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La lectura también es cosa de niños

Pablo Medina, docente de 71 años, reflexiona sobre la infancia en la Argentina y los inicios de La Nube, la biblioteca infantil que dirige

Sábado 21 de febrero de 2009

Colores y más colores. Mesas que llegan a las rodillas de un adulto y sillas aún más bajas conforman una sala de lectura a la medida de los niños. Y libros, más de 70.000 libros en altos estantes rodean este ambiente atiborrado de historias de dragones, duendes, Caperucitas Rojas y fábulas.

Estas son las primeras impresiones de La Nube Infancia y Cultura, asociación civil sin fines de lucro que puede vanagloriarse de ser la mayor biblioteca y centro de documentación de la Argentina en temas relacionados con la infancia.

Pablo Medina, su presidente, se define como un futurista, mientras se sienta en una de las sillitas. Lo hace lentamente, porque a pesar de sus 71 años, se lastimó jugando al fútbol con su nieto.

"El argentino es hijo de la mezcla", afirma convencido de que lo más importante es proteger la producción local, y no esforzarse tanto por atrapar estilos extranjeros. A su vez se queja de la nula importancia que las universidades argentinas otorgan a la infancia y a los niños, dejándolos con menos posibilidades de construir un futuro florido.

La asociación se describe como "un espacio cultural para chicos y no tan chicos". Desarrollan numerosas y muy diversas actividades para niños de 3 años en adelante, y para adultos. Tienen una radio, el Club del Libro, un taller de escritura, una ludoteca (espacio para juegos) y una tienda con libros, juguetes y música; desarrollan varios tipos de espectáculos que incluyen teatro, títeres, música y magia.

Desde las mesitas se puede ver, entre otros, un muñeco de Pinocho y un caballito de madera que se asoman desde el segundo piso. Son parte de los más de 800 juguetes con los que cuentan para estimular la imaginación de sus visitantes.

-¿Cómo fue tu experiencia como docente rural?

-Empecé como maestro en el Chaco, en la zona de Charata, trabajando varios años con los tobas. Durante ese tiempo aprendí mucho del cacique Catar; después vine para Buenos Aires, donde conocí a mucha gente reconocida en el ambiente de la educación de la época.

-¿Y cómo nace este proyecto?

-Este proyecto nació en 1975, va a cumplir 34 años. Hasta 1979 estuvimos en la sede de Marcelo T. de Alvear. Después de la presión y toda la situación de esos años, en 1984 pasamos a ser un centro de documentación, porque queríamos que se concentrara toda la información de la cultura de la infancia: literatura, títeres, circo, revistas, juegos, juguetes, todo lo que representara la cultura infantil.

-¿La biblioteca está planteada exclusivamente para niños?

-No. Está pensada, además, para los que trabajan con niños. Porque pienso que sin la infancia no se puede construir el futuro. Y planteada especialmente para el Gobierno, porque los niños valen igual que los jóvenes. También es para los interesados en la investigación; en ese rubro tenemos un fluido intercambio con muchos organismos del mundo.

Y queremos convertirnos en el Centro Nacional de Documentación de Historia de la Infancia, para conseguir que el Estado piense en la infancia, y para que todo lo que se produzca en este país esté acá. De esa manera, podríamos contribuir a que todos los expertos puedan completar su formación, viendo cómo se hace en el resto del mundo. Así, La Nube no funcionaría sólo como memoria, sino como un punto de comparación para ver cómo se desarrolla la infancia en todo el mundo.

-¿Buscan revalorizar la infancia?

-Sí, queremos que se recupere la idea de que los únicos privilegiados son los niños. Yo soy un futurista, creo que podemos cambiar. Tenemos que dejar de llorar y patalear. Viví lo mismo que todos: un desaparecido, un muerto en Malvinas y me mataron a un hijo el año último. ¿Qué hago? La sociedad está así, hay que cambiarla. ¿Desde dónde? Hay que empezar con los niños. Sin los niños no se va a avanzar en América latina.

-Entonces, ¿cuál es el objetivo principal del proyecto?

-El objetivo fundamental es preservar la publicación, especialmente la local, de la cual tenemos material desde 1880 en adelante. Pero no sólo la preservación de libros, también de música, juguetes...

La Argentina es un país de sorpresas y hay que empezar a descubrirlo. La gente mira y busca afuera, teniendo tantas riquezas adentro; dicen que los argentinos no tenemos identidad, pero ésa es nuestra identidad: el argentino es hijo de la mezcla.

Entonces, a no descuidar lo nacional, pero sin dejar de ver lo que pasa en el resto del mundo.

-¿Y qué actividades desarrollan?

-Tenemos el Club del Libro, con entrada libre y gratuita, y la atención de varios bibliotecarios que ayudan. Otros programas son pagos, porque no tenemos subvención alguna. En 2008 17.000 niños participaron de nuestras visitas guiadas. Hacemos una introducción al libro y a la cultura.

Esos chicos vuelven y se hacen socios. Pueden sacar libros, igual con la ludoteca, que es lo mismo que la biblioteca, pero con juegos. Pasa lo mismo con los espectáculos de los sábados, con los títeres por ejemplo hay más de 35 niños, a veces vienen hasta 50.

Y tenemos un programa de radio para chicos, Una nube para la infancia en www.radioeter.com.ar , los jueves, a las 16.

-¿Cómo se hace para llegar a los chicos?

-Primero hay que convencer a los padres. Por lo general son padres que buscan lo mejor para sus hijos, pero ellos tienen que entender que lo mejor no implica lo más caro, que puede ser barato y estar a la vuelta de la esquina.

Se está hablando mucho de la lectura por placer, pero la lectura primero es un trabajo. Como el futbolista: juega por placer, pero para eso, primero tiene que entrenarse y comer bien. En la lectura es todavía más costoso, tenés que convencerlos de que es buena, positiva, productiva y que te ayuda, ¡y encima hay que concentrarse! Es más fácil construir un jugador de fútbol que un lector, porque para él los beneficios están más a la vista.

La lectura y el juego son fundamentales, el juego y el juguete les dan socialización a los niños, les enseñan sobre normas y leyes. Y desde ahí se relaciona con el amor: en la entrega al otro, en la pasión con la que doy y en la construcción desde el compromiso y desde la entrega. A través del amor se enseña. Está en la Biblia eso, el amor nunca muere...

Y para llegar a los chicos un poco más grandes tenemos los talleres de escritura, para los que están pasando ya los 11; leen policiales y libros de aventuras y ciencia ficción. Esos son los niños que empiezan a tener más continuidad con la lectura.

-¿Tienen actividades para los adultos?

-Para los adultos tenemos visitas temáticas, capacitación y charlas. A ellos hay que replantearles una política para la infancia. A pesar de la delincuencia y la violencia, se está a tiempo para políticas en favor de la inserción. Esta es una función de la política y de los padres, educar en función de esta necesidad. Si no, nada va a cambiar. Los niños son esenciales, son el futuro.

Y deja flotando está frase del cubano José Martí: "Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo. Y queremos que nos quieran y nos vean como cosa de su corazón".

Por Marcos Felsenstein De la Fundación LA NACION

Contactos

Asociación La Nube Infancia y Cultura: Jorge Newbery 3537, Capital; 4552-4080; www.lanube.org.ar

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