en la cabeza, y empecé a pensar una forma de crear y de interpretar desde un lugar fusionado."

Por eso, cuando se trata de Rakhal Herrero uno se encuentra frente a un tipo que bucea en lo escénico, toma, se nutre de aquí y de allí, y saca de su caja de herramientas elementos de la plástica, lo musical. Como en Patiecito, patiecito , su primera oferta y apuesta en la gran ciudad, un proyecto al que -en honor a la verdad- le dio el sí por aquello de "más vale pájaro en mano..."y porque no sólo de publicidades vive el hombre (una perlita: su participación en la campaña gráfica de Class Life que coreografió para las fotos Carlos Casella). e_SDLq Patiecito tuvo un proceso de trabajo muy extraño, sin un objetivo muy claro, y fueron muy interesantes los materiales que íbamos tirando, en un clima de todo vale que al final permitió que la obra cerrara, se armara, y quedaran sólidas y articuladas las partes", rememora, y revela que esa historia de amor entre macetas y textos desopilantes se empezó a leer afuera, sin que los de adentro tuvieran la intención de relatarla. "Me llevé eso: que el artista puede intentar no acabar un mensaje, porque, de todos modos, estamos acostumbrados a querer agarrar un concepto."

Derroche de gustos

Sin embargo, hasta el momento, nada mejor que Pathos mostró de manera completa las posibilidades expresivas de este "nuevo" de la danza local. En esa obra, Rakhal deja salir a todos los Herrero: al bailarín, al actor, al coreógrafo, al director; tal vez al músico... "Un derroche de gustos", dice él sobre el trabajo que, en verdad, comenzó como tesis de su carrera sobre proyectos dramatúrgicos en teatro danza. Popurrí caótico de escenas móviles, en la pieza colaboraron Cristina Gómez Comini y Silvina Grinberg, y aportaron, además, su cuerpo en acción Celia Argüello Rena, Ulrico Eguizábal (futura revelación, que también fichó en el elenco vernáculo de The Show Must Go On , de Jérôme Bel) y Agustina Menéndez, la única porteña del cuarteto.

"Seguir produciendo sin esperar demasiado; permanecer creando; dedicarme a lo coreográfico o a lo escénico, o al movimiento (o como se pueda llamar lo que hacemos), aunque sea con proyectos económicos", expresa como anticipo del brindis de mañana, un Año Nuevo que comenzará con su viaje espiritual de dos meses por el sur de la India. "Me motiva la posibilidad de seguir creando, generando un arte que busca, que pregunta, que persigue diversas inquietudes."

Currículum

Comienzos. En 1999 empezó a estudiar la licenciatura en teatro en la Universidad de Córdoba. Desde entonces y hasta 2006, integró, además, el grupo La Piaf.

Mudanza. Vino a Buenos Aires en 2007, año de estreno de Patiecito, patiecito, dúo de danza teatro que protagonizó con Aymará Parola, y dirigido por Laura Aguerreberry, con varias reposiciones en 2008.

Más que una tesis. Presentó en Buenos Aires Pathos, que lo mostró como creador, director e intérprete.

2008, en pleno. También este año hizo Uno en secreto, con dirección de Ciro Zorzoli. La obra integró el programa de danza del Centro Cultural Rojas llamado 4x4x4x4, y contó con música original de Eduardo Checchi y violoncello de Pablo García en vivo.

En formación. Estudia danza con Carlos Casella y teatro con Zorzoli.

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