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Entretelones de un estreno deslucido

Roberto Plate cuenta los problemas que tuvo que enfrentar para realizar la puesta del oratorio de Honegger

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LA NACION
Sábado 23 de mayo de 2009
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En términos periodísticos, la situación tiene su rareza. El mismo día que aparecieron en varios diarios las críticas (no muy elogiosas) a Juana de Arco en la hoguera , la puesta de Roberto Plate con la cual se inauguró la temporada lírica del Teatro Colón, el mismísimo Plate llama a esta redacción para proponer un encuentro. ¿Hoguera de vanidades? Al rato, la charla tiene lugar en el Petit Colón, en la cual aparecen otros matices a un supuesto enojo por una crítica.

-¿Por qué llamaste?

-Porque así como vos me llamaste antes de la premier, una vez que pasó el estreno del espectáculo tomé conciencia del estado del Teatro Colón. Hoy [por el jueves] publicaron en LA NACION algo sobre lo difícil que debe ser poner en movimiento una maquinaria como el Teatro. Claro que ponerlo en marcha en estas condiciones es medio imposible. Recuerdo que el viernes de la semana pasada, cuando me hiciste la nota, dije que mi único contacto con la escenografía había sido virtual. Efectivamente, el día del estreno [el martes pasado], a partir del mediodía, comenzaron a llegar las cosas.

Vera Cirkovic en el protagónico
Vera Cirkovic en el protagónico.

Mientras se toma un café, sigue. Cuenta que Vera Cirkovic, quien esté encarnando a Juana de Arco, se subió a la plataforma de tres metros de altura media hora antes de subir el telón. "Estaba aterrada. Por eso quiero defender su trabajo", apunta el artista plástico.

Antes de llegar a la situación del martes, Plate apunta que había propuesto a la dirección del Colón otra puesta compuesta por andamios con una foto del Teatro tal como está ahora. "No lo aceptaron aunque me parecía una propuesta más contundente y más fácil en terminos de realización", explica casi contestando a algunas de las críticas que cuestionaron montar un oratorio que había tenido dos versiones en esta misma década. Cuenta que en otro momento le propuso al director del Colón, Pedro Pablo García Caffi, postergar el estreno o hacer una versión en concierto. "Pero él se negó", acota.

Entre dolido, confundido y asumiendo ciertas equivocaciones propias, continúa: "Sé que los trabajadores del Colón tienen un métier fantástico pero estuvieron enderezando clavos para montar la escenografía. Esa es la técnica con la que cuentan. Minutos antes de comenzar la obra se balanceó la columna, le pedí a un técnico que atornillara el pedestal. No había tornillos. Le tuve que dar plata para que saliera a buscar una ferretería por la zona. Tuvimos los mismos problemas con las proyecciones".

Las enumeraciones sobre las dificultades siguen y cuestionan, de fondo, a la estructura productiva actual de la sala. Dice que de su bolsillo salió dinero para la escenografía y que de ese mismo bolsillo pagó el sueldo de Florencia Sanguinetti, la persona que tenía el registro histórico de su puesta anterior y a quien el Colón rechazó contratar.

Como todo largo, y accidentado, proceso tiene su corolario. Toma la palabra Plate narrando cierta travesura con un claro dejo de enojo: "Después de la función invité a cenar a Edelweiss a Vera Cirkovic y a Didier Sandre, otro artista fantástico. Casualmente, en otra mesa, estaba García Caffi con su familia. Cuando llegó el momento de pagar llamé al mozo y le pedí que le llevara la cuenta a él. El mozo no lo pudo hacer porque, lógicamente, no es política de la casa. Pero yo no podía creer todo eso... Si me preguntas a mí, no mandó ni un saludo, ni una copa, ni una rosa. Eso, un director del Colón no lo puede hacer..."

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