Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Virus

LA NACION
Domingo 03 de mayo de 2009
0

"Por el virus de la gripe, o influenza, tan común entre nosotros, mueren en el mundo aproximadamente 1300 personas por día. Hasta hoy, se han reportado 150 muertes por la fiebre porcina. Me pregunto si no estamos exagerando un poco las características letales de este virus."

(Carta de lectores firmada por Sebastián Maril.)

Por el virus de la gripe porcina, el señor P. García ("p" de "Prudencio") ha dejado de besar a sus hijos y de tomar contacto de todo tipo con su mujer, que ha comenzado ya a pensar en otro tipo. Don García ha hecho gran provisión de barbijos y sólo sale a la calle, únicamente en caso de extrema necesidad, con la boca tapada para que no le entren moscas ni virus. Por el virus del dengue, ya había sellado previamente el señor P. García las ventanas de su domicilio particular, con el fin de impedir el ingreso del temible mosquito. Todavía hoy, mientras repite el nombre de la horrible criatura a modo de conjuro ("¡Vade retro, Aedes aegypti !"), don García se baña cinco veces al día con el repelente más potente que encontró en el mercado.

Por el virus del sida, hace ya muchos años, el señor P. García decidió someterse a la abstención completa y preventiva en materia de relaciones sexuales, con el fin de alejar el peligro de un posible contagio. "¡Conmigo no se juega!", dice el señor García.

Por el virus de la inseguridad, ha tenido a bien el señor P. García electrificar los barrotes de hierro que rodean su casa. Detrás de ellos, cinco ejemplares babeantes de Rottweiler espantan a todos los que pasan. Para no dejar trascender ninguna pista de sí mismo que pueda llegar a oídos de los ladrones, ha limitado el señor P. García el rango de sus comunicaciones interpersonales a saludos brevísimos y comentarios de cajón sobre el tiempo.

Por temor a todos los virus que ya existen y a los que pueden venir en adelante, el señor P. García no pasea, no habla, come poco, no hace el amor, no fuma, no toma alcohol, no se detiene a oler rosas por temor a que lo pique un bicho y, en líneas generales, pasa el tiempo frente al televisor y a la computadora.

El señor P. García hace estas cosas con el fin de prolongar su vida. Le parece que sería un pecado conspirar por falta de cautela contra la duración de una experiencia tan rica y tan variada como ésa.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas