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Relaciones ambiguas

La red social Facebook cambió la forma de comunicación en la Web. Creada hace cinco años, ya tiene 200 millones de usuarios. Sin embargo, su crecimiento acelerado genera cuestionamientos

Domingo 12 de abril de 2009

Cuando Facebook registró a su miembro número 100.000.000 en agosto último, sus empleados ocuparon dos parques de Palo Alto, California, para disfrutar de un inmenso asado. Ahora, esta empresa fundada hace tan sólo cinco años, en un dormitorio estudiantil de Harvard, ya tiene 200.000.000. Pero los ejecutivos de Facebook dicen que no están planeando celebrar este último hito de ninguna manera significativa. Es que quizá no sea un buen momento para festejar.

No obstante, sea como sea que se mida, el crecimiento de Facebook es un gran logro. El equipo de Mark Zuckerberg, el cofundador y CEO, de 24 años, registra casi un millón de nuevos miembros por día y, ahora, más del 70% de los usuarios del servicio viven fuera de los EE.UU., en países como Italia, la República Checa e Indonesia. Las filas de Facebook en esos países se engrosaron el año pasado cuando la compañía presentó el sitio en los respectivos idiomas.

Facebook promete cambiar la forma en que nos comunicamos de manera aún más fundamental, en parte mapeando y vinculando gente digitalmente en el espacio y el tiempo, permitiéndoles compartir públicamente muchos elementos que a menudo son muy personales.

A diferencia de los motores de búsqueda, que rastrean hábilmente presencias destacadas en Internet, Facebook reconecta gente común con viejos amigos y fortalece los vínculos con nuevos conocidos.

Pero mientras avanza a toda marcha, Facebook tiene que desviarse de su camino para componer relaciones con usuarios como Liz Rabban, una agente inmobiliaria de 40 años, de Livingston, que se registró en el sitio en noviembre de 2007 y se conectó rápidamente con 250 amigos, con los que pasaba horas en el sitio todos los días. Ahora protesta: "Los cambios en el diseño de Facebook son para gente demasiado joven. No responden a mis necesidades".

Rabban no está sola. Más de dos millones y medio de personas que disienten se han sumado a un grupo en el propio sitio de Face­book llamado Millones contra la nueva diagramación y los términos de servicio de Facebook . Otros atacan los cambios en sus propias actualizaciones, que ahora, paradójicamente, se distribuyen de manera mucho más visible a todos sus amigos de Facebook.

Los ejecutivos de la firma sostienen que los cambios buscan hacer que el acto de compartir -no sólo información sobre sí mismos, sino lo que la gente está haciendo en el momento- sea más fácil, más rápido y más urgente. Chris Cox, de 26 años, director de productos de Facebook y hombre de confianza de Zuckerberg, imagina a los usuarios anunciando adónde van a ir a comer cuando dejan sus computadoras, de modo que sus amigos puedan ver su actualización y se le unan. "Ese es el tipo de cosas que no son significativas cuando se anuncian 40 minutos después del hecho", dice.

S. Shyam Sundar, codirector del Media Effects Research Laboratory de la Universidad del Estado de Pensilvania, dice acerca del dilema de Facebook: "Esta es una tecnología cuyo rasgo inherente es generar una comunidad, y ha llegado al punto en que los miembros de esa comunidad se sienten no sólo con derecho, sino con poder para cuestionar". Aunque Facebook está dispuesto a dar voz a los usuarios, no necesariamente quiere escuchar esa voz.

"No es una democracia -dice Cox-. Estamos aquí para construir un medio de Internet para comunicarse y creemos que tenemos suficiente visión para hacer eso y ser los encargados de cuidar esa visión."

Unir a grupos dispares en un solo servicio de Internet va en contra de las conclusiones de 50 años de investigaciones sociológicas sobre lo que se conoce como "homofilia", la tendencia de los individuos a asociarse sólo con gente de edad y etnia similar y que piensa de modo parecido.

El inmenso crecimiento de Facebook está creando colisiones inevitables, al adquirir la noción de "amigo" un significado altamente elástico. La mayoría de los usuarios de Facebook no usan los recursos de privacidad; la compañía estima que sólo el 20 por ciento de sus miembros lo hace.

Otros problemas son más complicados, especialmente entre verdaderos amigos y miembros de una misma familia. ¿Cómo puede Facebook seguir siendo un lugar para adolescentes que comentan lo que hicieron el sábado por la noche, cuando también es el lugar en que sus padres intercambian consejos sobre inversiones con viejos amigos? He ahí la cuestión.

Por Brad Stone (The New York Times) (Traducción de Gabriel Zadunaisky)

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