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Posadas, pastorelas y nacimientos mexicanos

Opinión

Por Miguel Díaz Reynoso
Para La Nación

 
 

"¿A dónde pertenezco?", pregunta Néstor García Canclini en su espléndido libro La globalización imaginada . Y se responde:"La globalización nos ha conducido a imaginar de otro modo nuestra ubicación geográfica y geocultural".

Pero en México, como bien lo señala este lúcido antropólogo argentino, no han perdido vitalidad las fiestas tradicionales, a pesar de vivir una dinámica vecindad transcultural. El calendario festivo cubre todos los meses. Se distinguen en diciembre, durante las fiestas navideñas, la celebración de las posadas, las pastorelas y la instalación de nacimientos.

Las primeras representaciones del nacimiento, pesebre o belén tienen sus orígenes en el arte colonial mexicano, en los frescos de los conventos y los retablos del siglo XVI. Son adoraciones de los pastores y de los Reyes, copias de imágenes peninsulares, de acuerdo con el pensamiento teológico de la época, que gustaba de contraponer las dos manifestaciones y aceptaciones del Mesías como Salvador: una, entre el pueblo judío, representado por pastores, y otra, entre las naciones gentiles, simbolizadas por los Reyes Magos. En esas representaciones no se encuentran novedades iconográficas, en parte porque la Inquisición no las hubiera permitido y, por otro lado, porque casi todos los pintores coloniales copiaban los grabados llegados de Europa.

En el siglo XVIII se generaliza el uso de los nacimientos, populares representaciones que acogen las familias, ricas o pobres, aunque sólo estén compuestos por tres figuras: San José, la Virgen y el Niño Dios. Los más populares son de madera policromada y estofada. Los hay de barro decorado y dorado. Los rostros y manos eran de madera o de cera. De China se importaron en marfil, y el hueso sirvió para hacer imitaciones. Los pastores de los nacimientos son siempre figurillas populares, que dan carácter al conjunto y contrastan por su rústica vestimenta con la riqueza del atuendo de los Reyes.

Poco esplendor tiene el arte religioso que se produce en la segunda mitad del siglo XIX. La capital de la República vive una época destructora de los valores tradicionales. Solamente lo europeo era bueno y bello. La manufactura de los nacimientos se refugió en la provincia: en Guadalajara, en Michoacán y en Guanajuato.

En la primera mitad de este siglo que termina, especialmente en la década de 1920 a 1930, se observa una decadencia gradual de los nacimientos tradicionales, reemplazados por exóticos y vistosos arbolitos. Sólo en el período de los años 30 a 40 resurgen los pesebres como parte del movimiento vinculado con la revaloración de lo auténticamente mexicano y la nueva fuerza que toma el arte popular. Desde entonces hasta el día de hoy se vive la tradición de colocar el nacimiento artesanal que se compra en el mercado. Con palmeras y papel imitación roca, con heno y musgo, el pesebre está hecho de materiales naturales. Colocar el nacimiento es una tarea familiar, es una tradición viva con más de dos siglos de existencia.

Las posadas son las nueve celebraciones que se realizan del 16 al 24 de diciembre para conmemorar la peregrinación de María y José de Nazaret a Belén, para cumplir con el decreto de empadronamiento a que estaban sujetos todos los judíos. Son fiestas caseras, familiares y de comunidad. Nacen de las misas de aguinaldo iniciadas en 1587 por fray Juan Diego de Soria.

"Entren, santos peregrinos"

Con el tiempo, los fieles fueron trasladando la celebración de los atrios de las iglesias y los conventos a las casas, con elementos del ritual prehispánico por el nacimiento de Huitzilopochtli, como el reparto de dulces, golosinas, colaciones, y con la ceremonia final de romper la piñata.

La parte central de la posada consiste en formar dos grupos, a uno y otro lado de una puerta cerrada. Los que han quedado fuera representan a José y la Virgen y piden posada, entonando los villancicos tradicionales, mientras los del interior manifiestan su desconfianza. Finalmente se abre la puerta y todo el mundo entra con velas y luces de bengala, en medio de un gran alboroto y cantando: "Entren, santos peregrinos;/ reciban este rincón./ Aunque es pobre la morada,/ os la doy de corazón".

Diego Rivera pintó un mural con la representación de una posada en el Hospital Infantil de México. Allí aparecen las posadas como lo que son: fiestas colectivas de barrio, tradición gastronómica y coral.

La pastorela, en cambio, es teatro, derivado de los autos sacramentales y moralizantes. Los entremeses, coloquios y especialmente las pastorelas fueron representaciones virreinales con lineamientos similares de construcción y escenificación. Son de autores anónimos y están escritas en verso. Sus personajes son ingenuos pastorcillos, demonios y ángeles que protegen la llegada de los pastores a Belén y el triunfo del bien. La pastorela, que se inició en México como una forma catequística para la conversión de los indígenas, fue abandonada por las órdenes religiosas y adoptada por el pueblo. La pastorela se hizo popular y laica.

Memoria y globalización

Con parlamentos improvisados, se representa en escuelas, cárceles, plazas y teatros. Los temas pueden referirse a problemas locales o asuntos comunitarios, siguiendo la estructura clásica de lucha del bien y del mal. Desde hace unos años se realiza en México un Festival de Pastorelas que congrega a compañías de todo el país. Es un encuentro con la diversidad cultural del país.

Estas tres tradiciones de Navidad salieron de los templos y tomaron las calles y los hogares. Forman parte del patrimonio de la cultura popular. Es arte hecho fiesta comunitaria. Es el reencuentro con el origen. Colocar un espejo que asemeje un lago con patos en el nacimiento de ambiente rural es retorno al país natal. Es cantar villancicos que se recuerdan como canción de infancia, y es reír de la vida con los diablitos que cantan y bailan al son de un buen mariachi. Se reconoce el sentido de pertenencia.

¿A dónde se pertenece en la era de la globalización? Quizás al espacio cultural que mantiene viva la identidad. © La Nación .

El autor es agregado cultural a la embajada de México en la República Argentina.
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