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Un gigante argentino que se hizo estrella

Era un desconocido antes de entrar en la compañía

Jueves 29 de enero de 2009
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Por Eduardo Febres Muñoz De la Redacción de LA NACION

¿En qué puede trabajar alguien que mide dos metros con ocho centímetros? El porteño Victorino Luján pensó que podía ser basquetbolista, actor de televisión o incluso cantante lírico. Lo que no se imaginó fue que terminaría trabajando en un circo.

Hoy Luján pasa el tiempo entre escenarios, viajes y ciudades desconocidas. Desde 2005, cuando viajó a Montreal para hacer el montaje de Corteo del Cirque du Soleil, ha viajado con el espectáculo a más de 20 ciudades de los Estados Unidos y Canadá. Estuvo dos semanas en Buenos Aires -adonde viene cada vez que tiene un tiempo libre- y luego partió a Japón, donde estará durante todo 2009.

Corteo es una seguidilla de recuerdos o sueños -esta duda nunca se disipa- del Payaso Muerto, quien inicia el espectáculo tirado en una cama. Luján interpreta al Payaso Gigante, cantante de ópera aficionado y mejor amigo del Payaso Muerto. Ellos dos, junto a cuatro personajes, llevan el drama central, que da lugar a las actuaciones de los 63 artistas participantes. Además de estar presente durante casi todo el show, Luján canta y actúa en varios gags.

Un trabajo inesperado

Antes de ser contratado por la compañía quebequense, Luján era casi completamente desconocido. Hizo papeles secundarios en televisión esporádicamente, y actuó en un par de obras en teatros pequeños, mientras se ganaba la vida como portero de un salón de fiestas y empleado administrativo del Hipódromo de Palermo. "Era un trabajo no muy continuo -recuerda Luján-. Se vivía a los saltos".

Y aunque recibió el llamado decisivo del Cirque du Soleil en 2005, desde 1998 le fascinaba la idea de trabajar en la célebre organización. El anhelo nació de una cadena de casualidades.

Todo comenzó un día de invierno, mientras esperaba el colectivo 168 en la avenida Cabildo. Se encontró con el actor Alfredo Allende, a quien había conocido en un estudio de FM Palermo, en sus días de radio.

"Me reconoció y se acercó a saludarme, y me contó que estaba haciendo una obra para niños en un teatro, a dos cuadras de ahí". Tras esperar 15 minutos al colectivo en el frío, resolvió ir al teatro. "No tenía nada importante que hacer ese día", recuerda.

Después de la función se acercaron los únicos dos adultos que había en el público, además de Luján. Eran scouts del Cirque, que en esos días estaban recorriendo teatros y buscando talento en Buenos Aires. Asombrados con su tamaño, pautaron con Victorino una audición para el día siguiente.

La audición más larga

El tímido Victorino -para quien cada movimiento, incluso una palabra, parece representar un gran esfuerzo- se vio durante dos horas frente a una cámara de video y la incisiva exigencia de los scouts . Tras diez minutos de oírlo cantar le pidieron improvisaciones, sin parar. "Posturas corporales, actitudes, imaginar que era un anciano de 93 años. ¡Y entre cada cosa que pedían pasaba brevísimo tiempo!", cuenta Luján.

Había sido duro, pero no era sino el primer filtro. Dos años después, fue convocado a una nueva audición del circo en Buenos Aires. Tras varias pruebas, uno de los scouts le dijo que ya habían visto lo que era capaz de hacer y que, llegado el momento, lo llamarían. Desde entonces, recibió continuamente folletines informativos sobre el circo en su buzón.

"Siempre ponían que tuviera en cuenta que estaba considerado como un posible artista del circo -recuerda Luján-. Algo que, la primera vez que lo leí me reconfortó. Pero a la tercera y cuarta, dije «sí, está bien, pero ¿para cuándo?»".

En 2004 lo volvieron a contactar para pedirle material nuevo. Lo envió sin demasiadas esperanzas, pero a fines de enero de 2005 llegó la oferta de trabajo prometida. El papel del Payaso Gigante -que, de hecho, se llama Victorino- parecía escrito para él. "Me dijeron: «Queremos saber si estás disponible para viajar a Montreal e incorporarte al nuevo show». Me quedé como petrificado, pero dije: «Bueno... sí». Y ahí me empezaron a explicar lo del tema de los contratos y todo."

Empleado del Ministerio de Defensa, asistente del entrenador de básquet de Argentinos Juniors, desocupado, portero y trabajador del hipódromo, Luján no consiguió vivir del arte -su anhelo desde muy joven- hasta sus 37 años. "No precisamente en un circo, pero siempre me gustó actuar y hacer espectáculos", aclara Luján, quien asegura que, más que un artista de circo, es un actor y cantante que hoy trabaja como clown.

Nacido en 1967, Victorino tuvo su primer acercamiento al mundo del espectáculo en 1988. A través de Raúl Portal inició su carrera haciendo "bolos" en ciclos televisivos. "Casi siempre me llamaban por mi estatura o para hacer alguna cosa de comicidad. Nada más", señala con resignación. Luján recuerda cuando apareció junto a Antonio Gasalla, como el proxeneta de un prostíbulo en la serie Poliladron; y junto a Guillermo Francella, como un monstruo maligno en Brigada cola.

Desde su primera incursión en televisión se despertó su inquietud por la escena, y empezó a formarse como actor con Marcelo de Bellis y como cantante lírico con Loreley López. Tampoco tuvo nunca papeles protagónicos en teatros grandes, pero cuando llegó el momento de las audiciones para el circo, se dio cuenta de que todas aquellas experiencias sirvieron. Tuvo sentido todo el tiempo y trabajo invertidos.

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