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Originalidad: títeres de papel y cartón

Una forma de narración que se remonta al siglo XIX

Sábado 21 de marzo de 2009
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Por Ruth Mehl

Galileo, sobre la mesa, de Horacio Tignanelli, por el grupo Ad Hoc. Elenco: Isadora Platerote, Eduardo Scardino y Horacio Tignanelli. Escenografía, personajes, diseño y arte final: Pablo Bolaños. Estructuras e iluminación: Eduardo Scardino. Música: fragmentos de "Wanderwall" (George Harrison, 1968). Autoría, musicalización, diseño, puesta en escena y dirección general: Horacio Tignanelli. Colaboradores: Ana Dulce Collados, Pilar González Esteves, Conrado Kurtz. En la sala Biblioteca, del Centro Cultural Rojas, Av. Corrientes 2038 (4954-8352 y 4953-3556). Sábados, a las 19.30. Capacidad, 30 localidades. Para mayores de 9 años. $ 15. Nuestra opinión: muy buena

La existencia de los teatros Pollok, creados en el siglo XIX por un comerciante llamado Redington, -que los vendía como souvenirs de las representaciones teatrales- y luego difundido por su yerno, Benjamín Pollock, es poco conocida entre nosotros. Estos toy theatres , constituían dioramas de cartón, de tamaño reducido, donde las figuras eran movidas con hilos o con barras: algunos llegaron a reproducir con gran fidelidad algunos teatros o salas de ópera famosos. Los había sencillos y también muy complejos, y siempre servían para narrar un espectáculo determinado. (La biblioteca La Nube suele exponer algunos de su colección.)

Foto: LA NACION

La gente los compraba después de una función y utilizaba para contar a sus amigos, en su casa, la obra que habían visto en el teatro. Horacio Tignanelli utiliza este recurso para contarnos de qué trata una obra de títeres suya, versión libre del texto de Bertolt Brecht, sobre Galileo y el conflicto entre la ciencia y el poder.

Al comenzar, dos personajes introducen al público en el método de Pollock. Después se abrirá el telón del teatrino, que está sobre una mesa y los protagonistas de la historia, pequeñas figuras de cartón, se deslizarán a sus lugares, accionados por barras. También hay desplazamientos de escenografías, ya que Galileo va a Padua, a Venecia, a Roma; es encarcelado, y finalmente, recluido en su casa. El método narrativo permite un distanciamiento de los personajes y sus conflictos, sin por eso dejar de mostrar ciertos entretelones religiosos, políticos y económicos que jugaron su parte en este juicio al científico.

Realidad y fantasía

La obra busca sugerir y representar las teorías vigentes en la época y la de Galileo, en particular, y hace alusión a los antecedentes de este conflicto que surge porque una nueva explicación del universo científico les mueve los estantes económicos a los poderosos. Corresponderá a los espectadores decidir hasta dónde quieren seguirlos.

Está evidentemente dirigido a niños mayores de 9 años, jóvenes y adultos con cierta curiosidad por estos temas (y si están al tanto de los hechos históricos que rodearon a Galileo, mejor). Hay unos toques de humor satírico; por ejemplo, cuando Galileo intenta vender los telescopios que ha fabricado, y al ver que a nadie le interesa espiar el cielo y las estrellas, les dice que también pueden servir para espiar a los vecinos, con gran éxito de ventas.

Pero, indiscutiblemente, la obra interesa por la singular experiencia de ver a estos títeres de cartón, en su mundo, también de papel, representar con enternecedora formalidad la experiencia de otros espectadores: aquellos que fueron al teatro de ladrillos y terciopelo, y se sentaron en butacas y vieron hacer de personajes a actores y actrices de carne y hueso. En ese sentido, fascina el juego de la narración como de espejos enfrentados en que la copia se multiplica al infinito.

Para continuar el juego, subrayar la realidad y desafiar la fantasía, se entrega a la salida un diorama para armar, en cartulina, que representa una escena de la obra y que, a su vez, tiene un comentario extraído de la revista Nautilus , publicada por el Rojas y Eudeba.

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