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Palabra de experto

Con cuarenta años de trabajo, Philip Laffer, chief winemaker de Pernod Ricard Oceanía, no sólo es un visionario que condujo la industria vitivinícola australiana a un enorme éxito mundial; en esta nota habla del futuro del vino argentino

Domingo 31 de mayo de 2009

Cuando dice que el malbec argentino es el mejor del mundo hay que alegrarse, pero sin dejar de atender a lo que también sostiene: que se puede hacer mejor.

"Para seguir siendo exitosos, los bodegueros argentinos tienen que mejorar aún más la reputación de esta cepa emblemática, sin por ello dejar de apuntar a la superación de otras variedades, como el syrah, el cabernet sauvignon y el chardonnay", dice el experto australiano Philip Laffer, de visita en la Argentina para recorrer los viñedos que Bodegas Graffigna (del grupo Pernod Ricard) tiene en los valles de Tulum y del Pedernal, ambos en la provincia de San Juan.

Sin pelos en la lengua, Laffer elogió el desarrollo de la industria vitivinícola argentina, si bien recomendó una mayor disciplina a la hora de establecer estándares de calidad.

Foto: Gentileza Pernod Ricard

 "Es importante que se concentren en hacer el mejor vino argentino, porque nadie podrá hacer un mejor vino argentino que ustedes", aseguró. Para ello, sugirió generar una reputación a largo plazo, para que la gente confíe. "Cuando el objetivo es ganar mercados, además de bueno el vino debe ser muy parejo a lo largo del tiempo", dice.

Producir vinos confiables, de mejor calidad año tras año, con estrictos estándares, no sólo globales, sino también propios de cada bodega, fue el motivo del actual boom de los vinos australianos, que -según Laffer- "en 1985 aún no eran nada".

El ritmo frenético de su vida profesional lo lleva a supervisar la vendimia australiana sin dejar de cultivar otros mercados en el mundo, para lo cual alterna una semana afuera y otra en su casa, y viaja de Gran Bretaña a Estados Unidos, a Japón, a Sudamérica, supervisando equipos de creadores de vinos y ejércitos de viticultores y productores de viñas, técnicos expertos, personas dedicadas a la producción y a las ventas.

Su entusiasmo va más allá de la compañía. Casi todas las asociaciones u organismos de investigación vinculados con la industria cuentan o han contado con Laffer como miembro activo. Como indudable embajador internacional de la industria del vino en Australia, no hay duda de que su aporte es vital para mantener la destacada posición que ha alcanzado ese país en la industria vitivinícola mundial. Tan vehemente y entusiasta como el primer día de su carrera, no desea ser considerado un hombre mayor, una "vaca sagrada" de la industria a la que ama y con la que cree que hay que involucrarse completamente, "empezando por los sentidos". Solamente desea ser cinco años más joven ante la fascinación que le produce el ritmo febril de la evolución actual.

"Nadie puede hacer mejor vino argentino que los argentinos", dijo. Estuvo en San Juan el año pasado, donde observó  los viñedos en floración y los perfiles de suelos, y volverá este año con el mismo propósito para, luego, catar los blends producidos por esa cosecha.

"La manera en que ambos países se van a beneficiar es compartiendo técnicas e ideas", sostuvo. Tenemos climas similares, aunque geológicamente los terrenos son diferentes: Australia tiene los suelos más  antiguos del mundo, llanos y frágiles. América del Sur es más joven, con montañas y suelos más fértiles.

"Nosotros vendemos vino australiano y ustedes, vino argentino, y si ambos vendemos buenos vinos, lo que hacemos es expandir el mercado total de vinos del Nuevo Mundo, lo que nos favorece a ambos. A medida que la gente se interesa más por el vino, exige más variedad y más calidad. Somos competidores, pero también somos complementarios", aseguró.

De todos modos, Laffer -para quien el quid de un buen catador está en la memoria olfativa- reconoce que los próximos 3 o 4 años serán difíciles para el mercado exportador de vinos debido a la crisis económica global.

"Pero, dejando de lado la coyuntura y considerando las condiciones existentes hasta el presente, creo que no hay ninguna razón para que la Argentina no sea uno de los principales exportadores del mundo, si se decide a producir cada vez mejores vinos. Porque no alcanza con aumentar la producción para satisfacer crecientes demandas: el desafío es mejorar la calidad año tras año."

Por Carmen María Ramos

Para saber más: http://www.pernod-ricard.com/

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