Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

El análisis

Pecar por exceso y por defecto

Política

La omisión del Poder Ejecutivo de reglamentar leyes tiene muchas explicaciones, pero una motivación subyacente: el presidente, cualquiera sea el turno político, siempre se cree el único dueño del poder político.

El procedimiento que prevé la Constitución para poner las leyes en funcionamiento es dictar decretos reglamentarios. Pero, con más frecuencia de lo deseable, el Poder Ejecutivo no lo hace o tan sólo las reglamenta parcialmente.

Las causas son muchas. A veces, la ley tiene el solo valor de un anuncio político y se espera que lentamente caiga en el olvido. Ocurre, también, que el gobierno no pueda hacer frente al costo presupuestario que insume crear una delegación pública en el interior, proveer ciertos subsidios o poner en marcha un anunciado plan de gobierno. Finalmente, en otros casos, la falta de reglamentación es el camino para burlar la ley.

Hay, es cierto, un camino indirecto para solucionar el problema. Si una ley o un tratado internacional reconocen un derecho -por ejemplo, el derecho a un subsidio a la asistencia sanitaria-, el habitante puede recurrir a la Justicia y reclamar que un fallo haga valer ese derecho. Pero mientras el habitante se ve obligado a encarar un largo juicio y perder dinero, el gobierno gana tiempo para no satisfacer el derecho en cuestión.

Pero puede ocurrir, directamente, que la ley no reconozca un derecho, sino que ponga en marcha un plan de gobierno complejo. En ese caso, sin la colaboración del Gobierno, la frustración será total.

Pero en un presidencialismo excesivo, el gobierno de turno recurre también con mucha frecuencia a otros tres tipos de medidas: el decreto delegado, mediante el cual el Poder Ejecutivo ejerce atribuciones que le entrega el Congreso; el decreto de necesidad y urgencia, y las decisiones administrativas que dicta la jefatura de Gabinete, a cargo de un hombre del presidente. Este tipo de medidas están previstas en la Constitución nacional, pero los gobiernos de turno siempre abusan de ella y exceden los límites constitucionales, sin que la Justicia haya podido poner límites efectivos.

En definitiva, en el presidencialismo, el gobierno muchas veces no hace lo que debe y, otras, hace lo que no debe y, además, en exceso. .

REDES SOCIALES
 

TEMAS DE HOYAumento de la naftaDeclaraciones juradasCristina KirchnerPartido por la pazElecciones 2015