Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Destinos irrepetibles

Sábado 03 de enero de 2009
SEGUIR
LA NACION
0

El espejo africano Por Liliana Bodoc

SM/128 páginas/$ 22,60

Premio El Barco de Vapor 2008 en su séptima edición en la Argentina (este galardón ya cumplió 30 años en España), El espejo africano , de Liliana Bodoc no sólo reconfirma las virtudes literarias de la autora de la muy premiada y traducida trilogía La saga de los confines , esa reconstrucción de la Conquista de América por los españoles pero en clave fantástica, sino que permite apreciar a una creadora en la plena madurez de su dominio técnico y ampliamente ganadora del desafío que implica internarse en el género de la nouvelle juvenil (el texto está recomendado a partir de los 12 años).

Como en sus obras anteriores, Bodoc convoca aquí a un objeto mágico y con él inicia una larga historia que empieza en África en 1779 y termina en tierras americanas, más precisamente en la provincia argentina de Mendoza, a fines de 1822. A través de las vicisitudes que van experimentando sus distintos dueños, el espejo va de mano en mano cumpliendo una misión: unir a aquellos que sufren y luchan por su libertad que, como podrá comprobarse al final de la obra, es el bien supremo de los seres humanos, al que sólo se puede acceder con poner voluntad y un compromiso profundo.

A los lectores avezados les recordará Misteriosa Buenos Aires , el inolvidable libro de cuentos de Manuel Mujica Lainez, porque aquí también el pasaje entre África y América latina se produce con muchos pesares, crueldades y muertes, con el fondo de las luchas por la Independencia. Hay personajes históricos, como el general San Martín, mezclados con los puramente imaginarios, todos estos pequeños héroes que maduran rápidamente y encuentran en la imagen que les devuelve el espejo mágico su verdadero e irrepetible destino. De manera que Atima, la primera dueña, le dará el espejo de ébano a su hijita, Atima Imaoma, y el objeto cruzará el océano con ella para llegar a América, e ir y volver una vez más, hasta descansar por fin en las manos correctas.

El espejo africano lleva un epígrafe de Ricardo Reis (heterónimo del poeta portugués Fernando Pessoa), "Nada se sabe, todo se imagina. Somos cuentos contando cuentos, nada", y está dedicado a "Felipe y Martín, dos niños luminosos que, a veces, son artistas del color y de la forma. A veces, ángeles. A veces, monjes rubios de un templo chino". Aquí hay sin duda otra historia, privada y posiblemente tan bella como ésta que Bodoc presentó al concurso para el premio El Barco de Vapor, con el cual se busca promover el gusto por la lectura y propiciar la creación de obras literarias de calidad para el público infantil y juvenil. Evidentemente, y parafraseando la vieja frase inglesa, se trató de la obra correcta para el premio correcto. Este espejo africano tiene todo para satisfacer a su lector: personajes inolvidables; tanto suspenso que resulta casi imposible no leerlo de una sentada; una escritura tersa, que educa en el valor de lo bellamente escrito, y la exaltación de valores fundamentales para la vida, honestidad, coraje y amor por los otros.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas