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Don Julio

Un retrato íntimo sobre fútbol y poder

Domingo 03 de mayo de 2009

Grondona está mirando el cielo parado con las piernas bien abiertas y se toma la boca. Parece que estuviera quejándose a Dios. Tiene sangre en la cara y hay gotas de sangre en el suelo. Así se queda quizás diez segundos. Diez segundos es mucho, mucho tiempo en un caos; la gente empieza a hacerle preguntas a los gritos.

Grondona sale de a poco de su estado de trance. Se inclina para que la sangre no le manche la ropa; toma su pañuelo y se lo lleva a la boca y habla:

-Pero la pucha...

En la intimidad de su oficina, en la sede de la AFA. El desfile de visitas es incesante
En la intimidad de su oficina, en la sede de la AFA. El desfile de visitas es incesante. Foto: Diego Goldberg

La voz sale apagada por el pañuelo y los dientes apretados.

Una pequeña multitud sigue haciéndole preguntas. Alguien levanta su portafolios del piso. Grondona responde a la voz de Nélida, su esposa, siempre a través del pañuelo:

-Y, me caí. Pisé mal.

Está resignado. ¿Estará asustado? Un golpe así a su edad puede ser mortal.

Yo lo vi caer; venía atrás de él. Grondona salía de una cena para centenares en una carpa blanca junto al edificio de la FIFA en Zúrich.

Fue en una salida lateral donde esperaban grandes autos negros. Tomado del brazo de Nélida, Grondona comenzó a bajar una escalera corta. De pronto inició una carrera. Se resbalaba y el instinto se hacía cargo de su cuerpo: con la carrera buscaba ganarle a la fuerza que lo tiraba hacia abajo. El peligro era caer sobre los peldaños. Parecía correr sin pisar los escalones. No era la carrera de un hombre de muchos años y muchos kilos. Parecía que le ganaba a la caída. Pero entró de costado en el cemento de la calle y, por más que extendió un brazo con violencia para enderezar el cuerpo, cayó sobre la panza.

Varios quisieron levantarlo. Era demasiado pesado. El pidió, con un gesto brevísimo de la mano, que lo dejaran; apoyó las manos en el piso como para hacer flexiones y se levantó solo y rápido.

Ahí se puso a mirar el cielo.

* * *

Julio Grondona tiene mucho poder en el fútbol, lo que equivale a decir que tiene mucho poder. De vez en cuando sale alguna investigación periodística que revela parte de su riqueza y reabre sospechas de corrupción. Pero no es apenas su dinero lo que lo convierte en un hombre reconocido y temido, sino su control de un territorio inasible y concreto, donde predominan la pasión y el dinero; el orden depende de dónde le impacte más a uno el deporte rey: el corazón o el bolsillo.

A Grondona el fútbol le impacta primero en otro órgano: el órgano del poder. Los antiguos decían que el hígado controlaba la ira y el corazón los sentimientos; ¿qué órgano está relacionado con el poder? El cerebro, seguro... y los genitales, uno está tentado de decir. El poder es una construcción de la mente, como el sexo. Primero la mente de uno. Después, la mente de los demás. Y es una apuesta a futuro, como la soja en el mercado de Chicago. Vale lo que la mayoría cree que valdrá cuando uno necesite una ayuda o tema un castigo. El poder es futuro. Y Grondona lo sigue ejerciendo a los 78 años.

El poder de Grondona es un poder para conservar las cosas como están. Y es un poder estable. Hace treinta años que conduce la AFA. ¿Quién ha durado más que él en un cargo de mucho poder en la Argentina? Nadie, ni en la política, ni en las organizaciones de la economía, ni en la cultura.

Por eso lo disimula. Cuando los que ejercen el mayor poder político andan a los gritos y usan el verdugueo y la ironía, Grondona sólo levanta la voz o despliega su poder en público por equivocación. "Soy el vicepresidente del mundo...", dijo una vez, acosado por periodistas. Seguro que quiso decir: "Soy el vicepresidente mundial del fútbol", o algo así. Pero Grondona tiene muchos años, y la edad y el cansancio lo hacen hablar de profundis .

* * *

El padre de Grondona -Enrique- era un hombre con poder en Sarandí, satélite de Avellaneda, llanura pampeana casi libre de edificios en los años 30. Había salido de un hogar con alcohol y violencia, y logró poner una ferretería y corralón asociado con un cuñado. Trabajaba de noche; y de día, en una fábrica de jabón. Sólo tenía el tercer grado.

-Fue muy prodigioso.

Grondona aún ve a su padre como lo veía de chico.

-Y era muy querido. Porque prácticamente el barrio de Sarandí -todo el mundo con su casa de dos piezas, cocina y baño, todo en chapa y madera-, prácticamente todo lo hicieron ellos.

La casa paterna no era muy distinta. En los primeros nueve años de su vida Grondona durmió en la misma pieza con cinco hermanos. En 1940 su padre construyó una casa arriba de la ferretería con habitaciones para todos; negocio y casa sobreviven.

El padre le dio el fútbol.

-Yo lo acompañaba a todos los partidos de Independiente.

Y le dio seguridad.

-El vivía para nosotros; había sufrido mucho como hijo. Mi infancia fue muy linda, "porque" fui el primer hijo de seis. (Las comillas son nuestras, claro.)

También le dio un motor sin saberlo.

-Yo lo idolatraba. Iba por la calle con él: "Chau don Enrique, chau don Enrique". A mí me quedó como que era el hijo de don Enrique y me propuse en mi vida, íntimamente, que algún día me dijeran: "No, éste es Julio". Afortunadamente, lo conseguí.

Amor sí, subordinación no. Es más que Julio, es Don Julio.

* * *

Grondona está acostado en una camilla en el austero dispensario de la FIFA en Zúrich. Dos enfermeras le han limpiado la cara y se ve que sólo tiene una herida pequeña en la punta de la nariz, un raspón. La sangre que le manchaba la cara y le ha manchado la camisa era de alguna venita de dentro de la nariz, dice muy sonriente el médico suizo. Nélida, pequeña, rubia, mira de lejos con ojos de angustia, abrazada al portafolios negro de Julio.

Grondona está absorto, pensativo, bajo la fría luz fluorescente, envuelto en el olor de un desinfectante. Se le ven los soquetes y un poco de piel muy blanca. Parece un señor grande y solo en una sala de primeros auxilios de Sarandí, una noche de mala suerte.

Pero, salvo en sus pensamientos, no está solo. Angel Villar, presidente de la Federación Española de Fútbol, está junto a Grondona cuando suena su celular. Es Blatter, el presidente de la FIFA. No han pasado cinco minutos de la caída. Villar asegura una y otra vez que Grondona está bien: nada: un golpe en la nariz. Ningún hueso. Sí, puede hablar; un momento. Blatter quiere estar seguro. Acostado, un celular pequeñísimo en la oreja, Grondona dice:

-No sé, me resbalé. En serio, estoy bien. No hace falta. No mandes nada.

Grondona devuelve el celular y comenta con aire de humildad:

-Está preocupado...

Difícil saber si se disculpa o se jacta. Mañana es un día muy importante en la vida de Blatter, y Grondona tiene reservado un papel irremplazable.

* * *

En enero de 1952 una tragedia familiar lo puso en su destino. Su padre quedó hemiplégico por un derrame cerebral y murió cuatro años más tarde, a los 58.

-Pero después de que se enfermó él, hasta el día de hoy nunca dejé de estar en el negocio que teníamos. Nunca, nunca, nunca...

Grondona tenía 20 años. Estaba haciendo la conscripción y esperaba volver a la facultad: segundo año de Ingeniería. Pero no volvió. Se hizo cargo de todo.

-Empecé a agarrar obras de mucha envergadura. Hice muchísimas frente al Hipódromo de Palermo. No había edificios ahí. En este país, efectivo no tenés que tener. Tener algo que lo pises. Ladrillo, tierra.

Se hizo cargo de la familia. Y formó la propia. Eligió a Nelly, empleada de la ferretería, posiblemente tomada por Grondona padre. La familia era por entonces una estructura rígida que daba apoyo para toda la vida a los que aceptaban las reglas de juego. Y cuando la familia no alcanzaba o no convenía, se armaban redes de amistad e intereses con fuerza similar. Hoy, en la época del managing más sofisticado, Grondona arma así su estructura de poder y de negocios.

-Lo que sucede es que la mayoría de los tipos que están al lado mío juegan un papel de amistad.

Familia y amistad. La eficiencia debe figurar mucho más abajo en el ranking de Grondona.

Su estilo de liderazgo parece hecho a la medida del fútbol, un negocio multimillonario que comparte la falta de transparencia de todas las actividades económicas dominadas por un monopolio o por el acuerdo entre competidores, áreas donde la confianza es el valor supremo, más que la eficiencia.

El fútbol tiene algo del Vaticano. Las autoridades tienen una estabilidad garantizada por renovaciones prácticamente automáticas. Grondona es un cardenal, el principal de todos. Su enorme peso se explica, primero, porque tiene la confianza y el apoyo de Blatter, y, segundo, porque ocupa un lugar crítico: la presidencia de la Comisión de Finanzas y Marketing, corazón del poder económico de la FIFA.

* * *

Este capítulo debería llamarse, precisamente, la amistad y la confianza.

Julio y Nélida llegan tomados del brazo a una vasta sala de actos en la sede de la FIFA en Zúrich, la mañana del 31 de mayo de 2007, al día siguiente de la caída al piso. Allí hay más de 300 delegados sentados en dos filas de mesas largas con un pasillo al medio. Es otra gigantesca carpa armada para la ocasión. Tiene dos pisos -el de arriba es un inmenso balcón- y los dos están llenos.

Julio trae un traje azul que la FIFA entrega cada seis meses a sus autoridades, uniforme opaco que no todos usan porque prefieren ropa de marcas famosas. Nélida tiene un vestido color crema que combina con su pelo rubio.

Blatter es el primero en saludarlo. Petiso, calvo, sonriente, es la contracara de Grondona; es un ansioso que hace todo rápido. Anoche lo había llamado al hotel varias veces para preguntar por su estado después de la caída. Habla un español con acento alemán.

"Hombre, qué susto me has dado -le dice y lo abraza; tiene que alzarse un poco para hacerlo-. ¿Estás dispuesto?, ¿puedes hablar?", le pregunta, todavía abrazado a Grondona. Grondona seguramente ha asentido porque Blatter exclama: "¡Eres un toro!"

Así como se había abrazado a Grondona, se desprende velozmente para ir a otros brazos y otras charlas, previo a la gran ceremonia en la que debe ser reelegido presidente de la FIFA por aclamación. La primera vez que lo eligieron fue en 1998, para suceder al brasileño João Havelange. Hoy tiene 71 años, y es el octavo presidente de la FIFA.

Havelange se acerca a Grondona en el pasillo central del congreso, colmado de gente mayor y lustrosa. Está narigón, ojeroso, inclinado; ha entrado en la décima década:

"Felicitaciones por las finanzas. Yo conozco algo de eso", dice con una sonrisa triste, y luego: "Tienés (sic) que cuidarte..." Era su manera de decirle que estaba enterado del accidente. Grondona avanza serio por el pasillo entre las largas mesas. El raspón en la nariz ha sido disimulado con maquillaje y tiene algodón en la narina izquierda. "Parezco Piñón Fijo, pero nadie se da cuenta", había dicho un momento antes.

De pronto, vuelve Blatter, veloz, serpenteando entre la gente. Teme que se le arruine la fiesta. Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú amenazan con llevar al recinto su furia por una resolución del comité médico de la FIFA tomada días atrás: se prohíben los partidos a más de 2500 metros de altura. Eso afecta sobre todo a Bolivia: La Paz está a casi 4000 metros.

Además de ansiedad hay un poco de enojo en Blatter:

-¿No presentarán el tema en el congreso?

A Grondona se le caen las cejas, tiene cara de disculpas. (Unica vez que le he visto esa expresión.)

-¡Nooo!

La medida ha sido promovida por Brasil: comenzó a presionar cuando su selección perdió por primera vez en La Paz y casi no va al Mundial del ´94, que luego ganó. Grondona debe garantizar que eso no provoque un escándalo justo ahora.

El tema ya tiene repercusiones en la política. Evo Morales ha convocado de urgencia al gabinete y ha organizado una marcha popular. En voz baja, los cuatro países andinos dicen que no van a jugar la Copa América.

Vuelve Blatter; el ¡nooo...! de Grondona no lo ha tranquilizado:

-No podemos permitir que se trate ahora...

Ahora Grondona responde ambiguo:

-Yo sostengo la posición de Brasil...

Un miembro de la delegación boliviana nos permite ver cómo es sinuoso el ejercicio del poder en la FIFA:

"Blatter nos pidió apelar", dice.

Pero Grondona ofrece, junto con Brasil, dejar el tema en suspenso hasta las Eliminatorias del Mundial de 2014 y se alcanza un acuerdo; nada empañará la reelección. Grondona le dice a Blatter:

-No corresponde que el Comité Ejecutivo trate temas de las comisiones.

Blatter le dice a Grondona:

-Como siempre, muy inteligente.

Va a empezar el congreso. Grondona marcha hacia el escenario con su portafolios negro. Le duele la pierna izquierda, pero no lo muestra. Las luces de colores parecen las de un recital. Suena una música triunfal. Se le acerca Villar, el presidente del fútbol español:

-My chairman, ¿qué hacemos?

-Lo importante es no hablar..., pero levantar la mano.

Se ríen. Grondona lo palmea sin mirarlo y sin detenerse.

* * *

Sepp Blatter tiene todo atado. Pero necesita mucho más que una reelección que todo el mundo da por segura. Necesita una manifestación pública y contundente de su poder. Necesita una nueva coronación. Corre el riesgo de ser procesado.

Aún esta caliente en Europa un juicio en el que se reveló la existencia de coimas por casi 100 millones de dólares recibidas por funcionarios de la FIFA entre 1989 y 2001: eran supuestamente el precio que ISL, agente comercial de la FIFA, debía pagar para asegurarse contratos de televisión por 1200 millones de dólares. Lo dijo en el juicio Christoph Malms, CEO de la empresa: "Era el estilo del negocio: si no pagábamos, teníamos que cerrar la compañía".

Seis funcionarios de ISL fueron absueltos de la causa por fraude. Tres pagaron multas por malversación. Las coimas no eran delito en Suiza cuando se pagaron.

Las oficinas de Blatter fueron allanadas; otro juez logró abrir una nueva investigación basada en documentos hallados allí, y puede iniciar un proceso este año.

Por todo esto Blatter necesita ser coronado hoy. Puede confiar en Grondona: él le salvó el puesto en 1999, cuando abortó un golpe contra el recién asumido Blatter al rechazar la oferta de siete vicepresidentes para que asumiera la presidencia de la FIFA.

-No es mi estilo entrar por destitución.

Era un momento de extrema vulnerabilidad para Blatter: comenzaba el escándalo de ISL.

Cuestión de estilo y, posiblemente, de estrategia. Grondona pertenece a una dinastía iniciada por Havelange: aliado con Adidas, el brasileño convirtió el fútbol en la maquinaria globalizada que hoy mueve más de seis mil millones de dólares anuales. Al cabo de 24 años, Havelange -ya criticado por los contratos con ISL- puso a Blatter, otro amigo de Adidas, para sucederlo.

-Todo lo que aprendí, lo aprendí de Havelange.

Havelange introdujo los grandes negocios en el fútbol e integró a Africa y Asia, por entonces marginados. Los invitó a Suiza, los agasajó, les mostró el poder económico de la FIFA. Fueron votos perennes para él. Grondona, su discípulo, integró los clubes al gran escenario del fútbol argentino, gestó y aprovechó sus éxitos internacionales y armó un esquema de lealtades en la AFA con los recursos de un negocio fortalecido por los contratos de televisión, los partidos internacionales y el marketing. Igual que Havelange con ISL. Igual que Blatter y Adidas con ISL.

* * *

A Grondona se lo acusa de despotismo, amiguismo y nepotismo; se dice que él se queda con una parte de los negocios que genera o facilita. Y que para eso apela al control absoluto que ejerce sobre el fútbol argentino y a las conexiones que su posición le da. No hay cuestión importante del fútbol que no pase por él.

Ha sido investigado muchas veces: lo han investigado jueces que lo usaron como trampolín para escalar posiciones; lo han investigado para presionarlo, y también lo han hecho jueces honrados. Hasta ahora sólo ha surgido que tiene una fortuna importante y que también la tienen algunos familiares y amigos.

Hay un ambiente impreciso de gente con poder y sus satélites y parásitos. Su composición es similar en todas partes: empresarios, políticos, jueces, periodistas, faranduleros, dirigentes sindicales, deportivos, etcétera. En ese ambiente, Grondona es un hombre reconocido.

En ese ambiente se entiende que el poder y aquello que los simples mortales entienden por corrupción van juntos, porque no hay poder sin dinero, y gran parte de ese dinero es negro. El poder tiene dos caras. Una sólo se ve en las víctimas que deja (los más pobres) y cuando hay una falla en el sistema y estalla un escándalo: las coimas del Banco Nación, Siemens, Skanska.

Ni hablar de la política, donde el trabajo de construcción presupone, la mayoría de las veces, dinero que no se puede mostrar: los líderes asumen el tema como algo inseparable de la acción política. Algunos lo hacen con aversión. Otros, con gusto y audacia mientras pregonan honestidad.

La sociedad tiene una cara pública, donde la ética y la ley tienen gran presencia. Y tiene otra, descarnada, donde predominan los instintos: el ansia de tener, dominar y perdurar. Las dos son verdaderas. La pública va influyendo sobre la oculta. Hemos avanzado mucho desde las cavernas.

* * *

La música cesa en el congreso de la FIFA en Zúrich. Habla Grondona en castellano y casi todos se ponen los auriculares. Julio Grondona no es un orador: sus frases no son claras, su voz es profunda y nasal, con un temblor de flemas. Lo que dirá es más importante que su estilo. Dirá que los estatutos de la FIFA no prevén qué hacer cuando hay un solo candidato para presidente. Y propondrá una elección por aclamación. Se detiene un segundo y pide votar. Una marea de brazos se alza en el recinto. Los delegados votan a Blatter de pie y por aclamación. Cómo saber si alguien se opuso. Blatter, que se había retirado porque había terminado su período de gobierno, ahora vuelve resplandeciente y veloz por el pasillo central para asumir su nuevo período de gobierno. Junto al escenario, su hija y una nieta le entregan grandes ramos de flores. El los pasa a un asistente; sube una escalerita y se abraza a Grondona en el escenario. Don Julio le alza la mano como a un boxeador. Ambos giran a izquierda y derecha para las cámaras. Ya está. Grondona, el gran elector, cumplió. Blatter sonríe y sonríe.

* * *

"Grondona maneja la caja" del fútbol en la Argentina. Lo dice Víctor Hugo Morales. Grondona ocupa un lugar central en los trabajos del periodista y relator deportivo.

Dice Morales:

-El no establece un orden por el cual lo ideal sería darle 20 a Lanús, 18 a Argentinos Juniors, hasta llegar a darle 2 a Boca, que tiene otro tipo de recursos. El le presta a quien le parece; le resuelva la vida y después le impone la gratitud.

Dirigentes amigos de Grondona dicen que es "ingenuo y erróneo" proponer darles más a los más pequeños: tienen menos ingresos, pero también menos gastos. "Los grandes necesitan más, pero también aportan más."

Grondona dice que él ha hecho de ese tipo de préstamos algo transparente, registrado ante escribano.

Sigue Morales: "Maneja el Colegio de Arbitros a través de este señor Romo, puesto por él, que nunca fue árbitro. El arbitraje está hundido en la desconfianza.

"Punto Gol es una empresa que inventó él para tercerizar. Allí hay gente que gana mucho dinero sólo como intermediaria en un aviso que de todos modos iría a la AFA.

"Y luego está la firma del contrato a partir del cual la AFA cedió los derechos de televisación del fútbol argentino. Un negocio colosal, entregado de manera monopólica y por un período de tiempo que no tiene precedente en el fútbol mundial.

"Por supuesto que esto se compadece con el crecimiento patrimonial extraordinario que (Grondona) ha tenido.

Morales es pesimista:

"Un día tendré que cruzarme con la estatua de Grondona. Cuando muera, si yo estoy vivo, voy a tener muchas más limitaciones, por respeto por el que muere... Poco a poco se esfumará todo lo que ha sido, y será llevado en andas..."

* * *

El hecho de que muy pocos quieran exponerse a hablar dice mucho del mundo del fútbol. Un empresario vinculado con Grondona opina, también off the record :

-Grondona entendió el negocio del fútbol mejor que cualquier otro dirigente. ¿Se queda con algo? Nadie lo puede decir. Lo que sí, él es el único que podía lograr todo lo que tiene hoy el fútbol. Y gracias a él en el fútbol hay códigos. Vos arreglás algo con él y él te cumple.

-El fútbol argentino podría tener clubes más sólidos, menos hinchas muertos, etcétera.

El empresario que admira a Grondona sonríe; sostiene que otros dirigentes hubieran llevado el fútbol a un desastre: "Mirá lo que pasó en la política y en la economía: corruptos y además inútiles. Grondona hace 30 años que está, y en el fútbol somos los segundos del mundo".

* * *

Muchas actividades del fútbol, el deporte con más público, están envueltas en el secreto: la compra y venta de jugadores, por ejemplo, uno de sus negocios más importantes.

Un legislador habla del tema off the record . Cuenta que un proyecto de ley para regular ese negocio está agonizando en el Senado luego de un "intento de eliminación" en Diputados. El proyecto impone un registro de las operaciones y de los responsables para evitar evasión de impuestos y lavado de dinero. Aprobado en Diputados, desapareció camino al Senado. Alberto Balestrini, por entonces presidente de la Cámara de Diputados, dijo (hay versión taquigráfica) que "por un error involuntario administrativo" el proyecto enviado al Senado no era el aprobado, sino otro. Este "proyecto trucho", ahora eliminado, dejaba espacios para que las ventas de jugadores eludieran el registro, dice el legislador.

-Nadie controla a Grondona ni a la AFA, y los dirigentes que no están de acuerdo terminan pactando porque, si no, quedan afuera y ponen en riesgo a sus clubes.

Dirigentes de fútbol (igual que algunos DT y barrabravas) son dueños informales de jugadores. ¿Cómo esperar que apoyen una AFA que reduzca su negocio o lo impida?

* * *

Al fútbol lo protege el lugar que ocupa en la sociedad, el lugar de los afectos y emociones más hondos. Es la tribu y el territorio, la familia y la patria, el combate y la posibilidad de la victoria. El fútbol permite que uno fortalezca su delgada identidad creando enemigos odiables y peligrosos, pero compartidos por muchísimos. Es un alivio temporario de la indefensión, un sucedáneo de la seguridad y un remedio contra el infortunio y el vacío de vivir. El fútbol es una felicidad alcanzable.

Los dirigentes del fútbol flotan sobre esta espuma de poder. Los políticos necesitan del fútbol y de esos dirigentes. El fútbol ayuda a neutralizar un rato el odio que produce sufrir pobreza e injusticia. Inversamente, cualquier estadio puede convertirse en una caja de resonancia peligrosa contra el ajuste, contra la inflación o contra un funcionario. Un estadio repleto vociferando insultos es una pesadilla.

Quizá por eso Kirchner parece temerle a Grondona. Cuando necesita algo manda un emisario. No quiere reunirse con él, pese a los pedidos indirectos que le llegaban de Grondona hasta fines del año pasado.

* * *

Los derechos de televisación del fútbol son el otro gran negocio en todo el mundo. Algunos, como Víctor Hugo Morales, piden que los derechos del fútbol sean licitados, para garantizar transparencia, "como en otros lugares del mundo". Eso no ocurre donde más dinero hay: en la FIFA, el Comité Olímpico, la Federación Internacional de Tenis.

El periodista deportivo Ezequiel Fernández Moores dice que lo propio de la Argentina es que el fútbol se vende en un paquete cerrado; en cambio, en otros países se venden distintos productos a distintas empresas y así se obtiene mejor precio.

A nivel local, el acuerdo entre Grondona y TyC está rodeado de reserva y controversia. Comenzó en 1985 y se ha ido actualizando. En los años 80 el negocio del fútbol era ínfimo comparado con lo que es hoy. Grondona dice que por entonces él no previó el gigantesco desarrollo de la TV por cable: "El error que existe acá es que la AFA no tiene ninguna cláusula donde diga: si somos socios, vos no podés tener cable ".

Se queja de que el grupo Clarín, a través de la empresa Trisa, sea al mismo tiempo socio de la AFA, vendedor de los derechos del fútbol, y de la empresa que le compra a la AFA esos derechos; que esté a ambos lados del mostrador y se beneficie de eso.

Grondona sostiene que la AFA recibe este año "210-220 millones de pesos". Un directivo muy alto de TyC dice, off the record , que son 250 millones; otro, de Trisa, no quiere precisar una cifra. El hombre de TyC se defiende: "Es un acuerdo privado, no tiene por qué salir en la tapa de La Nacion, pero todos los miembros de la mesa ejecutiva de la AFA lo conocen", aunque algunos lo nieguen.

¿Ciento ochenta o doscientos cincuenta millones de pesos anuales son cifras realistas?

Una manera de establecerlo es sabiendo cuánto estarían dispuestos a pagar eventuales competidores. Para eso habría que esperar hasta 2014, si es que entonces surgen nuevos actores. Hasta la última renegociación, en 2007, la AFA venía recibiendo entre noventa y ciento veinte millones de pesos, según las fuentes. La comparación entre las viejas y las nuevas cifras son un problema para Grondona. Lo dijo así a fines del año pasado:

-Estábamos en 90 y fuimos a 180; quiere decir que hubo algún error muy burdo.

-Eso se le critica. Dicen: "Cómo aguantó tanto tiempo".

-Lamentablemente, no saben que no voy yo solo. Yo soy el último que firma porque van los clubes a pelear. Son ellos los que van a pelear. Y con la pelea de ellos se benefician los demás. No se pueden quejar porque antes se les daba sólo la primera división y ahora es mucho más.

-Se dice que usted recibe algún beneficio personal por fuera del contrato...

-¿Podría estar 30 años apoyado por todos unánimemente? ¿Estaría acá sentado con vos? Nada más... También puedo tener negocios con Adidas, que está desde el año ´74, puedo tener negocios con Coca-Cola, con Repsol. La mayoría de los que piensan mal es porque no han tenido la oportunidad de estar.

Habla pausado; suena como un hombre del interior bonaerense, tranquilo y sentencioso; alarga las vocales, pone los acentos con fuerza. Quizás algo queda en él del Sarandí de su infancia, un suburbio de chacras:

-Yo no le pregunto nada en este sentido a la gente: qué es lo que hace y lo que deja de hacer. Miro qué hizo. Nada más...

Así le gustaría que se analizara su gestión. Sigue:

-Vayan a Ezeiza y vean lo que es mantener en estos años Nacional B, Primera B y C, fútbol femenino, infantil, fútbol playa, el fútbol del interior, Argentino A y B. Yo de mi casa no llevé plata, ¿eh?

Quiere decir que es todo fruto del dinero del mismo fútbol, bien administrado por él. Sigue, tranquilo:

-Porque estar toda una vida, con 78 años en el mismo lugar, con la misma gente, poder mirarlos a los ojos. No me fui nunca de mi país; siempre lo que trabajé yo y mis hijos (fue) en mi país. No hay cuentas en el exterior. No hay cuentas en ningún lado. Tuve 23 allanamientos por un anónimo: que había malversado fondos y que tenía un montón de propiedades a nombre mío y a nombre de parientes y de otros.

Grondona fue investigado durante dos años y sobreseído.

Directivos de Trisa y TyC niegan la posibilidad de que Grondona reciba de esas empresas compensaciones irregulares por los contratos de televisión; sostienen que cuentan con auditores internacionales que lo garantizan.

* * *

-A los 80 me voy para Arsenal.

Quiere decir que abandona la AFA. Es la segunda vez que lo dice en 30 años.

Grondona cumple ochenta años en 2011, justo cuando completa su octavo período consecutivo como presidente.

-No sé, pero muchas veces, sin darme cuenta, estoy un paso adelante. Siempre pienso en lo que puede ser, en lo que puede venir. Lo imposible ni lo intento. Lo posible, me voy a matar por conseguirlo.

Recuerdo ahora a Grondona un año antes, en el bar de un hotel en Basilea, abstraído, rodeado de dirigentes de fútbol que hablaban a los gritos antes de un amistoso con el seleccionado suizo. Había enrollado una revista y la usaba como un largavista. Miré a su esposa interrogándola. "Cuando hace eso es porque está pensando algo", dijo.

Tal vez fue en las tardes de su tambo en Brandsen, rodeado de sus hijos, nietos y bisnietos, donde planeó su salida de la AFA. Todo empezó cuando le renunció Basile a la Selección. Hubo muchos candidatos de entrada, pero prevalecía Bianchi en las desconfiables encuestas de Internet.

Bianchi y Don Julio no se tienen simpatía. Tampoco le tienen simpatía a Bianchi los hijos de Grondona, Julito y Humberto. El primero es presidente de Arsenal. El segundo fue técnico de distintos equipos. Ellos propusieron al único candidato que podía competir con Bianchi: Diego Armando Maradona. Y para compensar el riesgo Maradona , la experiencia de Bilardo.

-Algunos dijeron que es la selección de los Grondona porque yo hablé con mi hijo. ¿Voy a ir a hablar con quién? ¿Con el cura párroco?

Allí debe de haber concebido Grondona su jugada. Humberto ingresa en el Seleccionado junto a Maradona y Bilardo. La Argentina gana el Mundial de Sudáfrica y, con un poco del oro del triunfo familiar en la solapa, Julito, presidente de Arsenal, pasa a la AFA; un año después reemplaza a su padre en la presidencia. ¿Quién le diría que no a Don Julio victorioso? Grondona se va, pero garantiza desde Zúrich, en la vicepresidencia vitalicia de la FIFA, la solidez de su sucesión y su propia influencia en la Argentina.

-Bilardo me lo pidió a Humberto para colaborar con él en la parte organizativa.

La jugada fue expuesta como hipótesis por Fernández Moores en su columna de La Nacion en diciembre pasado.

-Como Kirchner poniendo a Cristina...

-Bajo ningún punto de vista busco dispensar, hacer una jugada para que pase eso.

* * *

Entre aquella última charla y hoy ha pasado el verano y se ha instalado el otoño. También se produjo el 6 a 1 con Bolivia. El supuesto proyecto de Grondona apenas empezó a andar y ya se ve que, en todo caso, no va a ser fácil.

Grondona ha recurrido a la misma dupla que le dio el mayor triunfo de su gestión, el Mundial del ’86. Pero en aquella dupla estaban bien claros los roles. En ésta, Maradona no juega y Bilardo no es el técnico. Diego no lo tiene en cuenta.

"Tres P: paz, paciencia y pelotas." Dice Grondona que éste es su lema ahora. Paz no parece tener; más bien se lo ve siempre controlando su bronca. Paciencia, la ha mostrado en treinta años de buenas y malas; la va a necesitar en la búsqueda del título mundial atado al impredecible Maradona. Cada derrota va a ser agigantada por el dramatismo propio de los porteños (ya lo vimos) y por las desmesuradas expectativas puestas por todo el país en otro líder prodigioso, Diego, que debería salvarnos, aunque sea en el fútbol.

La audacia y la resistencia -la tercera P- le hicieron falta para pasar del corralón de Sarandí, aquel ámbito familiar y protegido donde pequeñas transacciones se acordaban con un apretón de manos, a las oficinas de Zúrich, donde un arreglo oculto por más de mil millones puede terminar en un juzgado. Del comité radical de Crucecita, un barrio de Avellaneda donde iba con su padre, a los centros de poder de la Argentina, adonde llegó solo.

* * *

Julio Grondona va en auto con su chofer por la avenida Mitre. Acepta los vidrios polarizados, pero no quiere custodia. La luz fuerte y vertical del verano achata aún más el paisaje de Sarandí. Casas bajas de los años 20 alternadas con departamentos de terminación barata. Hay muchos grafitis y carteles desteñidos. No hay ningún esplendor: del bulevar del tranvía sólo quedan unos plátanos altos. Grondona ya no vive aquí, sino en Puerto Madero. Viene todos los días a la vieja casa materna, al corralón y ferretería, y a la estación de servicio de la familia.

El auto entra en la estación cerca del viejo puente ferroviario. Grondona camina entre autos estacionados, de saco azul, bajo el sol. Aquí viene casi todas las tardes temprano antes de ir a la AFA. Entra por el bar o por otra puerta poco visible, junto al baño de hombres. Lo esperan siempre su hijo Julito y algunos dirigentes muy cercanos. Se reúne con ellos en un cuarto con mesa de fórmica y sin luz natural donde circula un café recalentado. Allí recibe información y da indicaciones. A veces se queda solo, leyendo papeles.

Gente cercana a él dice que sufrió mucho la muerte de su mamá, en marzo.

Hoy tiene 78 años. A una edad en que muchos empiezan a despedirse de la vida, él planea un futuro largo -su madre vivió 102 años-. Como un monarca, tiene planes para cuando él ya no exista: quiere dejar una dinastía.

Es una jugada difícil. Pero, como todos los hombres y mujeres del poder, está condenado a seguir adelante. En el poder, parar es retroceder y retroceder es perder. Y perder es peligroso, tan peligroso como caerse al piso para un hombre que está cerca de los 80.

Julito sale a recibirlo en la puerta del bar de la estación de servicio. Le dice algo al oído. Un grupo espera a respetuosa distancia.

Por Roberto Guareschi

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