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Ludueña: la herencia del viejo Hacha

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Su figura semeja a la de su padre, Luis, físico grueso, musculatura fibrosa, cabello negro. Sólo que en vez de los cuarenta y tantos años que acumula el popular Hacha, uno de sus herederos, el Hachita suma apenas 12, y casi todos gastados detrás de una pelota de fútbol.

En Córdoba hablar de Hacha es decir Luis Antonio Ludueña, aquel recordado volante derecho de Talleres, en sus épocas más gratas; un talentoso morocho de correr incesante. El diminutivo de su apodo corre para uno de sus hijos, Gonzalo Emanuel, a punto de ser adquirido por unos empresarios al club San Lorenzo cordobés, actual propietario de su pase, versión mediterránea y bien carenciada de la entidad del Bajo Flores.

En las últimas horas, Gonzalo acaparó la mayor atención del ambiente del fútbol en esta ciudad. Su padre lo explica: "Todo fue muy rápido. Un ex dirigente de San Lorenzo, de apellido Akalaff, me dijo que había unos empresarios interesados en comprar el 75 por ciento del pase de mi hijo. Ofrecen 14.000 dólares, a entregar al club el mayor porcentaje, y el resto a la familia. Además, le darían indumentaria deportiva, le pagarían el traslado y otros gastos derivados de su actividad escolar en la Escuela Nacional de Educación Técnica 66."

Lo excepcional del caso es la corta edad de Gonzalo, y su futuro todavía bien incierto, como para que una o un grupo de personas arriesguen dinero en sus piernas. El no se inmuta, sólo relata: "Mis ídolos son Maradona y Francescoli. Juego de nueve, aunque a veces me tiro un poco atrás para entrar más en contacto con la pelota."

El pibe se entrena junto con los chicos de la novena división en un campito al costado de la cancha principal, en donde demuestra que entre los suyos se destaca: la buena pegada, el toque preciso y el pique interesante. Estos son los atributos de Gonzalo que, según dice, le gusta el estudio, en particular la geografía.

El tema no es simple. Se trata de casi un niño, ni siquiera de un adolescente, cuyos 12 años nos remiten a casos como el de los hermanos Cambiasso, que mudaron mucho más que su domicilio cuando pasaron sin quemar etapas de Argentinos juniors a Real Madrid.

Pero en el caso del Hachita, su padre aclara: "El es tranquilo. También se sorprendió por la noticia, pero no se ha alterado. Estoy seguro que esto no lo hará cambiar porque, al margen de que es mi hijo, sé que es un buen chico y no se va a agrandar".

Si la transacción se produce, Gonzalo seguirá jugando en San Lorenzo hasta los 14 años. Después, quienes adquieran su pase deberán consensuar con su padre el nuevo destino futbolístico. En ese aspecto, su progenitor quiere manejar pautas firmes y bien claras: "Si esto se concreta, dentro de dos años habrá que resolver adonde va Gonzalo. Yo quiero tener la seguridad de que mi opinión tendrá peso a la hora de las decisiones. Imaginate: si yo no quise irme a España cuando jugaba en Talleres, qué puede pasar por la cabeza de un chico de doce o catorce años cuando por estos días hay tanto dinero en juego", remarca Luis.

El padre entrena a su hijo. El Hacha es el técnico y el Hachita su jugador. Los arcos improvisados con dos pares de remeras marcan las carencias. En la cancha oficial está otro Ludueña, el hijo mayor, Luis Sebastián y en la concentración de jugadores del interior de River Plate descansa, practica y juega Daniel Emmanuel, un cuarto Ludueña, que en realidad es el varón del medio, ya despegado hace un tiempo de la casa familiar por culpa de lo que alguna vez mostró su padre y lo que están mostrando sus hermanos.

Todos ellos presumen que, dentro de poco, al más chiquito del clan ya le enseñarán a volar. .

Por Enrique Vivanco
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