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Ah, los nudistas

Martes 24 de febrero de 2009 • 02:33
PARA LA NACION
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Este verano de 2009, que ya termina con la melancolía habitual, será recordado por el despegue del nudismo argentino.

En enero se inauguró la segunda playa nudista de nuestro país, la Querandí de Villa Gesell, que está haciendo sus primeros pasos. Distintos campos naturistas en las sierras de Córdoba (Agua Blanca y Yatán Rumi) han organizado desde maratones nudistas hasta exhibiciones de boxeo sin ropas para damas y caballeros. Varias quintas en Buenos Aires (Edén, Palos Verdes, la Quintita de Adrogué) y en Rosario (Ruca Chauke) recibieron a un creciente número de aspirantes, motivados por la publicidad del tema. Y, por supuesto, la exquisita Playa Escondida de Chapadmalal registró una concurrencia récord.

Vale la pena consignar que el nudismo, como casi todas las grandes ideas de los últimos siglos, es de origen alemán. Su creador fue el señor Rickard Ungewitter, que publicó "Die Nacktheit" (la Idea Desnuda) en 1906. El primer movimiento de orientación naturista, conocido con las siglas FKK (Freie Korp Kultur-Cultura del Cuerpo Desnudo) en toda Europa, es de origen alemán. Pero tuvo un desarrollo masivo en todos los países hoy conocidos como Primer Mundo: Francia, Suecia, Dinamarca, España, Suiza, Japón, Estados Unidos y Canadá. Entre los nudistas federados en América o Europa y los que practican el naturismo sin afiliarse a ninguna institución, podrían sumar unos 100 millones de personas.

La idea central consiste en que el ser humano encuentra su esencia y se acepta a sí mismo desnudo y en grupo, en contacto con la naturaleza y la mirada de los otros. El nudismo es una práctica social que fomenta el respeto por sí mismo, por los otros y por el reino natural. Dicen también que constituye un aporte a la Salud Pública, ya que en las comunidades nudistas no se registran violaciones, embarazos adolescentes ni abusos deshonestos. Aunque esto habrá quien lo discuta.

En el origen de la civilización occidental está el desnudo, como que en la Grecia Clásica se practicaban los diversos deportes en el gimnasio, palabra que viene de "gymnos", desnudo, ya que hombres y mujeres luchaban, corrían, saltaban o competían sin ropas. Y esto presuponía una sincera admiración del cuerpo al natural, con todo su desarrolo muscular armonizado por el deporte.

Cuando el naturismo se convierte en una forma de turismo, y nacen las playas especiales, divididas en "Clothing Optional" (vestimenta optativa) y "Nude Beach" (playa desnuda) el mundo lo ve como una forma de desenfreno o de impudicia, cuando no como un muestrario de chiflados. Con el tiempo, los nudistas son contemplados piadosamente como idealistas utópicos, despistados de la vida dura y cruda con mucho sexo de los años 60. En aquel tiempo, el dibujante Jerry Gordon, de la Revista Playboy, retrataba al Señor Nudista como un gordito rosado de sandalias, con anteojos y bigotes blancos, siempre educado y naif. La Señorita nudista lucía también sus sandalias franciscanas (cero sex-apeal), sus hombros pecosos, sus trenzas rubias, su cuerpo redondo y sin gracia. Digamos que los nudistas eran la imagen de lo asexuado, vistos por Playboy.

En nuestro país, la idea de Ungewitter se ha desarrollado con mucho esfuerzo. Las distintas dictaduras, todas de orientación confesional, y la mirada pseudo-pícara del hombre argentino (que en realidad se espanta al ver a una mujer desnuda, pues imagina erróneamente que ella le pide sexo) hicieron que el naturismo recorriera un camino pedregoso. En los dos últimos años, todo se precipitó, en parte con la formación de Apanna (Asociación Civil Legal de los Nudistas) la visita de Don Carlos Gil (presidente español de la Federación Nudista Internacional) y el destape generalizado. Hoy por hoy, estar socialmente desnudo es un juego de niños.

Para que el lector se ponga al día: en las playas nudistas argentinas hay un movimiento de repulsa por la invasión de "textiles". Es decir: los homosexuales, sabedores de que en estos sitios hay una mirada tolerante hacia lo sexual, se vuelcan en masa. Pero vestidos. Y además se prodigan caricias que los nudistas (siempre acompañados de sus hijos) preferirían menos explícitas. Y lo mismo pasa con las lesbianas. Los nudistas (y creo representarlos en este párrafo) no exigen nada en particular: sólo que concurran desnudos a una playa de esta modalidad, y si no les gusta que busquen cualquier otra. Por otra parte, ruegan (o exigen) que no haya escenas ardientes, como no las hay en Cariló o en la Bristol.

Así están las cosas. Con toda humildad, podemos afirmar que este verano nos permitió ubicarnos un poquito más cerca del temario civilizado. Modestamente.

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