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Consejos para enseñar a leer por placer

Lejos de la escuela, es útil respetar los gustos de los chicos, leerles en voz alta y usar historietas, el cine e Internet como estímulos

Sábado 03 de enero de 2009
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Los padres que fueron criados con las historias de Julio Verne y María Elena Walsh no entienden cómo sus hijos pueden preferir una pantalla a un libro a la hora de divertirse. Muchos chicos hoy perciben los libros como material escolar y el rol de los padres es construir la idea de una lectura placentera.

Leerles en voz alta desde la niñez, ayudar a los hijos a encontrar libros adaptados a sus intereses y no presionarlos a leer lo que no les gusta son algunos de los consejos dados por especialistas contactados por LA NACION. Durante las vacaciones, los chicos no tienen contacto con los libros escolares y es el período ideal para ayudarlos a desarrollar sus hábitos de lectura.

Inés Dussel, investigadora del área de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), explica que en los tiempos de Internet no es difícil convencer a un chico de que lea si se le ofrece algo interesante. "Uno lee todo el tiempo cuando circula por Internet; hay un desplazamiento desde el libro, como objeto físico que vinculaba a la lectura, hacia otras modalidades de lectura", explicó.

Leer en la playa, un hábito de adultos que los chicos pueden aprender
Leer en la playa, un hábito de adultos que los chicos pueden aprender. Foto: Mauro V. Rizzi

A la hora de buscar informaciones y diversión, muchas veces los chicos prefieren respuestas más rápidas, como la televisión, la PlayStation o Internet. El escritor Pablo De Santis habla del "carácter de urgencia y de las respuestas inmediatas" de esos medios en comparación con los libros "pacientes y que siempre pueden esperar".

Los padres pueden instituir la lectura como parte de la rutina de sus hijos desde que son pequeños. "Leer en voz alta todas las noches a sus niños es una de las acciones más importantes que un padre pueda realizar para ayudarlos a que se conviertan en lectores", aconseja Patricia Mejalelaty, directora de la Fundación Leer, una ONG que promueve el rol de la lectura y del acceso a los libros. Tener un momento dedicado a la lectura, por ejemplo antes de dormir, es un hábito que los chicos reproducen como lectores autónomos.

Otra época, otras lecturas

Cuando un padre regala libros a sus hijos, tiene que buscar material adecuado a los intereses y hobbies de los niños. Además, es necesario respetar sus preferencias, aunque no sean las mismas que las del padre.

"Que vayan a una librería o a una biblioteca junto con sus hijos y que les dejen recorrer las estanterías, que les den tiempo para elegir. ¡Que aceptan estas elecciones y que las respeten!", dijo Mejalelaty.

Muchos padres tratan de imponer a los hijos las lecturas que les gustaron en la infancia sin darse cuenta de las diferencias de intereses. "Entre padres e hijos se levanta ese muro de Berlín: la época", dijo de Santis.

Para desarrollar la autonomía del chico lector, es, además, importante dedicarles un lugar para sus libros, que tenga una biblioteca suya elaborada con sus gustos. El chico, al elegir un libro, se identificará siempre más con una edición adaptada a sus gustos, y los editores, conscientes de eso, publican nuevamente los clásicos. La editorial Andrés Bello reeditó La vuelta al mundo en 80 días y El mago de Oz, adaptados a los chicos.

El escritor Mempo Giardinelli habla de la "inolvidabilidad" de los libros que nos acompañan toda la vida, por lo que estimulan cuando se es niño. Sin embargo, cree que no hay que presionar a los niños a la lectura. "Que nadie diga: ?Hay que leer´", explicó el escritor.

"Cuanto menos insistentes nos pongamos en el asunto de obligarlos a la lectura, los chicos elegirán sus recorridos con más libertad", dijo Gustavo Bombini, ex coordinador del Plan de Lectura del Ministerio de Educación, al observar el fenómeno de millones de niños convertidos en lectores gracias a Harry Potter.

Saskia Rothschild

Claves

Aprovechar las vacaciones. Es un momento en el que la lectura se separa de la imagen escolar que tiene durante el año.

Buscar libros vinculados con los intereses de los chicos. Llevarlos a la librería y dejarlos elegir solos lo que les gusta. Nunca obligarlos a leer o a terminar un libro si no quieren.

Tener un lugar para los libros. Crear en la casa un espacio para que el chico tenga su biblioteca propia, según sus gustos.

Pensar que los tiempos cambian. Los libros que gustaron a los padres no son necesariamente los les que van a gustar a sus hijos.

Compartir la lectura. Desde pequeños, leerles antes de dormir en voz alta.

Tener aliados. Más que los consejos de los padres, las sugerencias de gente de edad cercana a la de los chicos (como hermanos mayores o primos) pueden ser persuasivas.

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