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Aprendizajes de la crisis

Domingo 22 de marzo de 2009
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Lo interesante de las crisis es el aprendizaje que puede obtenerse de ellas. Para el descalabro financiero y económico en que ha caído el mundo hay también aprendizajes posibles, y no sólo en el terreno económico, sino también en el filosófico. En el campo económico el sistema financiero deberá ser repensado íntegramente para servir al desarrollo sustentable del planeta y no para generar ganancias de laboratorio. Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz, afirmó que "mientras las cosas funcionan más o menos, nadie quiere cambiar nada, pero ahora que ya no funcionan, es el buen momento". Ahora que la crisis ha llegado al sistema rico, y no sólo al mundo pobre, se da la oportunidad de generar una reflexión global. Pero tanto o más interesantes son las lecciones filosóficas que pueden obtenerse de los recientes eventos, para lo cual es relevante traer a colación la metáfora del cisne negro, del ex operador bursátil Nassim Nicholas Taleb, que se refiere al impacto de lo altamente improbable.

"De la observación de un sinnúmero de cisnes blancos no se podrá inferir que todos los cisnes son blancos, sin embargo, ver un solo cisne negro será suficiente para refutar semejante conclusión", decía Hume. Un cisne negro es una metáfora que señala un hecho improbable y de consecuencias imprevisibles. Para traer otro simpático animalito a la discusión, tal vez no seamos muy diferentes del pavo inductivista de Bertrand Russell. El pavo es alimentado todos los días a la misma hora, independientemente de si llueve o de si hace frío o calor. Más allá de toda circunstancia recibe su alimento, lo cual posiblemente le hace pensar bien de los seres humanos. Sin embargo, en vísperas de Navidad, al pavo le ocurre un evento altamente inesperado, y si no fuera por la mezcla confusa de especies habría que decir que al pavo le acontece un cisne negro: lo degüellan para comerlo, propósito inicial de tanto esmero alimenticio. Hay quienes prefieren, aunque los cisnes comiencen a ponerse grisáceos, desconocer la realidad hasta que son degollados.

Pero, en definitiva, una de las lecciones posibles es que no podemos ver otra cosa que aquello que nuestras anteojeras nos permiten ver. Nunca podremos ver más que vacas donde otros ven algo sagrado. Por eso, si alguna virtud tienen las crisis es que extienden nuestro campo de visión (además de nuestro campo de humildad). O pueden llegar a alterar por completo el paradigma con el que comprendemos la realidad. Generalmente nos esforzamos por acentuar y dogmatizar lo que creemos que sabemos, y por apuntalar nuestras provisorias certidumbres, más que por someter al pensamiento crítico y poner en duda lo adquirido. Levantamos una fortaleza con los materiales que nos son familiares, y diseñamos todo tipo de convicciones irrefutables. Así, correteamos alegremente, alimentados a horario por el mundo de lo posible, pero es lo imposible lo que, con pocas y certeras apariciones, va delineando nuestras vidas. Como el pavo de Russell, y olvidando la lección -a primera vista ingenua- de Sócrates, tendemos a olvidar que lo más importante no es lo que sabemos, sino lo que no sabemos.

evnoailles@yahoo.com.ar

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