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El desconcierto de la familia posindustrial

El amor y el cuidado, cimientos de la vida social, hoy suscitan grandes interrogantes en el núcleo familiar, sostiene la autora, socióloga estadounidense, en La mercantilización de la vida íntima (Katz Editores). Aquí, un anticipo del libro

Sábado 11 de abril de 2009

Por Arlie Russell Hochschild Traducción: Lilia Mosconi

Dice la sabiduría popular que quien recorra sin brújula un largo trecho de espesura virará gradualmente hacia el costado, andará en círculos y terminará en el mismo lugar desde donde partió. Cuando extendí estos ensayos por primera vez sobre la alfombra azul de mi estudio, desde el que pensaba incluir en primer lugar hasta el que acababa de redactar, había trazado ese círculo. En su centro está la idea de que el amor y el cuidado, los verdaderos cimientos de cualquier vida social, hoy suscitan gran desconcierto en los Estados Unidos. Cuidamos a otras personas, pero... ¿por qué lo hacemos? ¿Nos motiva el deseo personal o la obligación? ¿O una mezcla de ambos? ¿Están esos motivos ligados a la familia, o algo por el estilo? ¿A la amistad, o algo por el estilo? ¿Nos motiva el orgullo cívico, la devoción a Dios, la dignidad profesional o el deseo de ganar dinero? Por otra parte, ¿qué ocurre cuando cambian las instituciones donde se afirman esos lazos? Por ejemplo, cuando se aligeran o cambian los lazos familiares en los Estados Unidos, el Estado retira su apoyo a los pobres, las empresas recortan los beneficios y reducen la seguridad laboral o se expande el sector económico de las personas y las instituciones que brindan cuidados con la inclusión de trabajadores provenientes de todo el globo, ¿qué enredos, desconexiones y sorpresas -en apariencia inconexos- surgen en las expresiones diarias de amor y cuidado y en nuestros sentimientos relacionados con esas expresiones? Cuando una niñera tailandesa que trabaja en Redwood City, California, me dice que quiere más a los niños estadounidenses a su cuidado que a los hijos que dejó en Tailandia, ¿debo encontrar allí el ejemplo de un país rico que "extrae" de un país pobre el valioso metal del amor? Y si así fuera, ¿con qué lazos sociales de amor y cuidado cuentan los hijos de esa niñera?

Emoción, género, familia, capitalismo, globalización: ésos son los temas. Pero invito al lector a que utilice todas las ideas incluidas en ellos para dilucidar qué cosas influyen en el destino del amor y del cuidado. He ahí la pregunta que ocupa el centro del círculo.

Lazos. Madonna y sus hijos Lourdes, Rocco y David Banda
Lazos. Madonna y sus hijos Lourdes, Rocco y David Banda.

A lo largo de los últimos veinte años hemos presenciado el ensanchamiento de un vacío en torno al cuidado. Los sistemas informales de cuidado familiar se han vuelto más frágiles, inciertos y fragmentarios, en tanto que las nuevas formas institucionales no se han implementado de manera universal ni son uniformemente humanitarias. También la estructura general de la sociedad estadounidense es ahora menos cuidadosa: se ha profundizado la brecha entre las clases sociales, y las grandes corporaciones emplean y despiden trabajadores obedeciendo cada vez más a la demanda del mercado. [...]

En efecto, a pesar de la escalada que se produjo en la retórica pública del cuidado, cada vez nos planteamos más preguntas angustiantes en torno a sus realidades prácticas. Algunas preguntas atañen a la ayuda informal ofrecida por la familia y los amigos. ¿Quién es el "papá real" en la vida de un niño, el padre o el padrastro? ¿Los abuelos principales son los padres del ex marido, o el niño recurre ahora a los padres del nuevo marido? Si un padre cumple extensos horarios de trabajo, ¿cómo comparte el cuidado de su madre anciana con sus hermanos, su esposa y el asistente domiciliario? ¿Un niño de 12 años debe quedar al cuidado de un vecino, o ya tiene edad suficiente para quedarse solo en casa hasta que sus padres regresen del trabajo? Dadas las nuevas presiones laborales, ¿cuándo pueden regresar al hogar los padres y las madres que trabajan?

Cuando reemplazamos el cuidado familiar por cuidado pago, ¿qué podemos hacer para que éste funcione bien desde el punto de vista humano? A medida que la familia "artesanal" se transforma en una familia posindustrial, las tareas que antes se llevaban a cabo en el interior del núcleo familiar se confían cada vez más a especialistas externos: cuidadores de niños y de personas mayores, enfermeros, profesores de colonias de vacaciones, psicólogos y, entre los más ricos, choferes, ensambladores de álbumes familiares y animadores de fiestas de cumpleaños. Cada vez producimos menos cuidado familiar y cada vez lo consumimos más. En efecto, cada vez es más común que "cuidemos" mediante la adquisición del servicio o el objeto apropiados.

En tanto que muchas formas de cuidado pago constituyen grandes adelantos en relación con el cuidado informal de ayer, el servicio de cuidado pago plantea cuestiones acuciantes. ¿No nos molesta la posibilidad de que el bebe le diga su primera palabra a la niñera y que la abuela diga la última cuando está con el enfermero domiciliario? ¿Cómo reconciliamos el asombro reverencial que nos producen esos momentos con la vida moderna, sus exigencias laborales, su igualdad de los sexos y su particular estructuración del honor? He ahí la cuestión primordial.

Muchos de los ensayos que integran el presente libro apuntan a captar y magnificar momentos del círculo que rodea esta cuestión. Un niño escucha que su padre o su madre contrata una niñera por teléfono. Un hombre pretende que su esposa se muestre más agradecida porque él se ha ocupado de lavar la ropa. Un libro de autoayuda le aconseja a esa mujer que deje a su marido. Los momentos de la vida privada en que se producen conflictos o confusiones respecto del cuidado suelen guardar relación directa con presiones contradictorias que ejerce la sociedad en general. A veces, dichas presiones se originan en un lugar y se manifiestan en otro, como ocurre con el llamado "dolor reflejo". Así como un dolor de pierna puede originarse en una hernia de disco lumbar, es posible que un vínculo dolorosamente resentido entre padres e hijos sea consecuencia de una aceleración corporativa o una racionalización gubernamental. En nuestros momentos de desapego y descuido, cada vez sentimos más el dolor reflejo del capitalismo global que avanza sin que nada lo detenga.

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