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Células madre y el derecho a la vida

Hallar un punto de encuentro entre principios éticos irrenunciables y avances científicos es un deber de toda sociedad

Jueves 09 de abril de 2009
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El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, adoptó hace algunas semanas una decisión sumamente polémica, vinculada con el financiamiento de aquellas investigaciones científicas de uso terapéutico que se concretan mediante la utilización de células madre provenientes de organismos humanos vivos.

En agosto de 2001, el presidente George Bush dictó una norma que prohibía financiar con fondos públicos cualquier estudio que incluyese la utilización de células madre. Tal prohibición se basaba en la idea generalizada de que el Estado no puede ni debe apoyar económicamente el uso de esa clase de células, ya que si lo hiciera estaría avalando, entre otras cosas, la destrucción directa o indirecta de embriones humanos. Obama ha decidido la derogación de la norma prohibitiva general dictada por Bush.

Por supuesto, ningún Estado podría aprobar procedimientos científicos que incluyesen la destrucción sistemática de embriones humanos y menos a la luz del resultado obtenido tras las investigaciones del Proyecto Genoma Humano, realizado por los 14 países más desarrollados del mundo y por dos laboratorios especializados. En junio de 2007, luego de diez años de trabajo, se conoció la resolución final del mencionado Proyecto, en la cual se dejó constancia de que la vida humana se inicia en el momento mismo de la concepción, es decir en el instante en que se produce el contacto de membranas y la penetración del espermatozoide en el óvulo. Por lo tanto, no se puede poner en duda que la condena a la destrucción sistemática de embriones tiene que ver con el derecho a la inviolabilidad de la vida humana desde la concepción.

Resulta poco entendible, en tal sentido, que nuestro ministro de Ciencia, Técnica e Innovación Productiva haya avalado la decisión de Obama sin reservas ni reflexiones de ninguna clase, y sin reparar en los valores trascendentes que están en juego detrás de las investigaciones basadas en el uso indiscriminado de células madre.

Por otra parte, sería absurdo desconocer las inmensas perspectivas que abre a la medicina el uso regenerativo de las llamadas células troncales. En la actualidad, las investigaciones científicas están logrando resultados valiosos mediante la utilización de células madre provenientes de personas adultas. Por lo demás, en el derecho a la inviolabilidad de la vida humana no se puede dejar de incluir la defensa de los múltiples procedimientos científicos imprescindibles para afrontar con éxito la lucha contra enfermedades que afectan a todas las poblaciones del mundo.

Tampoco podría ser ignorado el choque que puede llegar a producirse entre los más altos principios y valores éticos que sustenta una sociedad, y las circunstancias concretas y dolorosas en que se desarrolla, a menudo, la vida de vastos contingentes humanos. Desde esa perspectiva, ha sido importante la advertencia del presidente Obama de que su gobierno trabajará intensamente en la producción de guías y variables estrictas que permitan asegurar el éxito de las investigaciones en marcha sin dañar las convicciones éticas de muchos sectores que cuestionan el trabajo con células de origen embrionario.

La vida de un hombre, como la vida de una nación, no habrá de resolverse nunca con criterios provenientes de concepciones absolutistas o de reduccionismos intransigentes, sino con la flexibilidad y el equilibrio que están en la base de todo procedimiento científico y de toda elucubración racional. Esto no invalida el reconocimiento de que existen en la vida de los hombres concepciones superiores y principios éticos irrenunciables. Debemos aceptar que la verdad humana estará siempre en un punto del camino que diariamente recorremos y hacia el cual habrán de conducirnos siempre la esperanza y el deseo de una vida mejor. Alcanzar ese punto de encuentro es el deber último de cada ser humano y de cada sociedad.

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