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"No confundamos orden con represión"

Para el rabino, es un error del progresismo

Miércoles 04 de marzo de 2009
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Cecilia Scalisi Para LA NACION

"El seudoprogresismo confunde orden con represión, lo que es un grave error. También reivindica los derechos humanos, pero en un Estado democrático los derechos humanos no se reivindican: se cumplen", dice el rabino Sergio Bergman.

Visible por su actuación en lo que él llama "política cívica", Bergman -ordenado como rabino en 1992, egresado del seminario rabínico Marshall Meyer de Buenos Aires y del Hebrew Union College de Jerusalén- habla frontalmente de la "profunda crisis de valores por la que atraviesa la Argentina", un tema que ha analizado desde distintas perspectivas en sus libros Manifiesto cívico argentino y Argentina ciudadana (Ediciones B).

"No suelo decir nada nuevo ni nada descollante; simplemente me siento el vocero del sentido común de los argentinos", dice.

Bergman, de 46 años, es rabino del emblemático Templo Libertad -la primera sinagoga de la Argentina, construida en 1897- y activo referente social, a partir de su labor como fundador de Memoria Activa y como artífice del diálogo interreligioso.

Habitualmente muy directo en sus opiniones, Bergman rechaza una toma de posición pasional sobre el conflicto entre los israelíes y los palestinos de la Franja de Gaza: "En la Argentina, vivimos en paz y no podemos trasplantar el conflicto de Medio Oriente a nuestro territorio", dice.

-¿Cree que la Argentina olvidó los grandes ejemplos que, en materia de valores, le legaron sus próceres históricos?

-Nos encanta destruir mitos y nos olvidamos de sostener principios y modelos ejemplares porque estamos en una profunda crisis de valores. El revisionismo histórico suele ser una de las múltiples manifestaciones de esa crisis, que se traslada a la política y a la calidad institucional.

-¿Por qué cree que se producen crisis con tanta frecuencia?

-Le doy un ejemplo: cómo estamos tomando el Bicentenario. Con esa fecha, estamos todos dispuestos a hacer merchandising electoral, a celebrarla, pero no a reflexionar sobre ella. Tendríamos que pensar qué hitos fundacionales no hemos resuelto, porque seguimos siendo un país unitario y feudal, no una república federal. Si asumiéramos que la solución a esos problemas consiste en aplicar rigurosamente la ley, ni nos sentiríamos perdidos ni creeríamos que siempre hay que empezar a hacer todo de nuevo.

-Este cambio de actitud parece difícil, cuando uno escucha los discursos de los políticos.

-Hay que promover el cambio desde la espiritualidad cívica, una espiritualidad no confesional ni dogmática. Hay que dejar de lado la hipocresía: dejar de hablar de "ellos" y hablar de "nosotros". Es un problema moral y, en cierta medida, individual, porque no es posible demandarles a las instituciones lo que no sostenemos con el ejemplo.

-En sus libros, habla de la necesidad de una nueva dirigencia política. ¿En qué se diferencia eso del "que se vayan todos"?

-Pedir que se vayan todos es puramente catártico. Revela negligencia e irresponsabilidad. Necesitamos que se vayan los malos, pero supongamos que por milagro el Señor se lleva a los malos: ¿dónde están los buenos, para reponer el stock ? En una construcción social, los tiempos son más largos que en los calendarios electorales. Un primer círculo se cerró en 2001 cuando tuvimos el golpe cívico-corporativo-político. De la Rúa se fue a su casa por una acción desestabilizadora en la que los ciudadanos participamos como actores de reparto, batiendo las cacerolas. Se saquearon supermercados por encargo. Pero cuando se habla de valores, se habla de trascendencia, de la grandeza de iniciar no lo que uno va a terminar, sino lo que uno va a legar.

-Trabajar por aquello de lo cual no se recogerá un fruto inmediato debe de sonar a utopía para nuestros políticos...

-Estos son los políticos que tenemos. Por eso hay que cambiarlos. Tenemos que refundar la República y releer la Constitución. Allí están los valores que, entre todos, acordamos.

-¿Actuaría en política?

-Trabajo en política cívica, que no es política partidaria. Como rabino, pienso en términos educativos. Transmito la idea de que el país está quebrado por evasión cívica, porque si un país rico, como la Argentina, está lleno, como lo está, de pobres, es una sociedad miserable. La manera de restituir la equidad es la ley, no la demagogia, el clientelismo o la esclavitud electoral. En el país hay más buenos que malos. El problema es que las asociaciones ilícitas son más eficientes y están mejor organizadas.

-¿No cree que, además, está instalada la idea de que los que tienen rectitud y sentido ético cuando llegan al poder no saben gobernar?

-Es probable. Está claro que restablecer la República nos llevará años. En principio, habría que formar un Frente para la República, muy diferente del Frente para la Victoria, en el que lo que importa es ganar a cualquier costo. No podemos pedir que se vayan los Kirchner, porque los Kirchner tienen que terminar su gobierno. Hay una Argentina eclipsada que puede y debe ser una república después de los Kirchner. Cuánto tiempo después, no lo sabemos, pero hay que construir a partir de ahora, y siempre dentro del marco de la ley.

-¿Cómo definiría al Gobierno?

-Con la reelección de Néstor Kirchner a través de su esposa, tenemos una autocracia hegemónica y ejecutiva en la que uno solo lo maneja todo con la caja, y no es precisamente el que votamos. Teníamos un Poder Legislativo que era una escribanía deliberativa, pero a partir de lo ocurrido con la resolución 125, aprendimos que no hay que dejarse correr, porque reclamar que se cumplan los valores republicanos en una democracia no es destituyente, sino todo lo contrario: es "instituyente".

-¿Cómo propone renovar los cuadros dirigentes de la política?

-Mediante una carrera profesional para políticas de Estado. Necesitamos profesionales idóneos y preparados. ¡Basta de llevar familia, amigos y "ñoquis" a los cargos públicos!

-En su último libro, habla de fratricidio, con relación a la delincuencia y a la inseguridad en que vivimos. ¿Cómo relaciona esto con la política de derechos humanos de este gobierno?

-Según la visión política de este anarcoseudoprogresismo totalitario, en el que cada uno hace lo que quiere, es válido confundir orden con represión. Se llenan la boca hablando de progresismo y en realidad constituyen un sistema hegemónico, que funciona de manera acumulativa y propietaria. Hay que declarar que lo más urgente es lo trascendente. Eso solo ya tendría efecto en el corto plazo. Y para el mediano y largo plazo, vayamos invirtiendo en valores. Pero esto no hay que decirlo: hay que hacerlo. Cuando se vive en un Estado de Derecho con plena vigencia de la democracia, los derechos humanos no se reivindican: se cumplen, y siempre. Se los debe reivindicar cuando no hay ley, con toda la verdad de la justicia y el castigo a los culpables. Pero hablo de toda la verdad y no de medias verdades, porque la verdad a medias termina siendo una mentira.

-¿Cuáles son los derechos que no se cumplen?

-Los derechos humanos que hoy están verdaderamente pendientes son: pan, trabajo, techo, salud y educación para todos los argentinos. No es una idea de izquierda ni de derecha. Es, simplemente, la ley. Lo dice nuestra Constitución. Cuando en la Argentina todos los días hay niños que se mueren de hambre, se están violando derechos humanos básicos.

-¿Cómo ve a la Argentina en relación con el conflicto en Gaza?

-Los argentinos estamos dispuestos a pelearnos por todo, pero nunca por la religión. Tenemos que consolidar la paz, que es nuestro capital, lo cual no nos impide tener opiniones sobre el tema. Propongo pedir el cese de hostilidades y el reconocimiento de dos Estados independientes. Hay quienes convocan a tomar partido por un lado del conflicto, pero una cosa es opinar y otra es hacer movilización social en aras de tomar parte en el conflicto. Si uno quiere tomar parte en el conflicto, se va allá. Tiene todo el derecho de involucrarse, pero el conflicto no está acá. Si vivimos aquí, nuestro deber es cuidar la paz que tenemos.

El personaje

SERGIO BERGMAN Rabino del templo de la calle Libertad

Nació: en Buenos Aires, en 1962.

Estado civil: casado. Tiene cuatro hijos.

Estudios: es egresado de Farmacia y Bioquímica, con título de la UBA.

Activista: en noviembre de 2008, presidió un acto multitudinario contra la estatización de las AFJP, junto con el ruralista Alfredo De Angeli.

Contra D´Elía: hace un par de meses, cargó contra el líder piquetero, de quien dijo que actúa como vocero de Hezbollah.

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