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Arte / La otra mirada

Diálogo de imágenes

ADN Cultura

En el Centro Cultural Recoleta se exhiben las "conversaciones visuales" que el fotógrafo argentino Marcelo Brodsky mantuvo con cinco colegas de distintos países

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Todo diálogo entre dos es más que la suma de las partes. Si esa conversación prescinde de las palabras y se da en imágenes, el resultado puede multiplicar sus posibilidades al infinito. Eso ocurre con el intercambio de imágenes que el fotógrafo argentino Marcelo Brodsky entabló en los últimos tres años con cinco colegas de distintos países: Manel Esclusa, su maestro en Barcelona en los años 8o; Martín Parr (Inglaterra); Pablo Ortiz Monasterio (México), Cassio Vasconcellos (Brasil) y Horst Hoheisel (Alemania), el único no-fotógrafo, que respondió con dibujos.

Estos "diálogos visuales", tan diferentes entre sí como podrían serlo cinco conversaciones, pueden verse en el Centro Cultural Recoleta. Con 185 imágenes (170 fotografías y 15 dibujos), Correspondencias visuales deja que los visitantes se asomen a un intercambio que nació en forma privada entre fotógrafos, que por mail fueron recibiendo una imagen y respondiendo con otra, obtenidas de sus archivos personales o producidas especialmente.

"Es un ejercicio de comunicación visual entre profesionales de la imagen que busca ampliar las fronteras de la fotografía como lenguaje", dice Brodsky, incansable y entusiasmado, en su blanco y luminoso estudio del Bajo Belgrano, donde hay colgadas algunas de las imágenes de su diálogo con Esclusa, el primero que entabló. Así, al reflejo de un edificio en el agua que se desdibuja, Esclusa respondió con una víbora que se mueve hasta desaparecer. Brodsky envió ramas en el agua con reflejos plateados en movimiento como respuesta, a lo que Esclusa contestó con trazos en la arena.

"La intención es establecer un lenguaje puramente visual, en el que la autoría del fotógrafo, que es siempre muy personal, sea compartida", explica Brodsky, que al iniciar este proyecto acababa de finalizar diez años de trabajo alrededor de la memoria colectiva y las víctimas del terrorismo de Estado en la década del 70.

Cultura visual

Los colegas elegidos para las correspondencias son figuras relevantes del arte y la fotografía en el nivel internacional, promotores de proyectos editoriales, autores de ensayos fotográficos y dueños de una "cultura visual", como remarca Brodsky, que también está presente en los diálogos. "Hay referencias a géneros y citas de la historia de la fotografía", apunta.

Como sucede con el intercambio de cartas escritas -o su equivalente contemporáneo, el correo electrónico-, cada diálogo avanzó a su propia velocidad y en cada uno el observador puede distinguir un "tono" en la conversación.

Así, el diálogo Brodsky-Esclusa tiene mucho de homenaje al maestro y reconocimiento al discípulo. Con Parr -que sólo usó su archivo para responder- hay algo más ácido y tenso. Con Ortiz Monasterio, guiños al trabajo del otro y a la propia historia de cada uno. Con Vasconcellos, una búsqueda estética de a dos.

Las tres primeras correspondencias se mostraron en Barcelona, Chile y México, respectivamente. En la muestra del Recoleta, cada diálogo tiene una forma expositiva distinta. Para Esclusa hay dos tiras de papel de 12 metros; para Vasconcellos, una proyección; para Parr, un formato más clásico, y para Ortiz Monasterio, un libro que repite las imágenes.

No hubo reglas en los intercambios, cuenta Brodsky. Sólo la ausencia de palabras. Y el final de cada diálogo se fue decidiendo también sin decirlo. "Con Pablo y Parr tenemos 30 imágenes, pero con Cassio vamos por 60 y todavía seguimos", explica.

Brodsky admite que en el ejercicio hay una respuesta al actual uso ubicuo de las imágenes, gracias a la tecnología. "Hoy hay un acceso inmediato a la posibilidad de sacar fotos, pero eso no hace que uno sea fotógrafo. No basta con producir imágenes para comunicar un sentido", asegura. "Lo que circula hoy on line son formas extendidas del autorretrato, nada más. Queremos mostrar que el recurso tecnológico tiene un potencial mayor para comunicar sensaciones", dice. En su computadora hay 12 diálogos abiertos, algunos recién iniciados. Por ejemplo, uno con un fotógrafo nigeriano que acaba de contestar.

"Ahora estoy pensando cómo responderle a Cassio", dice Brodsky, y se queda mirando en silencio la última foto de su diálogo. Sugerir algo parece fuera de lugar. Sería como recomendar a un pintor, en plena tarea, que use más azul o que oscurezca un poco el verde.

FICHA. Correspondencias visuales, en la sala C del Centro Cultural Recoleta (Junín 1930), hasta el 7 de junio. .

Por Raquel San Martín De la Redacción de LA NACION © LA NACION
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