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Apología de la comunicación

PARA LA NACION
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Sergio Sinay
Domingo 01 de marzo de 2009

Señor Sinay

Me inquieta un tema: conocidos y amigos me envían muchísimos mensajes de correo electrónico con contenidos de todo tipo. Yo valoro a todos y los abro como señal de respeto, aunque en más de una oportunidad me los manden repetidos. Pero cuando les escribo a algunas de esas personas contándoles o preguntándoles algo, no me responden, por lo que entiendo que ni siquiera los han abierto. Las veces en que lo he planteado, me dicen que no les llegó, o que no tuvieron tiempo de leerlo, u otra excusa similar ¿Cómo se llama esta manía de enviar y enviar sin leer lo que otros hacen llegar?

Teresita de Arijòn (Colón, Entre Ríos)

Quien más mensajes de correo electrónico o de texto envía y recibe, ¿está más comunicado? ¿Lo está quien más "amigos" recluta en su página de alguna red social? ¿Tiene una comunicación más rica la persona que mayor cantidad de "contactos" acumula en el messenger o la que durante más horas adhiere el celular a su oreja?

El explosivo desarrollo y la incontinente divulgación que la tecnología de conexión ha tenido en el inicio del siglo veintiuno conducen a una extendida confusión. La de creer que estar conectado equivale a estar comunicado. Pese a todo, este fenómeno ratifica la esencial necesidad humana de comunicación con el semejante. Alcanzar a otro ser humano o ser alcanzado por él (como en la maravillosa imagen de Miguel Angel en la que la mano del hombre y la de su Creador están a milímetros de su trascendente encuentro) es necesidad y condición básica de nuestra existencia. Es el fundamento de la alteridad, un concepto que fue introducido por el filósofo lituano Emmanuel Lévinas (1906-1995), una de las mentes más lúcidas del siglo pasado, quien decía que el impulso de buscar al otro aun en las experiencias sociales más triviales es, para nuestra vida, "el movimiento fundamental, la pura transportación, la orientación absoluta, el sentido". Ese concepto alcanzó una de sus concepciones más profundas, sensibles y poéticas en el pensamiento y los escritos del filósofo y teólogo israelí de origen vienés Martín Buber (1878-1965). En Yo y Tú -obra en mi opinión sublime-, Buber considera esos dos pronombres como una sola palabra, "la palabra primordial", que sólo puede expresarse "con la totalidad del ser".

De eso se trata la comunicación humana: del encuentro con el otro. Y ese encuentro, desde mi punto de vista y mi experiencia, sólo puede ser tal cuando se asienta en la mirada (no en la vista, que es fisiológica), en la escucha (no en el oído), en la presencia (una presencia real, que permite experiencias comunes), en la confrontación de las texturas, de las temperaturas, en la rica comunión de los silencios...En la tecnología de conexión, el silencio, ya sea de texto o de sonido, equivale a la inexistencia, al fin del contacto, a la muerte virtual, mientras que en la comunicación humana el silencio es muchas veces el comienzo de todo.

Finalmente, la comunicación produce una temperatura emocional llamada empatía, que alcanza su cumbre cuando el otro está ahí, cuando su mirada me da vida y yo se la doy con mi escucha y ambos la compartimos con nuestras voces encarnadas (no con simples ondas sonoras). Dice Buber: "Puedo abstraer (de la persona a quien digo Tú) el color de sus cabellos, o el color de sus frases, o el matiz de su bondad. Pero cada vez que lo hago deja de ser Tú". Y, me atrevo a agregar, dejo de ser Yo.

El uso abusivo que se está haciendo de las tecnologías de conexión (más allá de la euforia de sus gurúes) anula el Yo-Tú. Una amistad se construye con tiempo, presencia, escucha, palabras y manos en los hombros. Al igual que un amor, o el vínculo con un hijo. Por cierto, hay distancias inevitables que estas tecnologías ayudan a paliar, así como prestan otros útiles servicios si funcionan como una herramienta que sirve al ser humano, y no al revés.

Diez mil contactos en Internet alientan a evitar el apasionante riesgo (y la emoción, el misterio y la trascendencia) de encontrarse con un otro real (no con "perfil virtual"). Un contacto Yo-Tú lleva tiempo, compromiso y responsabilidad. O se saca tiempo de la conexión virtual, o es ésta la que lo quita de nuestra vida. O nos conectamos o nos comunicamos. La mera conexión nos puede dejar sin el otro real, anémicos de alteridad y de encuentro. Conectados al vacío. Como aquellos cuya actitud inquieta a nuestra amiga Teresita.

sergiosinay@gmail.com

El autor responde cada domingo en esta página inquietudes y reflexiones sobre cuestiones relacionadas con nuestra manera de vivir, de vincularnos y de afrontar hoy los temas existenciales. Se solicita no exceder los 1000 caracteres.

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