"Hay un poco de estigma con el cine argentino"
En Pinamar donde está presentando varios films, Arturo Goetz - protagonista de La sangre brota- habló con lanacion.com sobre su complejo rol en este largometraje y reflexionó sobre la producción nacional y el público

Por Azul Cecinini
Enviada especial de lanacion.com
mcecinini@lanacion.com.ar
Desde hace varios años el cine nacional tiene a Arturo Goetz entre sus caras más presentes. En un papel secundario o en un papel protagónico, el economista devenido actor no detiene su marcha en la pantalla grande desde 1998. Como un cariñoso médico de campo en La ventana, un especialista en neurología en El nido vacío o como un taxista bajo presión en La sangre brota, su rostro se multiplicó en el encuentro cinematográfico Pantalla Pinamar, que finaliza el sábado próximo.
En la segunda jornada de la muestra se presentó el largometraje de Pablo Fendrik, La sangre brota - que llegará a las salas comerciales el 23 de abril próximo y que fue premiada en Cannes en la semana de la crítica joven.
Goetz -que recibió el premio "grandes rostros del nuevo cine argentino en este encuentro- habló con lanacion.com sobre su "difícil y complejo personaje" en esta película y reflexionó sobre la producción nacional.
El comienzo de un personaje difícil
Un llamado telefónico y una serie de charlas con café o pizza mediante fueron los puntapiés iniciales para el comienzo de la colaboración entre Goetz y Fendrik, de quien el actor no tiene más que palabras de elogio desde su llegada a Pinamar.
Arturo -su personaje en el film- vivirá el peor día de su vida y no tendrá reparos a la hora de resolver qué hacer frente a las situaciones que se le presentan. "Después de hablar con Pablo, poco a poco me lo fui imaginando y sacando cosas de adentro. Uno siempre tiene su parte oscura, pero fue muy difícil interpretar este personaje", comentó.
"Es un hombre que nunca en su vida sonrió y no conoce la felicidad" fueron las primeras indicaciones del director para su actor y hacia ese turbulento mundo se mimetizó Goetz, que su actitud humilde y su rostro afable hacen difícil pensarlo diferente hasta que se lo ve en el rol.
A los 64 años, Goetz disfruta mucho de ponerse bajo las órdenes de gente joven. "Me encanta. Me motiva mucho más trabajar con gente joven... o ,claro, con directores como Sorín. Me encantan los jóvenes, nos hacemos amigos, tiene una onda especial", sostuvo.
Desde esa llamada inicial de Fendrik pasaron varios años y dos películas. Por cuestiones de financiamiento, en vez de empezar a rodar La sangre brota comenzaron a trabajar juntos con el flm El asaltante, que ya se presentó en varios festivales -incluido Cannes en donde también fue premiado- pero que aún no tiene fecha de estreno local. Dos visitas al prestigioso festival, dos reconocimientos.
"El hecho de que nos hayan invitado a Cannes es bastante impresionante y encima ¡dos veces! Es raro y encima, nos dieron el premio de la crítica joven -por La sangre brota. Guau, ¡tan mala no era!", bromeó.
Las películas argentinas suelen pasar un difícil trance a la hora de tener que estrenarse porque los exhibidores priorizan otro tipo de cine y ese es el caso de La sangre brota, que finalmente después de largas negociaciones tiene día estreno. Pero además está ese mito de que a la gente no le gusta la producción nacional.
- ¿Qué opina de la relación entre el público argentino y el cine nacional?
"Hay un poco un estigma con el cine argentino. Es difícil porque hay problemas de pantalla y la gente está muy condicionada culturalmente a ver un tipo de cine que tiene ya un formato clásico, donde ganan los buenos y pierden los malos. ¿Por qué se tiene que contar todo con moñitos? El espectador tiene una parte, tiene que pensar un poquito, integrarse en el proceso de la película y completarlo con su imaginación, con su inteligencia. Hay un público para el cine argentino, no es que no hay, para algunas películas más y para otras menos".
"Por otro lado también hay que decir que no hay que echarle siempre la culpa a los demás, acá también se hacen muchas películas que a la gente no les gustan. Es fácil y típicamente argentino echarle la culpa a los demás y no. Un poco de culpa también tenemos nosotros. Hay que encontrar un equilibrio entre lo que pensamos que queremos hacer y hacerlo muy bien porque la competencia es fuerte y cruel y además, hacer cosas con la que nuestro público se pueda identificar", reflexionó. .
