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Una Traviata, con gran sentido del espectáculo

Domingo 29 de marzo de 2009
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Apertura de la temporada de Buenos Aires Lírica con La traviata, con música de Giuseppe Verdi y libreto de Francesco Maria Piave, según La dame aux Camélias, de Alejandro Dumas (h). Con Coro (dirección: Juan Casasbellas) y Orquesta de Buenos Aires Lírica. Dirección musical: Carlos Vieu. Régie: Pablo Maritano. Escenografía: Diego Siliano. Coreografía: Cecilia Elías. Vestuario: Sofía Di Nunzio. Iluminación: Gonzalo Córdova. Cantantes: Ivanna Speranza, Arnaldo Quiroga, Omar Carrión, Vanina Guilledo, Gustavo De Gennaro, Caudio Rotella, Ernesto Bauer, Walter Schwarz, Rocío Arbizu, Fermín Prieto y Enzo Romano. En el Avenida. Funciones: hoy, a las 18; martes, jueves y sábado, a las 20. Nuestra opinión: muy buena

Nada es fácil en el arte verdadero; ni aun en las obras que han sido concebidas y realizadas con espontánea fluidez como en el caso de La traviata , cuyo solo nombre aun hoy puede convocar multitudes y llenar teatros, tal como ocurrió en la apertura de la temporada de Buenos Aires Lírica. Pero sus intérpretes y realizadores no pecaron de ligereza y fueron conscientes de los riesgos que presenta la enorme popularidad de la obra. Con la versión ofrecida en esta oportunidad, el público porteño sintió reverdecer -sin lugar a dudas- su fervor lírico ante un espectáculo de muy buena calidad.

La puesta en escena acentúa, desde el primer acto, los aspectos mundanos y exteriores del drama verdiano, con un enfoque actualizado en cuanto a escenografía y vestuario, aunque a veces con una modernidad artificiosa. En lo esencial, la versión ofrecida va acentuando progresivamente los aspectos humanos más íntimos del drama de cada uno de los tres personajes centrales. El prólogo, abordado por la orquesta con propiedad interpretativa, recreó la atmósfera espiritualizada que Giuseppe Verdi antepone al drama de Violetta Valery. En esta oportunidad, el exigente papel de la heroína recayó en la soprano Ivanna Speranza, quien no alcanza a tener la especificidad vocal requerida, aunque sus vertiginosas coloraturas en el registro agudo harían palidecer a más de una soubrette . Sin embargo, poseyó suficiente ductilidad escénica y vocal para aportar calidez lírica en el segundo acto, y sensible dramatismo en el conmovedor desenlace final, particularmente al abordar "Addio, del passato bei sogni ridenti".

Otro papel exigido resultó en esta oportunidad el de Alfredo Germont (Arnaldo Quiroga), algo tenso en el primer acto, vocal y escénicamente, pero mejorando notoriamente en el segundo.

Debe consignarse, asimismo, que si bien fue efectiva la intervención orquestal, fue notorio al comienzo el desnivel sonoro entre el foso y la escena en detrimento de las voces y aun del excelente desempeño del coro. Resultó encomiable en varios aspectos el desempeño del veterano Omar Carrión (Giorgio Germont), verdadera síntesis de profesionalismo y calidad vocal y escénica. Exhibieron buenas voces, en breves intervenciones Ernesto Bauer (Barón Douphol) y Walter Schwarz (Doctor Grenvil), así como buen desempeño Vanina Guilledo (Flora). El resto del elenco cumplió con corrección.

Héctor Coda

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