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"Trato de aventurarme por territorios desconocidos"

Domingo 29 de marzo de 2009
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"Yo quería tener un bastidor. Tenía 5 años y veía a mi madre dando clase ante un grupo de mujeres que se sentaba alrededor de una gran mesa redonda. Pero lo importante era que cada una de ellas tenía un bastidor y yo las envidiaba", recuerda la artista textil Vanina Bujalter.

"En realidad, pese a mi corta edad, las hebras y yo éramos viejas amigas. Desde que di mis primeros pasos, me enredaba y jugaba con ellas en el taller de mi madre. Finalmente, mi padre me hizo un bastidor y Mimí, mi madre, comenzó a enseñarme el milenario arte del tapiz. Desde un comienzo me sentí una rebelde: quería modificar todo lo que iba aprendiendo, incluso encontraba cierto gusto por hacer las cosas al revés de como me las enseñaba. Mi madre tuvo mucha paciencia conmigo", ríe.

Bujalter es licenciada en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Con su madre, la artista textil Mimí Bujalter, estudió técnicas textiles clásicas y modernas, teñido de fibras, técnicas de fieltro y papel hecho a mano. Desde 1982 está dedicada a la enseñanza y la investigación de técnicas de telar y la producción de géneros artesanales. Tuvo a su cargo los cursos de tapiz tradicional, moderno y experimental, y el taller de telar del Museo de Motivos Argentinos José Hernández. En 2004 fue nombrada Sister Member de la asociación Weave a Real Peace (WARP), con sede en la ciudad de Oklahoma, Estados Unidos, entidad dedicada a apoyar actividades relacionadas con el ámbito textil en países emergentes. En 2005 obtuvo el premio adquisición en el rubro textiles en la primera Bienal de Artesanías de Buenos Aires.

"Uno de los temas de fondo era la lucha del arte textil por lograr un espacio junto a las llamadas bellas artes, pintura, dibujo, escultura. No era fácil, había un gran desconocimiento y para algunos teóricos el arte textil no podía ser considerado arte, no era otra cosa que una artesanía que no era digna de estar en un salón nacional."

-¿En qué consistía la rebeldía?

-Dicho así suena fuerte. Como si una fuese una anarquista del arte textil. Sin embargo, lo mío no era raro, es el camino que sigue todo artista que quiere hacerse realidad. Una necesidad profunda de encontrarse a sí mismo, experimentar lo distinto, crear un mundo nuevo. No todos lo logran, pero en el fondo la meta es ésa. Claro, una tropieza con mandatos y normas que, si bien pueden encerrar experiencia y sabiduría, también, a veces, son caprichosos. Sin embargo, como artista textil trato de aventurarme por territorios desconocidos, de romper barreras, y así voy encontrando el sendero. Es un cuento de nunca acabar.

-¿Territorios desconocidos? ¿Cuáles?

-Partiendo del concepto de que todo lo que sale del telar no tiene que ser necesariamente algo rústico, ver otras posibilidades. Como producir un género para un tailleur u otros elementos de uso cotidiano, carteras, chales. Descubriendo y experimentando con materiales nuevos. Creo que vivimos un momento propicio porque hay tapices hechos con cañas flexibles, alambres, plásticos, papel, collage. Al mismo tiempo, el uso de nuevos materiales lleva necesariamente a modificar las técnicas. La máquina, el telar, es siempre la misma, pero una tiene que hacer que esa máquina procese un material para el que no está preparada. Eso significa largas jornadas de experimentos, porque el arte textil es muy lento. Cuando uno ve una obra premiada hay que imaginar que su realización pudo llevar un año o más, de noches y noches sin dormir.

-¿Cómo era su madre como maestra?

-Buenísima. Entre paréntesis, mañana, junto con otras grandes artistas del arte textil, inaugura una muestra que se llama, precisamente, Las precursoras , con motivo de la quinta Bienal Internacional de Arte Textil. Mimí fue mi primera maestra, pero en la manera de proyectar el trabajo somos completamente distintas. Yo soy muy minuciosa y hago prolijos proyectos donde casi nada queda librado al azar. En cambio, ella apenas desarrolla sus ideas, las va creando y modificando directamente en el telar, no le teme a los imprevistos. Hay una frase muy suya que me acompaña desde siempre: "¡Dejá el cuaderno y el lápiz y ponete a hacer!", que sintetiza esa actitud.

-¿Por qué estudio Psicología?

-Cuando terminé el secundario sentí la necesidad de seguir una carrera universitaria, y Psicología me interesaba particularmente. Nunca me arrepentí de haberla cursado, aunque prácticamente nunca la ejercí. Pero la Universidad me dio muchas cosas, tuve buenos profesores con una preocupación especial para que aprendiéramos a pensar por nosotros mismos. Además, vivir el ambiente universitario, intercambiar ideas con mis compañeros fue muy positivo para mí.

-Usted es docente. ¿Un consejo para los futuros artistas textiles?

-Que mantengan una mente abierta, pero que también estudien profundamente las técnicas tradicionales para tener una buena base y poder volar alto. Siempre pienso en el bailarín que estudia la técnica de la danza clásica para descomponer el movimiento y así comprender los mecanismos básicos del arte y poder modificarlos.

-¿Logró el arte textil encontrar su espacio?

-Falta todavía, pero se avanzó mucho y el hecho de que la quinta Bienal Internacional de Arte Textil, convocada por la World Textil Art, se realice en el Palais de Glace, en Buenos Aires, es algo más que un buen síntoma.

Luis Aubele

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