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La versión tecno de la ley de la gravedad

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LA NACION
Viernes 15 de mayo de 2009
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No sé si es la clave del futuro. El futuro es algo muy extenso y muy impredecible. Por fortuna, me atrevo a añadir.

Pero, sin duda, el ancho de banda es la clave de la actual Internet. Hay otras claves, sí. Pero si me permitieran pedir un deseo, sería más ancho de banda. Mucho más. ¿Para qué? Oh, no tengo idea. Primero, ancho de banda. Después inventamos algo. YouTube, por ejemplo. O TV de alta definición a pedido. O algo que todavía no se le ocurrió a nadie.

Si se lo piensa un rato, nada de lo que hacemos hoy en Internet sería posible sin banda ancha, salvo el mail convencional sin adjuntos. Pero, ¿cuánta velocidad querría en Internet? Bueno, toda la que se puede y al menor precio posible. Digamos, 20 megabits por segundo a 50 pesos por mes.

No, no, espere. Mejor, 1 gigabit por segundo por la mitad de ese dinero.

Ya sé, es una locura, ¿no?

El tema se parece, en este sentido, al de los sensores de las cámaras digitales, que mencioné hace un par de semanas. Cada vez que digo que quiero cámaras de 100 megapixeles o que pasaremos a 1 gigapixel un día de estos, hay quejas y mohines de reprobación. Uno de los argumentos que más me divierte es el de que "existen obstáculos técnicos" para lograr eso.

Sí, bueno, el negocio de la tecnología se trata precisamente de derrocar obstáculos técnicos. Una cosa que me encanta de los investigadores es que realmente no aceptan un no como respuesta por parte de la naturaleza. Al final siempre se salen con la suya. No es un proceso rápido. Lleva mucho esfuerzo y cuesta miles de millones de dólares en investigación y desarrollo por año, pero si los obstáculos técnicos fueran un motivo para apretar la tecla de Stop del progreso técnico, todavía estaríamos usando hachas de pedernal.

Apuntando alto

Mire el caso de las telecomunicaciones. Mi primer módem era bastante rápido (para su época): alcanzaba los 300 bits por segundo (con viento franco y corriente a favor).

Puesto que un caracter (es decir, un byte) requiere ocho bits, 300 bits son 37,5 caracteres. Así que, en esa época, cuando estaba conectado a un boletín electrónico, podía bajar sólo el equivalente a una línea de texto del diario por segundo. Para leer esta columna online habría tenido que esperar cuatro minutos hasta que se descargara todo el texto. Esto, sin contar una cantidad de caracteres de control, chequeos de integridad y otros por el estilo.

Hoy, una conexión de banda ancha promedio es capaz de bajar por segundo todo el cuerpo principal del diario.

En números, pasé de 300 a 3 millones de bits por segundo, redondeando. De allí lo de "1 mega", "5 mega" o "3 mega"; se refiere a bits.

Naturalmente, hubo que derribar algo así como una cadena montañosa de obstáculos y, para muchas personas en las zonas menos pobladas del país, la conexión a Internet es lenta e inestable. Pero el ancho de banda creció diez mil veces en algo menos de 20 años. Y además es posible estar online las 24 horas por una tarifa plana razonablemente accesible.

Aquí es donde me pongo a imaginar que para 2025 va a existir Internet móvil, ubicua, todo el tiempo y con un ancho de banda al menos 1000 veces mayor y, lo comprendo, causa un poco de vértigo. Pero, sinceramente, creo que me estoy quedando corto. Como con los megapixeles, digamos. Observe.

La edición de este mes del newsletter del Fermilab ( www.fnal.gov/pub/ferminews/ferminews04-05-01/p4.html ) contiene un artículo sobre un sensor CCD de 500 megapixeles (MP). Chan.

Es cierto que no lo van a usar para sacar fotos en una boda, sino para captar la energía oscura del universo; también es verdad que tendrá un plano focal de más de medio metro (570 milímetros) y funcionará a -120° C, enfriado por nitrógeno líquido. Suena como que nunca estará al alcance del resto de nosotros. Es al revés. Suena exactamente como que alguna vez va a estar a nuestro alcance. Le daré un ejemplo.

El primer disco duro para computadoras pesaba más de una tonelada y almacenaba 4,4 megabytes. Si los científicos no le encontraran la vuelta a los problemas, el disco de la PC con que escribo esto pesaría unas 57.000 toneladas. Un pendrive, más de 400 toneladas. ¿Se imagina? "Señorita, me voy a Uruguay en ferry mañana, hágame el favor de comprar un pasaje para mí y contratar las bodegas completas de tres barcos para mi pendrive".

Pero hay más.

En junio de 2006, Dalsa, empresa canadiense que desarrolla CCD, anunció el primer sensor fotográfico de 100 megapixeles. Ups, ¿no será mucho? Está en desarrollo, pero para los impacientes, ya venden uno de 48 MP ( www.dalsa.com ).

Ah, y para que después no me digan que exagero, aquí hay un artículo sobre un CCD, también usado en astronomía, de 1,4 gigapixeles. Es un damero de 64 x 64 sensores de 600 por 600 pixeles: pan-starrs.ifa.hawaii.edu/public/design-features/cameras.html

El martes HP presentó sus estaciones de trabajo de la línea Z. Lo más top que se pueda comprar. El modelo con mayor potencia y prestaciones está muy pero muy lejos del bolsillo promedio. Viene con 196 GB de memoria. Eso es 98 veces más que mi PC más potente. Parece un montón. Pero resulta que mi máquina más poderosa de hoy tiene 3000 veces más memoria que la primera PC que tuve. Así que bien podría ocurrir que en 20 años una computadora personal tenga 500 terabytes de RAM.

Ya sé, ya sé, suena descabellado, qué novedad. Pero para los que no lo vivieron, es difícil imaginar lo absurdo que sonaba en 1986 el que una PC alguna vez tuviera 4 gigabytes de memoria.

Pero llegaron. Y son más baratas que las PC con 1 MB de memoria de 1984.

Es la tecno ley de la gravedad . Todo lo que hoy está en las alturas del Fermilab, el Departamento de Astrometría del Observatorio de la Marina estadounidense, los laboratorios de física o los estudios de la industria petrolera, todo eso, más tarde o más temprano, baja al mercado de las computadoras personales, las cámaras de bolsillo, los celulares, los reproductores de audio y así. Y la caída no se ha hecho más lenta con el paso de los años, más bien es al revés.

Subir no es ascender

Bueno, éste es precisamente el motivo por el que me preocupa el proyecto de ley para convertir ciertos productos de la tecnología digital en bienes suntuarios y, con esto, aumentarles los impuestos internos y el IVA.

En un mundo cuya economía y competitividad dependen de las nuevas tecnologías, las cosas electrónicas, hasta las más pueriles, no son un lujo. Son indispensables, aunque sea para mantener a raya la brecha tecnológica.

Pero, además, no se trata de un problema de dinero, no se trata de que notebooks, cámaras y celulares van a costar más si se aprueba esta ley. Yo estaría feliz de pagar un 30% más por cada pieza de hardware que compro, si esto me garantizara que la Argentina se pusiera en camino de convertirse en una potencia tecnológica como Corea del Sur o Taiwan, de competir con Samsung, LG o Nokia. Pero me temo que el efecto será posiblemente el opuesto. ¿Por qué?

Dada la vertiginosa velocidad de los avances, su inusitada complejidad y lo castigada que ha sido la industria argentina, elevar los impuestos de equipos de alta tecnología más bien alentará el mercado gris, haciendo que el minorista sufra y que el público pague los productos más caros. Como consecuencia inevitable, el clima tecnológico general del país se atrasará y esto terminará por quitarle clientes a la industria nacional y contribuirá a aumentar la brecha tecnológica. Tengo entendido que eso es exactamente lo contrario de lo que se busca.

De hecho, y si se me permite este lujo suntuario de pensar con sutileza, ninguna medida aislada cambia el destino de ninguna industria en ninguna nación. Se requiere una constelación de leyes, ideas, tendencias, intenciones, proyectos y voluntades. Estrategia, en suma. Inteligencia. Con subir el precio de las notebooks importadas no creamos las condiciones para que en diez o veinte años surjan un Samsung o un Nokia argentinos; uso adrede estos dos ejemplos porque pertenecen a naciones pequeñas que pasaron gravísimas crisis políticas y económicas, y fueron muy castigadas por guerras e invasiones: Corea del Sur y Finlandia. Pero sus gobiernos tomaron decisiones inteligentes en el momento oportuno, las sostuvieron en el tiempo, y cultivaron la normalidad y la previsibilidad. La solución no provino de medidas aisladas, no provino de un slogan, un dogma o un gesto.

Las pruebas están a la vista y son recientes. A los monitores LCD con entrada digital (o DVI) se los considera bienes suntuarios porque, supuestamente, pueden ser utilizados para ver TV.

El error de este razonamiento es que no sólo cualquier monitor puede ser usado para ver TV con la PC desde hace más de una década, sino que un LCD con entrada analógica (que no son considerados suntuarios) también puede usarse con este fin.

Ahora, ¿gracias a esta medida empezaron a fabricarse aquí pantallas con entrada digital? No. El resultado fue que casi no se consiguen LCD con entrada digital. Es decir, la mayoría de las personas con una pantalla de última generación en la Argentina obtiene una calidad mediocre. Lo dicho: el clima tecnológico se retrasa y a la larga se afecta a los usuarios locales, a la industria nacional y se reducen las posibilidades a futuro del país.

Ya hemos visto esto una y otra vez.

Feliz día

El domingo se celebrará el Día de Internet. Hay una serie de motivos para que se haya proclamado el 17 de mayo para conmemorar nuestra querida Red. Por ejemplo, el 17 de mayo de 1865 se fundó la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

Pero hay algo que pocos saben y que Jorge Amodio, uno de los pioneros de Internet en la Argentina, publicó el martes en su blog. Amodio cuenta ahí que, por pura casualidad, el 17 de mayo de 1990 fue también el día en que la Argentina logró su primer enlace satelital con la Red. El relato es delicioso e invito a leerlo en blog.internet-argentina.net/2009/05/dia-de-internet-pura-casualidad.html

Y, de paso, hago público mi agradecimiento a Jorge y tantos otros que contra un millón de obstáculos (de eso hablábamos, ¿no?) trajeron al país el vínculo con Internet. ¡Feliz día para ellos!

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