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La risa caústica de los nuevos héroes

Sábado 04 de abril de 2009
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LA NACION

En un diálogo imaginario, Oscar Wilde hubiera dicho que "el cinismo consiste en ver las cosas como realmente son, y no como se quiere que sean". Y Stevenson le hubiera respondido con un revés: "Odio al cinismo más que al diablo, a menos que ambos sean la misma cosa".

La primera acepción del Diccionario de la Real Academia Española vincula el cinismo con el descaro de defender ideas y acciones deplorables. Sin embargo, el cinismo es una ideología moderna, la armadura que algunos hombres vulnerables e individualistas eligieron para defenderse de las mentiras colectivas, los dogmas blindados y las llagas que produce la desilusión política. El cinismo parte de la desesperanza frente a las religiones, los patrioterismos, las ideologías, las estéticas y obligaciones del consumo, los discursos políticamente correctos y otros malestares culturales de la vida actual en esta sociedad del conocimiento, donde se da esta increíble paradoja: cuántas más verdades se detectan, más sentido de la mentira global se tiene. El cinismo es hijo de la enfermedad de no creer en nada. Mal de época que proviene a su vez de haber creído y de haber salido escaldado de ese ardor, y que es a un mismo tiempo un traje de amianto que nos protege y un salitre que nos corroe.

El doctor House, protagonista de la gran serie del momento, es un héroe cínico y por lo tanto, produce una inmediata identificación en amplios sectores de público de la aldea global. No es el único ejemplo de héroe imperfecto y socarrón, que lucha contra el sentido biempensante, escandaliza con su desparpajo y desvergüenza, y que jamás desciende al sentimentalismo ni mucho menos al chantaje emocional o ideológico de los discursos enaltecedores. Pero es un paradigma de esa nueva clase de héroes.

Cuando mi generación jugaba con soldaditos de plástico, lo hacía con vaqueros, soldados de la Segunda Guerra Mundial y granaderos a caballo. Era una lucha sin matices entre buenos y malos. No sabíamos todavía ser cínicos porque aún no habíamos sido derrotados. En Sábados de Cine de Super Acción , Bogart se reía cínicamente de todo, pero al final terminaba mostrando su noble corazón y ayudando a las fuerzas del bien. El Zorro era un idealista, pero El Santo era un poco cínico. Batman no lo era y tampoco lo fue después, a pesar de los sufrimientos psicológicos a que lo sometieron las nuevas generaciones de directores. Los héroes de los años 90 se van volviendo con el tiempo más y más oscuros, y al final pegan una vuelta y se vuelven directamente malos simpáticos, con cuotas cínicas. La televisión norteamericana, que pasó por arriba al cine, parió en los últimos años series magníficas de un cinismo creciente: Amas de casa desesperadas , Sex and The City y sobre todo, Los Soprano . Hay muchas más. Y en algunas de ellas actúan todavía personajes con valores y buenas conciencias, pero siempre los acompañan o se les asoman arquetipos cínicos irresistibles. En Dr. House esos rasgos marginales se convierten en protagónicos.

Nunca un héroe médico había llegado a tanto. Desde los doctores Kildare, Ben Casey y Gannon, y los muchachos de ER , la profesión humanitaria por excelencia siempre estuvo retratada con cierto puritanismo. Es House quien rompe el molde y hace saltar al héroe médico de lo sagrado a lo profano. Lo hace emulando la "ciencia del razonamiento deductivo" de Sherlock Holmes y encandilando por igual al público de masas y a los intelectuales.

Cuando me enteré de que Daniel Guebel, uno de los más interesantes escritores argentinos de este momento, no se perdía un capítulo de la serie, le pedí que escribiera una nota de tapa sobre el personaje. Guebel publicó novelas intensas como Nina , El terrorista y Derrumbe , es un narrador vanguardista de una mirada cínica pero enternecedora. También Guebel se defiende del fuego perverso de la vida, del desengaño frente a las devastaciones impiadosas de la naturaleza humana, con esa capa de cinismo irónico que lo hace tan agudo y divertido.

Luego llamamos al ensayista Ángel Faretta, un católico poco ortodoxo que de cínico no tiene nada, para que nos explicase la metamorfosis de la figura del héroe según pasan los años.

El cinismo político es indefendible, pero sus filamentos humorísticos son arte, estilo y filosofía de vida. Tal vez porque, como decía el gran Somerset Maugham, "en tiempos de hipocresía, cualquier sinceridad parece cinismo".

jdiaz@lanacion.com.ar

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