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La foto que hizo historia también salvó una vida

La imagen es uno de los íconos del siglo XX

Jueves 23 de abril de 2009
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Daniel Merle LA NACION

Hay que apuntar la cámara al medio de la escena y disparar varias veces. Esa es la fórmula básica que todo fotógrafo de prensa aplica cuando una situación de emergencia no le permite pensar ninguna alternativa mejor. Y si duda ante lo que ve, hay que disparar igual.

Es probable que el fotógrafo vietnamita Nick Ut haya seguido esta regla no escrita al encuadrar en el centro del visor de su Leica a la pequeña Kim Phuc, de 9 años, que huía no ya de su aldea incendiada si no del insoportable dolor de su propio cuerpo atormentado por el napalm.

La niña desnuda corre con los brazos abiertos y parece estar mirando al fotógrafo. A partir de esa conexión entre ellos (y entre ellos y el observador) se desarrolla la totalidad del drama. Por la izquierda avanza el hermano mayor de Kim Phuc. Detrás de él, el hermano menor, de cinco años, mira hacia los soldados, que caminan lentamente. La escena se completa sobre la derecha con los dos niños tomados de la mano que también avanzan hacia la cámara.

El estremecimiento que provoca la visión del sufrimiento de estos chicos aumenta por el contraste con la actitud pasiva e indiferente de los soldados survietnamitas que acompañaban la evacuación de Trang Bang, a 25 kilómetros de Saigón, aquella mañana de 1972. Los demás fotógrafos que avanzaron junto a Nick Ut hacia el pueblo en ese momento no pudieron registrar la escena. Ya habían disparado hasta el último fotograma y recargaban película en el momento más inoportuno. No eran épocas de cámaras digitales.

Nick Ut logró uno de los íconos visuales de la historia mundial del siglo XX. Los medios de comunicación se encargaron luego de transformarlo en un estereotipo de las consecuencias indeseables de los conflictos armados: la inocencia infantil bajo el tormento indiscriminado de las bombas.

Los artistas también se apropiaron de esta imagen. Recortaron el cuerpo sufriente de la niña y lo reubicaron entre personajes de Disney. O recrearon la escena de mil maneras distintas, donde los protagonistas ríen en vez de llorar. Le agregaron color, hicieron collages , pinturas de caballete, afiches, grafitis.

Pero fue Nick Ut, el hombre detrás de la cámara, quien vació su cantimplora de agua sobre el cuerpo hirviente de la pequeña Kim y permaneció a su lado hasta que llegó al hospital más próximo, cerca de Saigón.

La trascendencia documental de una fotografía no sólo se basa en la cantidad y en la importancia de la información que transmite sino también en la lectura que de esa imagen se hace a través del tiempo y de las consecuencias efectivas sobre sus protagonistas.

El mismo hombre que capturó la belleza de tanto horror, completó el mensaje con su conducta personal ante el drama. No se salvan vidas tomando fotos. Pero se deja constancia.

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