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El libro del futuro ya está aquí

La revolución digital, que ya llegó a la industria editorial, parece imparable. Dispositivos con pantallas más cómodas de leer, con más capacidad de almacenaje y conexión a Internet vinieron para replantear nuestra relación con los libros

Domingo 19 de abril de 2009

Cuando nos dicen que en pocos años vamos a leer en libros electrónicos no es de extrañar que la mayoría de los lectores rechace la idea. Su experiencia de lectura en pantallas se limita a la de una computadora, que resulta muy incómoda debido a la intensidad de luz que emite su pantalla y que nos hace acabar la jornada laboral con la vista cansada de leer y de escribir correos electrónicos. Si ya tiene mérito leer apretujado entre decenas de personas en el subte o en un colectivo de vuelta a casa, no sorprende que los lectores abominen la idea de leer a su autor favorito en un ordenador, por muy pequeño y portátil que sea. Afortunadamente, hacerlo en un libro electrónico no tiene nada que ver con la agotadora lectura en computadora.

Las pantallas de los libros electrónicos permiten leer los textos digitales con luz direccional, es decir, su lectura es igual de amable y cómoda que cuando leemos un libro o un diario. Estos nuevos soportes cuentan con una tecnología, conocida como tinta electrónica, que permite disfrutar de la lectura tanto como cuando se lee una novela en papel. Algunos lectores estarán ya pensando que no hay nada que sustituya al placer de leer en papel: la textura de sus hojas, el pasar página, el olor... Sin lugar a dudas, esas experiencias nunca serán sustituidas por los libros electrónicos, pero estos nuevos soportes brindan otras comodidades.

Por ejemplo, si nos hemos olvidado los anteojos en casa, podemos ampliar el cuerpo de la letra y continuar leyendo. También permiten hacer anotaciones al margen y subrayar frases o palabras, igual que en los libros de papel. Sin tener que interrumpir la lectura se puede acceder al diccionario para consultar un término, y también se puede escuchar música mientras se lee. Además, como todo buen dispositivo electrónico, permite almacenar miles de libros, fotos y canciones en una biblioteca digital personal. Al igual que antes nos íbamos de vacaciones con un montón de libros en la valija que luego no teníamos tiempo de leer, hoy en día salimos de casa cargados de gigas (con la ventaja de que no pesan) con todo tipo de contenido digital almacenado en un e-book o en un celular y, probablemente, sin tiempo para consultarlo. Algunas cosas no cambiarán nunca.

La excelente acogida que ha tenido en los mercados anglosajones la nueva generación de libros electrónicos (Kindle, de Amazon; E-Reader, de Sony; Digital Reader, de I-Rex, entre otros) ha generado un intenso debate entre los defensores a ultranza del libro en papel y los apocalípticos tecnológicos. Las partes del debate están pasionalmente enfrentadas, dando a entender que en esta batalla sólo habrá espacio para un ganador. Unos declaran la muerte del libro de papel en pocos años; otros señalan, con cierta soberbia, que los libros electrónicos siempre han fracasado.  Los defensores del papel recuerdan que intentos similares de comercialización de libros electrónicos, como los eReaders de Palm o el Rocket, no lograron tener demasiado éxito de mercado y que, por tanto, la nueva generación de e-books también fracasará.

La historia demuestra que este debate es estéril, puesto que ambas tecnologías convivirán. Así como ahora utilizamos a lo largo del día diferentes soportes de escritura, también leeremos de formas diversas. Para cierto tipo de tareas, como escribir una novela o una tesis, utilizamos una computadora, mientras que para tomar notas o anotar algo en una agenda recurrimos a un bolígrafo o un lápiz. Incluso todavía quedan románticos que escriben con estilográfica. Lo mismo ocurrirá con nuestros hábitos, que están ya cambiando gradualmente con la irrupción de las nuevas tecnologías. Mientras que algunos lectores preferirán leer un libro en papel, otros se utilizarán su e-book para disfrutar de una novela. Los libros en papel nunca desaparecerán, aunque en pocos años las librerías, bibliotecas y editoriales ofrecerán todo su catálogo de libros en formato digital.

Cambio de hábitos

Nadie en el mundo cultural hubiera pensado que el modelo de negocio de las editoriales del siglo XXI iba a ser definido por un librero. Al igual que el lanzamiento del primer iPod de Apple en 2001 marcó un antes y un después en el sector discográfico, la apuesta en firme de Amazon -una librería virtual con más de 55 millones de clientes- por un mundo lleno de libros electrónicos está transformando los hábitos de búsqueda, compra y lectura de libros. El 9 de febrero último se presentó la esperadísima segunda versión del Kindle, tras vender más de 500.000 unidades del anterior dispositivo.

No sólo se ha mejorado el diseño del aparato, sino que también se han añadido nuevas funciones que hacen la lectura más agradable. A través de una pantalla plana del tamaño de un libro de papel y con un peso inferior a 300 gramos, los lectores tienen acceso a más de 245.000 libros digitalizados por menos de ocho euros cada ejemplar. El nuevo Kindle permite almacenar en su memoria alrededor de 1500 libros, lo que significa que a partir de ahora podremos llevar encima toda nuestra biblioteca personal. Además, permite la conexión a Internet para leer periódicos digitales, blogs, o para hacer consultas en Wikipedia.

De las nuevas funciones, una de las más comentadas y polémicas es la de texto de voz, una tecnología que hace posible que los textos de los libros digitales puedan ser leídos por el propio dispositivo en voz alta. Imagínese que vuelve a casa en tren tras una larga jornada de trabajo, saca su e-book para disfrutar de una novela, pero no logra concentrarse en la lectura porque el viajero de al lado es el clásico pesado que no para de hablar por el móvil. Gracias a la nueva función de Kindle puede evadirse con la lectura oral de su novela y dejar de escuchar al maleducado compañero de viaje. Piensen en la cantidad de posibilidades que ofrece esta nueva herramienta: aprender idiomas, practicar fonética...

Cada día salen al mercado más modelos de e-readers con todo tipo de funciones y precios más bajos. El último lanzamiento de Sony, el PRS-700, es un lector ultrafino con pantalla táctil y funciones de búsqueda y anotación incorporadas no vistas antes. Los modelos iLiad y Digital Reader, de la compañía I-Rex, representan la gama alta, aunque eso se traduzca en un precio por encima de la media. La compañía Fujitsu ha anunciado a su vez el lanzamiento del primer dispositivo dotado de una pantalla en color a un precio aproximado de 780 euros, más del doble de lo que cuestan los otros dispositivos mencionados. Fictionwise ha firmado recientemente una alianza con PlasticLogic para empezar a vender el próximo año un dispositivo electrónico tan fino como una hoja de papel. Este nuevo papel-lector podrá ser enrollado e introducido en un bolso o una mochila, tal como hacemos hoy en día con un diario.

Las cifras de ventas en varios países demuestran que hay una creciente demanda por este tipo de lectura. Mientras que la crisis financiera hace tambalear los ingresos de las librerías tradicionales -las ventas de libros en papel cayeron alrededor de un 5% en 2008-, parece ser que la venta de libros electrónicos en Estados Unidos continúa consolidándose. El último informe del Foro Internacional de Edición Digital (IDPF) señala que la venta de libros electrónicos experimentó un crecimiento del 69% en 2008.

Si leer en un e-book no acababa de convencer al lector tradicional de libros y ha generado un intenso debate entre los amantes de las letras, la idea de leer un libro o un diario a través de la pantalla de un móvil generará un rechazo aún mayor entre los escépticos. Pero lo cierto es que editoriales como MacMillan o Penguin, y los grandes medios de comunicación, están ofreciendo sus contenidos a través de los teléfonos celulares. Los resultados obtenidos por las editoriales en los proyectos piloto con tecnología móvil han superado todas las expectativas. Amazon acaba de lanzar una aplicación gratuita que permite a los 13 millones de usuarios de teléfonos móviles iPhone de Apple descargar y leer en pantalla cualquiera de los 250.000 libros digitales que tiene en su librería virtual. A través de la tecnología Android, de Google, los lectores podrán consultar el contenido de los más de siete millones de libros escaneados en su buscador a través de la lectura del código de barras (ISBN) de los mismos. Todo parece indicar que el celular se convertirá en el soporte principal de acceso a la información y a la lectura de todo tipo de contenidos, incluidos los libros.

Los libreros y editores están preocupados por el impacto que está teniendo la crisis en el sector (descenso en las ventas, cierre de librerías, avalancha de devoluciones, quiebra de distribuidoras, etcétera), pero no deben olvidar que la principal repercusión que tendrá la crisis es que acelerará la transformación hacia un mundo digital. El cambio ya está en marcha.

Por Javier Celaya (© EL PAIS) revista@lanacion.com.ar

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