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Niños trans

Domingo 01 de marzo de 2009
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PARA LA NACION

¿Qué haría usted si su hijo varón dice que quiere ser mujer? Hasta hace poco, frente a una situación así, la mayoría de los padres buscaba ayuda psicológica para intentar revertir algo que, a sus ojos, andaba mal. Pero ahora, en países como Estados Unidos, Canadá y Noruega, eso está cambiando: apoyados por médicos y psicólogos, muchos padres de "niños transgenéricos" dicen que no hay nada malo en que varones de cuatro años vayan al colegio vestidos con falditas rosadas y nenas de la misma edad, con el pelo corto y gorras de béisbol.

El caso de pequeñines que nacen con un sexo, pero desde chicos se sienten de otro, no es tan raro como parece. Si uno le pregunta a cualquier maestra jardinera seguro recordará algún alumno que llegaba al colegio con mochila de Barbie y que, al dibujar a su familia, se retrataba vestido de mujer.

"Dios te hizo hombre por alguna razón", le dijo una madre a su hijo después de verlo disfrazarse reiteradamente con tacos, collares, cartera y una toalla en la cabeza. "Dios se equivocó", contestó el niño. Tenía seis años recién cumplidos. Esto lo contó la madre en mayo de 2008 en Filadelfia, EE.UU., durante la Trans-Health Conference , un encuentro de padres de niños trans y psicólogos especialistas en la materia.

Algunos médicos en Estados Unidos han empezado a tratar a chicos así con drogas que bloquean la pubertad. La idea es dejar que, al aproximarse la adolescencia, a las niñas no se les desarrollen los pechos y que a los varones no les cambie la voz ni les salgan pelos enrulados en el cuerpo. Después, cuando sean adultos, podrán hacerse más fácilmente una operación de cambio de sexo.

Más allá del rechazo que pueda causar la idea, tal vez la pregunta fundamental tenga que ver con quiénes somos y cuál es el origen de nuestra orientación sexual. ¿Somos nuestras vivencias, somos nuestros cerebros, somos nuestros afectos? ¿Es cierto, como argumentaban las feministas, que el género es una construcción social? ¿Qué ingrediente pesa más en la formación de la identidad?

Cabe preguntarnos si el horror inicial que sentimos cuando nos enteramos de esto no se basa en un prejuicio. Basta buscar transgender children en Internet para encontrar cientos de entradas que narran el rechazo que muchos de estos niños sufrieron desde chicos por parte de su familia. La mayoría llega a la adultez odiando sus cuerpos y con largas historias de depresión.

Una de las madres que asistió al encuentro en Filadelfia afirmó que la tristeza de su hijo se había curado "al dejarlo usar una faldita". ¿Será así?, ¿tan fácil? ¿Cómo estar seguros de que un niño varón es mujer y no, simplemente, gay? ¿Qué grado de seguridad hay que tener para tomar una decisión que puede alterar tan radicalmente la vida de un hijo?

Para los padres de niños trans , el gran problema es que tienen que tomar decisiones trascendentes por sus hijos cuando ellos todavía son muy pequeños para hacerlo. Todo lo que decidan podrá cambiar su vida para siempre. ¿Cómo estar seguros de que dejarlos ser felices ahora garantizará su felicidad futura? Y al revés: ¿cómo estar seguros de que el camino que conduce a mayor salud mental y alegría es evitar cada día, cada hora, que los niños se vistan y actúen como quieren?

Tal vez en esto, como en tantos otros temas que rozan la intimidad de nuestros semejantes, sólo las personas afectadas, sus familias y algunos expertos tengan verdadero derecho a opinar. Los demás, aquellos que nunca hemos experimentado algo similar, lo mejor que podemos hacer es mantener un silencio respetuoso ante aquello que, por desconocido, escapa de nuestra comprensión.

revista@lanacion.com.ar

La autora es escritora

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