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Ojo por ojo: "Si Ruggeri no viene, Humberto Grondona tampoco"

Maradona no digiere que no pueda tener al ex defensor a su lado, por eso elevó la apuesta y avivó las diferencias con el presidente de la AFA

Miércoles 25 de febrero de 2009
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La historia de enredos continúa. La llegada de Diego Maradona al seleccionado escenificó una cadena de reconciliaciones entre personajes que poco antes se habían descalificado sin misericordia, con acusaciones que hasta apuntaban a la inmoralidad. Frases hirientes que acorralaban a Maradona, Julio Grondona y Carlos Bilardo. Ahora, cuando la integración definitiva del cuerpo técnico persiste como un punto conflictivo, y más allá de las sólidas victorias ante Escocia y Francia, el ciclo de Maradona se reserva una latente sensación de inestabilidad. El entrenador no va a pegar un portazo, por ahora, porque finalmente ocupa el lugar que tanto reclamó. Pero, a la vez, no está dispuesto a disimular ninguno de sus enojos. Especialmente con Grondona. Acostumbrado a sacudir desde su explosiva dialéctica, la conducta de Maradona vuelve a alejarse de la discreción. Ya se había advertido que convenía observar con precaución el supuesto romance entre el Diez y el presidente de la AFA?

Sin atender el deseo popular ni consultar al comité ejecutivo de la AFA, el elegido fue Maradona tras la renuncia de Alfio Basile. Una imposición de Grondona, aunque el proyecto y la dirección de la idea fue de sus hijos, Julito, y especialmente, Humberto. Se habló de una conducción colegiada y por eso apareció Bilardo como secretario técnico. Y, aunque siempre se invocó la mística del 86 como pieza fundacional, comenzaron los delirios de veleidades para conformar el cuerpo técnico. Celos de cartel y deslealtades armaron varias parodias. Bilardo puso a Lemme; Maradona, a Signorini y Mancuso, e insistió mil veces en torcerle la muñeca a Grondona para incorporar a Oscar Ruggeri. Desde el 4 de noviembre, fecha de la presentación oficial, Maradona gradualmente se tuvo que ir convenciendo de que el ex defensor no iba a llegar. En cambio Grondona sí dispuso una incorporación: colocó un veedor , Humberto, que aterrizó como subdirector de selecciones nacionales. El N° 2 de Bilardo.

El mes pasado, tras regresar de la gira por Europa que precedió la confección de la lista de futbolistas que actuarían ante Francia, Maradona pareció claudicar. Ya no consideraba indispensable tener a su lado a Ruggeri. "Si no puedo tenerlo, seguiremos con Mancuso y Lemme" , decía. Pero a estas alturas ya se trata de una cuestión de poder y control. Un campo en el que ninguno de los protagonistas se caracteriza por disponer de un espíritu armonizador. "Si Ruggeri no viene, Humberto Grondona tampoco va a poder estar", disparó ayer Diego en el programa De Una , por Radio Del Plata. Y amplió: "Nosotros hicimos una reunión en la que a todos nos quedó claro que si Ruggeri no venía, tampoco Humbertito. Eso fue muy claro. Todavía no me llevo con Humberto porque no lo conozco y no tuve mucho trato. Nosotros nos manejamos muy bien con Bilardo, con quien está todo más que bien". Y derivó la cuestión hacia el DT en México 86: "Este tema lo tiene que resolver Bilardo".

La mirada de Maradona, entre molesta y desconfiada, con los Grondona, padre e hijo, como destinatarios
La mirada de Maradona, entre molesta y desconfiada, con los Grondona, padre e hijo, como destinatarios.

La verborragia de Maradona es peligrosa. Pero encierra lógica que reaccione cuando le recortan la autoridad. Cualquiera de sus antecesores en el cargo le podría decir: "Bienvenido al mundo de la selección, donde las intromisiones de Grondona son habituales" . Para confirmarlo, ahí están las desgastadas salidas de Bielsa y Pekerman. Grondona ha respaldado el desarrollo de la selección hasta transformarla en la mejor obra de su gestión. Pero desde hace algunos años se permite atropellos desaconsejables. La relación Grondona-Maradona atravesó tantos vaivenes que se puede esperar cualquier sorpresa. El 12 de noviembre pasado, sólo ocho días después del comienzo oficial del ciclo, Maradona explotó y merodeó la idea de una renuncia. ¿El desencadenante? Ruggeri, ya que el dirigente advertía que siempre rechazaría su contratación. Más de tres meses después, el tema no tiene conciliación. Por entonces ya se advertía que la convivencia se sometería a un constante tembladeral en medio de personalidades contradictorias y contestatarias. Sobran antecedentes de desencuentros como para desconfiar. A veces, Maradona y Grondona desfilan por el mismo abismo.

"Un emblema que haya vivido momentos límite" Cuando a finales del año pasado comenzaba a mencionarse el posible desembarco de Humberto Grondona en la selección argentina, Diego Maradona ya avisaba sus reparos. "Quiero al lado a alguien que haya transpirado y vivido momentos límite", advertía el entrenador. En defensa de su pedido por Ruggeri, el DT siempre distinguió el simbolismo del Cabezón; "a Ruggeri lo quiero como emblema", enfatizó Maradona.

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