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Los miedos, las tristezas y las esperanzas

Delicado trabajo de Martín Flores Cárdenas sobre el mundo poético de Carver

Viernes 20 de marzo de 2009
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Quienquiera que hubiera dormido en esta cama. Sobre textos de Raymond Carver. Dramaturgia y dirección: Martín Flores Cárdenas. Intérpretes: Osvaldo Djeredjian, Gabriela Licht y Germán Rodríguez. Vestuario: Merlina Molina Castaño. Escenografía: Carlos Di Pasquo. Luces: Marco Pastorino. Sonido: Leandro Cattani. Asistente de dirección: Merlina Molina Castaño. Producción ejecutiva: Berta Silberman. En el Abasto Social Club. Duración: 35 minutos. Nuestra opinión: muy buena

El dramaturgo y director Martín Flores Cárdenas vuelve a meterse en el mundo de Raymond Carver -ya lo hizo con Catedral , obra que sigue en cartel hasta fin de mes-, pero esta vez no ya para trasladar fielmente el mundo que pintan las palabras del escritor estadounidense sino para intervenirlo. Respetuosamente, con sutileza, Flores Cárdenas cruza los cuentos ¿Por qué no bailan? y Quienquiera que hubiera dormido en esta cama y logra un nuevo relato que los contiene y a la vez los resignifica. Siempre manteniendo la atmósfera melancólica y compasiva que se desprende de los textos del poeta.

La anécdota es sencilla: una pareja está buscando muebles usados en una "venta de jardín" para equipar la casa que están a punto de compartir. Ese hecho marca cierto límite que los enfrenta a lo que vendrá, a un futuro del que nada saben y que parece provocarles una incertidumbre que por momentos los paraliza. El miedo aparece así en escena con un rol protagónico: miedo a la muerte, a la agonía, a la enfermedad, a estar juntos, a no estarlo; pero todo cambia cuando aparece el dueño de esos muebles que desean comprar.

Clima conmovedor

Flores Cárdenas vuelve a echar mano al rol del narrador que refuerza la idea de distanciamiento, de sosegada frialdad y de explícita teatralidad a su puesta, y que -por ende- profundiza en ella la presencia de Carver, de su rara mezcla de tristeza y esperanza. Con todo, el director logra un clima conmovedor, con ciertos toques de misterio -a la economía de palabras le sigue la escueta información que entrega sobre el mundo de sus criaturas- y ternura, que vuelven sumamente queribles a sus personajes. Sin duda ayuda el parejo y meticuloso trabajo de sus actores, sobre todo los de Germán Rodríguez y Osvaldo Djeredjian.

Esa economía de recursos tiene su correlato en la escenografía -la iluminación apoya este planteo- y en la bienvenida ausencia de literalidad en lo que expresan las palabras, los cuerpos y el ambiente. Así, Quienquiera... se convierte en una propuesta pequeña en apariencia (dura sólo 35 minutos) pero repleta de sensaciones que perduran bastante tiempo después de que se apagó la luz de la sala.

Verónica Pagés

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