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Reutemann, como nunca habló

LA NACION revista

Hay pocas fotos en la oficina del Senado. Algunos libros de automovilismo, uno sobre Arturo Frondizi, y Romance de un adiós enamorado: 63 poesías de amor , de Jorge Wexler.

Me encontré con una persona diferente de la que esperaba. Carlos Alberto Reutemann es menos tenso, menos frío de lo que parece. Educado al máximo. Se prestó a posar para el fotógrafo durante más de media hora; dejó que Daniel Pessah hiciera su trabajo. Hicimos la nota tomando agua mineral sin gas, y sin interrupciones -excepto una, para avisar que Pichetto (Miguel) lo esperaba para cuando terminara la nota). No atendió su celular, que sonó un par de veces, y en algún momento necesitó lápiz y papel para explicar mejor lo que quería decir. Contestó todas las preguntas.

Carlos Reutemann posee una voz muy cálida y, en el diálogo personal, es seductor. Se lo ve bien tras la operación a la que se sometió en febrero, justo después de haber abandonado las filas del kirchnerismo, en la que le colocaron un stent. Su rasgo supuestamente calculador, frío, pensante, se nota en que no permite en el transcurso de todo el reportaje, que su discurso sea interrumpido con otra pregunta. No deja de hablar de lo que quiere hablar, y de lo que quiere que se sepa. No pierde jamás su objetivo. Sabe perfectamente cómo llegar a cualquier bandera a cuadros.

A diferencia del Reutemann de su juventud, que tan poco hablaba, este Reutemann no sólo es categórico: su hablar tiene aplomo y un altísimo grado de autoconfianza. Quiere decirlo todo, quiere un espacio donde por fin pueda decir con todas las letras todo lo que quiere, como para cerrar alguna vez su pulseada con la prensa.

-Cuando un corredor de Fórmula 1 anda a 374 kilómetros por hora, un mínimo error le cuesta la vida...

-Un mínimo pestañeo.

-En cambio, los errores de los políticos los paga la gente. Esta es la gran diferencia que veo entre la carrera de un piloto profesional y la de un político profesional. Los políticos no pagan con la vida sus errores.

-[Lo piensa con cuidado] No comparto. Porque al político que comete un error, la sociedad lo condena. Sobre todo si el error es por corrupción y por defraudar la confianza. Tiene una condena de tipo social que es peor que la muerte. Estar muerto en vida es peor.

-Cuando en Perú se fue Alan García, parecía que no iba a poder volver nunca más. Y en la Argentina hay muchos personajes que huyeron en desorden, y vuelven a aparecer.

-El ejemplo de Alan García puede romper un poco mis afirmaciones, o lo que yo siento. Puede parecer contradictorio: a veces, también, en política la gente es cambiante, sobre todo en los países latinoamericanos. Me parece que la condena a la que me refiero es más fuerte en los países más desarrollados. El caso de Helmut Kohl es uno de ellos.

-El éxito de un piloto es llegar primero. ¿Cuál es el éxito de un político?

-[Contesta rápido, sin dudar] El éxito de un político es cumplir con aquello para lo cual se ha comprometido. Esto, en todas las escalas: desde un concejal hasta el tope. Cumplir con lo que dijo, con su gente; no defraudarla.

-En la sociedad sajona todo lo que dicen de usted -que es cerebral, calculador- sería una virtud. Acá, en la Argentina, es visto como un defecto. ¿Por qué será?

-La Argentina es un país donde, evidentemente, tiene éxito el que es más "vivo", más rápido; el que llega a una posición económica y social alta lo más rápido posible. Si a los veinticinco años tenés tu jet, tu auto, tu casa en Punta del Este, y nadie sabe cómo, sos un fenómeno. Si tenés alguna de las características que vos señalaste, sos un estúpido.

-Me pregunto si usted es consciente de su pensamiento estratégico.

-No no soy ni genio, ni estratega, ni estadista. No tengo las condiciones de Bill Clinton ni de Helmut Kohl ni de Gianni Agnelli, por mencionar personas que yo he admirado. Pero tengo que decirte esto: yo fui a una escuela primaria a caballo durante cinco años. Hacía doce kilómetros para ir y volver a mi casa. Vivía en medio del campo. Me banqué seis años internado con los jesuitas. Mi ambición era correr en la Fórmula Uno, y llegué a hacerlo. Me metí en los mejores equipos; gané muchas carreras -pese a que los argentinos dicen que yo siempre llegué segundo-, y salí con vida [lo dice con mucho énfasis] del negocio. Estoy contento. No traje el campeonato del mundo, pero la sensación que tuve en ese momento fue, porque soy muy creyente, que Dios me decía: "Hasta acá llegaste. Esto no te lo dejo porque sería demasiado". Y bueno, así fue.

-Cuando llegó a gobernador, ¿sintió que Dios le decía algo?

-Fue diferente. Pero es cierto que hay mucha semejanza entre ciertos aspectos de la Fórmula Uno y la política: la competencia, la lucha por llegar, por mantenerte. Si en la Fórmula Uno te pueden serruchar el piso, te lo serruchan; en la política es igual.

-Cuando iba a caballo a la escuela, ¿ya pensaba en ser piloto?

-De cuando yo iba en caballo a la escuela una de las cosas que siempre recuerdo son las tormentas, que nos agarraban a veces a mitad de camino, y los rayos. El rayo es mortal. Siempre nos había dicho la gente de campo que el rayo cae en la parte más alta, que busca el árbol más alto, por ejemplo el ombú. Cuando había tormenta [se ríe recordándolo] tratábamos de andar por la parte más baja, en las zanjas. Yo, en el campo, aprendí a manejar a los seis años. No fue en una playstation ni en un nintendo . Aparecí [notable el verbo que usa) manejando un Ford A modelo 29. No era un Audi, que tiene los cambios en el volante.

-Esto confirma la idea de que usted planifica su vida y logra lo que se propone.

-Siempre tuve la idea fija de las carreras.

-Ahora, volviendo a la política, usted apareció en el marco de una estrategia de Carlos Menem que incluyó a Palito Ortega, Daniel Scioli...

-[Interrumpe tajante] No lleguemos hasta ahí. Lo de Menem es posterior, y el hecho es cómo se produce mi ingreso en la política de la provincia de Santa Fe.

-¿Por qué ingresó en el peronismo?

-Cuando yo entro al justicialismo de Santa Fe lo hago como un independiente. Mi padre tenía afinidad con Frondizi. En mi casa se hablaba de desarrollismo. Incluso yo lo conocía a Frondizi. Antes de ser candidato a gobernador, y antes de tomar la decisión de presentarme, lo fui a ver a don Arturo Frondizi a la calle Beruti, donde él vivía, y hablamos de política. Me dijo: "¿Y por qué no?"

-¿Pero de quién fue la idea?

-Algunos le adjudican la idea a Duhalde, otros a Menem. No lo sé; sinceramente, no lo sé. Al tiempo me llama Julio Mera Figueroa, que era el ministro del Interior de la época. "Hay una cosa que a vos te puede interesar: ser candidato a gobernador", me dijo. Yo le dije que para tomar esa decisión iba a hacer una recorrida por la provincia de Santa Fe. Obviamente, tenía la ventaja de tener un índice de conocimiento altísimo. Este es un capital en la política. El tema clave de lo público es que se te va la vida privada. Pero tiene la ventaja del capital que requieren todos los políticos: que la gente te conozca.

-Entonces, la idea le gustó.

-En ese entonces, no. Hicimos todo este recorrido, visitamos los diecinueve departamentos de la provincia, las trescientas sesenta y cinco localidades. Lo que yo le preguntaba a la gente era si yo podía representarla. Y me decían: "¿Por qué no?"

-Usted pone en boca de todos, de Frondizi para abajo, su propia pregunta: ¿por qué no?

-La gente me decía que no quería corrupción, que quería decencia, ir a un dispensario y que haya aspirinas, que haya clases. Yo tuve una educación brillante. Ahí decidí hacer la prueba.

-Ahí ya tenía clara la respuesta al "por qué no".

-No, no. Pará. De esto que estamos hablando a ganar, hay una enorme diferencia. Estamos hablando de la previa. Ahora bien, en las setenta y dos horas previas a la elección, en las que ya veía que ganaba, empezó el problema. Hasta ahí, todo venía tachín, tachín [sic]. Pero de pronto alguien me dijo: "Mirá que vos, dentro de setenta y dos horas, vas a ser el gobernador".

-Ahí Dios le dio el okey .

-[Se ríe, con encanto] Cuando se dio el resultado, me juré a mí mismo cumplir con aquello que me habían dicho los santafecinos. Fue un impacto. Me parecía irreal.

-¿Qué cosas de la política lo enojan?

-[Lo piensa con cuidado.] Lo que más me enoja de la política es la traición, el desagradecimiento y la agresión personal.

-Es su enojo con Hermes Binner.

-De manera irreconciliable, te diría. Adjudicarme las muertes y la inundación es de una "mala leche" descomunal. Es de un tipo de mala entraña.

-Las críticas dicen que la inundación lo tomó desprevenido.

-La provincia tiene ochocientos kilómetros de largo, ciento treinta y ocho mil kilómetros cuadrados. Cada lugar de Santa Fe tiene su problema hídrico, y su secretario hídrico. Por otro lado, la inundación de Santa Fe se produce por un fenómeno de excesivas lluvias en ciertas zonas. Ya se nos habían inundado como cincuenta pueblos. Pero hay un fenómeno técnico de una magnitud no prevista por nadie. El Instituto Nacional del Agua dijo entonces que la inundación que se preveía para ese momento iba a ser similar a la de 1973, donde en determinado punto la altura del río iba a llegar a 7,13 o 7,15 metros, y la velocidad del agua iba a ser de 2400 m/seg. Esto es lo que decía el informe. Todo el mundo lo vio. Pero en lugar de ser de 7,13, fue de 7,86. Y la velocidad del agua fue de 4100 m/seg.

-¿Esto le quita responsabilidad?

-Si hay un tipo que ha laburado en Santa Fe en las cuestiones de emergencias, soy yo.

-Reutemann, ¿podría ser más sintético?

-Pero te lo tengo que contar porque es la verdad. El eje central del tema de la inundación tiene dos tramos. El primero es hasta el momento de la inundación, y el otro es el momento político posterior. En medio del agua, fue todo solidaridad, ayuda, hombro con hombro, mano a mano, pim, pum, pam [sic]; la peleamos todos; hubo muertos, y todo lo que ya se sabe. Pero después empieza la batalla política de destrucción.

-¿Y?, ¿se logró?

-Después de las inundaciones tuvimos elecciones, en 2003. Ganamos, y en las zonas más inundadas fue donde más votos sacamos. Pero en una reunión entre gente de mucho peso en la provincia se dice: "Si este tipo nos gana una elección con el agua hasta el cuello, hay que destruirlo". Así, empieza una campaña mortífera de difamación. ¡Mortífera! ¿Está claro?

-¿Su imagen está por encima de los "aparatos"?

-Todos los cargos que yo he tenido me los gané por decisión popular, por voto popular. No hubo dedo. Fui a las urnas. [Se pone sumamente categórico ahora] Dos veces gobernador, dos veces senador. Y después de la inundación, en medio del quilombo, saqué alrededor de novecientos mil votos.

-¿Quién es su enemigo?

-Sigamos con mi idea: viene una época terrible, en la cual el socialismo tiene una gran responsabilidad, porque Binner, cuando era intendente de Rosario, y muchos de ellos fueron los grandes mentores de De la Rúa, Chacho Alvarez y Fernández Meijide. Tienen una gran responsabilidad que ahora se la sacan de encima con una facilidad espectacular. Ponen cara de ángeles y dicen: "No sabemos quiénes son". La decepción que vivió la Argentina respecto de todo ese "operativo esperanza" que le había brindado la Alianza nosotros la percibimos. Fue una Argentina a la que se le dijo que la iban a llevar a la Luna, y se la llevó al infierno.

-¿En qué momento le ofrece Duhalde ser presidente, y usted duda?

-El día en que gano las elecciones, en septiembre de 1999, Duhalde, me dice en el balcón de la Casa de Gobierno: "Lole, vos tenés que ser candidato contra De la Rúa". Le contesté: "Escuchame, yo me presenté para un cargo, la gente me eligió para eso y no puedo hacer esa locura. Olvidate". Viene la caída de De la Rúa. Yo la viví acá, en el Congreso. Sé todo lo que pasó, estuve en todas las reuniones: Puerta, Caamaño, Rodríguez Saá, De la Sota, Ruckauf. Con respecto a todo aquello te podría contar cosas, pero no las podés publicar.

-Duhalde quedó como el mesías, el hombre que organizó el país.

-Tengo una visión muy personal sobre eso, que no quiero contar porque no quiero armar lío. Duhalde agarra la presidencia y sigue hasta lo que vos me vas a preguntar ahora.

-¿A usted lo llaman porque De la Sota no "medía"?

-Es al revés [lo repite cuatro veces]. Me llama Duhalde un día, voy a Olivos, y él me dice: "Yo quiero que vos seas candidato a presidente". A los dos segundos, le respondí: "Olvidate. No hay ninguna posibilidad de que yo sea candidato".

-¿Vio algo raro?

-No vi nada raro; ése fue un invento de (Jorge) Lanata. No vi absolutamente nada extraño, nadie me amenazó, nadie fue con fotos extrañas que dicen que tienen de mí. Y si alguien las tiene, que las traiga: se las pagamos con mucha guita. Esa foto no existe. Como tampoco es cierta toda esa historia de que me amenazaron.

-¿Entonces por qué le dijo que no a Duhalde?

-Porque me manejo con la intuición. Soy muy intuitivo. En ese momento, él me pidió : "No lo digas públicamente. Demorá, porque a lo mejor cambiás de opinión, porque el tiempo te puede hacer reflexionar y porque, además, yo necesito armar una estrategia. Si vos me dejás con tu negativa ahora, cuando salís de acá vienen todos a comerme vivo".

-En ese momento se lo veía dubitativo...

-Dijeron que yo era un dudoso, un dubitativo, y todas esas estupideces. Pero la verdad es que le dije que no, y respeté su pedido de no decirlo, porque de otro modo él no podía hacer su estrategia, su planificación.

-Usted apoyó a Néstor Kirchner como presidente.

-Yo fui gobernador de provincia. Sé lo que es tener que pagar sueldos. Sé lo que es una función ejecutiva. Tenés una obligación. Tenés millones de habitantes que tienen que tener sus clases, sus medicamentos. Cuando llega Duhalde, todos nosotros lo acompañamos. Después llega Kirchner, a quien yo conocía perfectamente porque fui gobernador a la par de él, en dos oportunidades. Convivimos en muchas discusiones, peleas, pactos fiscales. Y con Cristina, yo estuve sentado banca de por medio durante ocho años.

-¿Cómo era la relación?

-Ella es muy distante. Pero tiene su personalidad, y nunca la cambió. Ahora es exactamente igual que cuando yo la conocí. Con Kirchner peleamos juntos por muchas cosas con Cavallo, con Menem. Seguí la pelea que él tuvo para llevarse las regalías petroleras. Se llevó setecientos palos de las regalías: fue un éxito. Ojalá nosotros pudiéramos hacer para Santa Fe regalías agrícolas así. Estuve sentado al lado de Cristina cuando se peleó con el oficialismo. Se paró en el recinto y dijo: "¡Yo no soy la recluta Fernández para que me manden de acá para allá!". Retumbó en todo el Senado. Sigue siendo la que yo conocí, con sus convicciones.

-Entonces, ¿qué le pasó con el tema del campo? ¿No lo entiende, es obsecuencia, es desconocimiento, es prejuicio?

-Yo relaciono el tema del campo, en un cincuenta por ciento, con una cuestión técnica, fiscal, económica, vinculada con una escalada infernal de los commodities que hubo en ese período. El otro cincuenta lo adjudico al microclima que se fue armando en torno al problema. La protesta genuina es espontánea: yo la conozco bien, y es de abajo hacia arriba, es de las bases a los dirigentes. En particular, de los chicos jóvenes del campo, que vivían en la ciudad y que a partir de esta escalada de la tecnología, la biotecnología, la siembra directa, agarraron un tractor y alquilaron cincuenta u ochenta hectáreas. Los conozco mucho a todos. Me vinieron a ver. Lloran.

-No son la aristocracia ni la "oligarquía".

-No. No lo son. Yo los conozco y los veo. Ahora bien, a este conflicto genuino de la base se le agregó el conflicto político. Sobre todo el capitalino, donde se mezcla otra cosa. Un día, yo estaba por Callao y Quintana, y todos hablaban del "taco aguja y el bótox". Bueno, Callao y Quintana no tiene que ver con el caso que acabo de pintarte. Se mezcló todo, y empezaron los cruces de ida y vuelta, y empezaron a decir barbaridades de los dos lados. Pero ese reclamo no es el genuino. Ese es otro problema, de orden político; es el de la gente que dice: "Yo no la voté". Nada tiene que ver con la genuina protesta de los que están de contratistas, atrás de la soja y del crédito.

-Se sumó "la oposición" y un cierto antiperonismo a la protesta del campo...

-Hay un sector que usó las retenciones para tirarse contra Cristina.

-¿Pero qué es lo que no entendió el Gobierno?

-Lo mezclan con lo de la renta extraordinaria agrícola, y hablan de oligarcas, terratenientes, golpistas. El 60% de la agricultura en la Argentina se hace en campos alquilados al tipo que tiene 1000 hectáreas en Villa Cañás y vive en Barrio Parque. Si a vos te doy 20 quintales por hectárea, que son 2000 toneladas por año, un palo setecientos [sic], ciento setenta lucas, ¿te alcanzan para vivir en Barrio Parque?

-Me sobran.

-Bueno. Con eso pagás los gastos, el portero, no sé qué más. Tenés un campo en Villa Cañás: el contratista te da a vos 20 quintales. A él, sembrar le cuesta 15. Ya son 35. Le rinde 40, con mucha suerte. Le quedan 5. Está liquidado.

-Está clarísimo.

-¿Sabés cuál es el ingreso de los propietarios de campos de la Argentina que hacen este laburo, como muchos, que viven en Barrio Parque?: 5800 millones de dólares en ingresos sólo por arrendamientos. ¿Sabías esto?

-No tan clarito. Me parece que su discurso va más allá del tema del campo. Es la redistribución de la riqueza.

-Mirá, yo escucho decir que Lole está jugado en ésta porque defiende los intereses de él. Yo, si siembro 800 hectáreas de soja, no me cambian la vida. No vivo de las 800 hectáreas. Tengo lo hecho. Y lo hecho, hecho está. No sé si es mucho o es poco, pero puedo vivir tranquilo. No peleo por lo que siembro. Peleo por los trescientos sesenta y cinco pueblos de Santa Fe, por los tres millones de personas de Santa Fe.

-¿Lo ve a Hermes Binner presidenciable?

-No, Binner no tiene nada que ver con lo que estamos hablando. De hecho, Binner dijo que lo de la soja era un tema menor. Mirá, lo único que falta es que los socialistas digan que ellos son los inventores de la soja transgénica. Que se dejen de molestar: son unos mentirosos.

-En el panorama electoral hay un sector denominado "progresista" o intelectual que no vio con buenos ojos en su momento a Ramón Ortega ni a Daniel Scioli ni a usted. ¿Tiene alguna explicación?

-Yo tengo una excelente relación con los que no piensan tanto. Con lo espontáneo. En cambio, los que piensan tanto le buscan la pata a la sota, miran si estudiaste en la Sorbonne o no [se ríe]. Además, lo siento en la piel. Para los intelectuales, verme a mí es como ver al diablo [se ríe abiertamente], porque "no habla", o "no habla de esto o de lo otro". Cuando pasan cien vacas, yo les cuento la cabeza. Pero hay tipos que son tan complicados que les cuentan las cuatro patas y después dividen por cuatro. Les da igual.

-¿Tiene en su cabeza la idea de ser presidente?

-Hay 38 millones de argentinos que quieren ser presidentes. Yo no soy un tipo que va a hacer un lanzamiento, como ya hicieron Solá, Macri y De Narváez. Creo que hay que hacer una lectura muy precisa de las elecciones de octubre de 2009.

-Elecciones que, para muchos analistas, el Gobierno va a perder.

-No estoy tan seguro. Entre nosotros, no sé si no las gana.

-¿Qué opina de la gestión de Macri?

-Creo que es un dirigente capaz, inteligente, que ahora está en la cancha. Y los pingos se ven en la cancha. En Boca hizo una buena gestión.

-¿Felipe Solá?

-Técnicamente, muy preparado. Pero no hiles finito, porque no va por ahí.

-¿Lilita Carrió?

-Me gusta. Es un fighter , un boxeador. El que está con la bolsa, y le pega... Es admirable. Le admiro esa condición: a mí me gustan los fighters .

-¿Por qué es tan hermético con su vida privada?

-Yo no oculto mi vida privada [suena su celular con un tango. No atiende]. Veo que hay muchos medios de comunicación que permiten eso. Soy un tipo muy respetuoso de la vida privada de cada uno. En eso soy tremendo. Es una cuestión de formación y respeto.

-Si llega a presidente va a tener que aparecer en público con su mujer.

-No hay nada que responder a eso.

-A Cora y Mariana, sus hijas, también se las ve lejos...

-Lo que pasa es que ellas tampoco vivieron tanto el tema, porque estaban en Europa cuando yo fui gobernador. Si no lo vivís en carne propia, sino a una distancia grande, lo vivís relativamente.

-¿El llegar a ser abuelo ya lo emociona o todavía no?

-Es una emoción. La sigo a Cora, me trae su ecografía, la mira, está emocionada, contenta.

-¿Usted se da cuenta de lo que despierta en las mujeres? ¿Se siente exitoso?

-No soy un tipo exitoso. Se dice que soy un tipo frío, que no tengo corazón. Pero no soy un tipo exitoso con las mujeres. Fijate que en todas las elecciones siempre perdí en el padrón femenino. En una encuesta que tengo ahora en Santa Fe vuelvo a estar abajo en la intención de voto del sector femenino.

-¿Puede percibir que en estas últimas semanas se ha convertido en la figura de la política argentina?

-No es así. Si me pueden matar a la vuelta de la esquina, me matan. El establishment no quiere a Lole, dice que Lole es dubitativo, que esto, que lo otro, que cómo no aceptó la presidencia... Saben que soy un tipo complicado. Que si me vienen a decir: "Che, vamos a «arreglar» esto", hay quilombo.

Hoja de ruta



  • Nació en Santa Fe el 12 de abril de 1942, bajo el signo de Aries. Es hijo de Enrique Reutemann y Flora Molina.
  • Fue piloto de Fórmula 1 desde 1972 hasta 1982. Corrió 144 carreras. En 1974 ganó en Kyalami, Sudáfrica. En 1977, el Gran Premio de Mónaco, y al año siguiente obtuvo el Gran Premio de Gran Bretaña luego de superar a leyendas del automovilismo como Niki Lauda, Alan Jones y Nelson Piquet. En 1981, ganó en Jacarepaguá.
  • Su secreto mejor guardado es su vida privada. No porque la oculte, sino porque no la exhibe. Se siente responsable de no haberles dado a sus hijas una vida menos expuesta y menos itinerante. Ni Mariana, de 35 años (que vive con su madre en la Costa Azul), ni Cora, de 39 (embarazada de 8 meses), han estado demasiado presentes en la vida cotidiana de Reutemann. En su etapa como piloto de Fórmula 1, estaba concentrado en las carreras. Luego se dedicó a la política.
  • A los 49 años fue elegido gobernador de la provincia de Santa Fe por el Partido Justicialista, y cumplió su función entre 1991 y 1995. Fue convencional constituyente en 1994; luego asumió como senador. Entre 1999 y 2001 ejerció su segundo mandato como gobernador de Santa Fe.
  • Se separó de Mimicha Bobbio después de más de treinta años de matrimonio y se casó hace dos con Verónica Ghio, una mujer veintitantos años más joven que él, ajena al show de los personajes.
  • Reutemann no vive sólo del campo, ni de su dieta como senador. También de lo que ganó como piloto.
  • Todos los días se sube religiosamente a la cinta de correr y hace su rutina de spinning. Cuando puede, escucha música de los años 80. Sus platos preferidos son los pescados "bien salados" y las pastas "como las hacían en Ferrari".
Por Any Ventura revista@lanacion.com.ar
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