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El difícil camino de la integración

Un 90% de los chicos con síndrome de Down tienen problemas para asistir a una escuela común

Sábado 21 de marzo de 2009
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LA NACION
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Es un derecho pero termina siendo obra de la buena voluntad. O del azar. Según un sondeo que realizó la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (Asdra) entre sus integrantes, el 90% de los chicos con esta discapacidad tiene problemas para integrarse en las aulas de una escuela común.

La asociación realizó la encuesta porque hoy se conmemora el Día Mundial del Síndrome de Down. "Esta situación se produce por el diseño arcaico del actual sistema educativo, que tiene tres aspectos que impiden la integración: una normativa anticuada, la falta de capacitación de los docentes y la precariedad de las estructuras edilicias de los establecimientos", lamentaron.

"A esta realidad, hay que sumarle el incumplimiento de la ley nacional 24.901 por parte de las obras sociales, las prepagas y el Estado, que tienen la obligación de cubrir los gastos de atenciones básicas de educación, salud y traslados de las personas con discapacidad", indicaron.

"La integración de alumnos con necesidades educativas especiales crece año tras año, y un trabajo artesanal garantiza una plena inclusión", explicó la directora general de Inclusión Educativa porteña, Macarena Lucero Schmidt. Según ella, en 2008, hubo un 22% más de alumnos integrados que en 2007. De acuerdo con el gobierno de la ciudad, cerca de 5100 alumnos con discapacidad asisten a escuelas especiales, mientras que unos 11.000 están integrados en escuelas comunes. Hay 1000 maestros trabajando en la integración, un 32% más que en 2007.

La Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad, de 2003, indicó que sólo el 15% del alumnado con discapacidad asiste a escuelas comunes.

"En el nivel primario observamos una insuficiente cantidad de establecimientos, sobre todo en la zona sur", aseguró el titular del Area de Derecho a la Educación de la Defensoría del Pueblo de la ciudad, Gustavo Lesbegueris. En abril pasado, afirmó, se registraban en "lista de espera" 8305 niños y niñas por falta de vacantes en establecimientos de nivel inicial. El 70% de ellos, de la zona sur.

"En varias provincias es poco menos que una utopía pretender que un chico vaya a una escuela común... Queremos que los docentes y los funcionarios tomen conciencia de que es un derecho", dijo el presidente de Asdra, Raúl Quereilhac. El tuvo "suerte": su hija Melina pudo completar el secundario en una escuela común.

Menos éxito tiene la mayoría de las 40 familias del grupo Delantales, de Asdra, para papás de chicos de más de tres años. "Es una etapa complicada. Cuesta conseguir colegios que integren a nuestros hijos y una vez que lo conseguís, te encontrás con que la obra social no te da toda la cobertura", reconoció el coordinador y papá de Martín, Alejandro Cytrynbaum.

Y aunque las cosas no son fáciles, los padres recomiendan no bajar los brazos. "El camino de la integración es el mejor camino. Si queremos que nuestros hijos tengan una vida normalizada y traten de integrarse, tienen que estar en espacios comunes. Es el más difícil, lleno de piedras, pero es el correcto", opinó Cytrynbaum.

Obstáculos

A fines del año pasado, el grupo Intus realizó la encuesta "Educar en la diversidad" para indagar sobre el nivel de conocimiento, prejuicios y opiniones en torno a la inclusión entre 850 docentes, padres y vecinos.

Los datos fueron concluyentes: el 92% de los docentes, el 85% de los vecinos y el 82% de los padres opinaron que la comunidad educativa no está preparada para brindar una educación inclusiva. La escasa capacitación docente y la inadecuada infraestructura dificultan una educación para todos.

Aunque el 76% de los padres cree que la integración de chicos con y sin discapacidad favorece la socialización y evita la discriminación, el 70% dijo no haber tenido una experiencia así. La mayoría opinó que debería modificarse el sistema de formación docente.

Después de algunas batallas, Carmen Jung se siente satisfecha con la integración de Ignacio, su hijo de 13 años. "Consideramos no habernos equivocado con la elección de educarlo integradamente, de la misma manera que él vive integrado en su familia y su entorno social", contó.

"No todo es un cuento de hadas. Afortunadamente, con la convicción y el apoyo incondicional del colegio, padres, terapeutas, allegados, organizaciones, fuimos sorteando exitosamente los obstáculos", explicó.

"Notamos que estos últimos cinco años hay menos cantidad de escuelas con oferta de educación integrada", consideró la fonoaudióloga Beatriz Heredia, directora del equipo interdisciplinario Selec, que trabaja en trastornos de desarrollo y aprendizaje.

"Con los años, las escuelas tienen menos inconvenientes para integrar a chicos con problemas motores o sensoriales, y el nudo se genera con las deficiencias mentales", agregó.

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