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Las marcas se asocian contra la piratería

Quieren crear conciencia a partir de un spot publicitario y una campaña educativa en escuelas primarias

Domingo 31 de mayo de 2009
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Emilia Subiza LA NACION

Perfumes de Lacoste contenidos en una lapicera; borceguíes con el diseño tradicional de Louis Vuitton; encendedores Bic, con una mecha que trepa hasta siete centímetros: todas estas excentricidades son posibles gracias a la falsificación de marcas.

El flagelo de la piratería avanza en el mundo y en la Argentina con la discrecionalidad de los consumidores. Por este motivo, las marcas que integran la Asociación Argentina de Lucha contra la Piratería planean lanzar un spot publicitario y una campaña educativa para concientizar a la sociedad sobre la ilegalidad de estas prácticas. Más allá de infringir la ley de marcas, la falsificación está asociada a delitos de mayor complejidad como el trabajo esclavo y el narcotráfico.

Las remeras legítimas tienen el logo bordado
Las remeras legítimas tienen el logo bordado.

De acuerdo con la estimación de la asociación, las organizaciones que se dedican a la falsificación mueven globalmente unos US$ 522.000 millones al año. En la Argentina, el monto rondaría los $ 9540 millones.

Las marcas reunidas en la asociación realizaron una jornada para contar los efectos de la piratería y marcar tips para identificar productos legítimos de aquellos que no lo son. Aunque las firmas se renuevan con etiquetas y hologramas, éstas rápidamente son copiadas por las falsificadores. Lo mismo sucede con el lanzamiento de nuevos productos, como un modelo de cartera Louis Vuitton, que llegó primero a América latina en su versión ilegítima.

Javier Lozada, vicepresidente de Phillips, dijo que las lámparas de bajo consumo son actualmente los productos que están en boga y por lo tanto los más falsificados. Lozada se quejó por las dificultades y el tiempo burocrático que demanda la destrucción de la mercadería pirata.

La tradicional chomba Lacoste que en su versión original siempre trae el cocodrilo bordado sobre el lado izquierdo mirando hacia la derecha, en sus versiones clandestinas suele tener el cocodrilo apuntando en otras direcciones. Alberto Villegas, representante de la compañía, contó que la primera falsificación de este ícono de la marca se detectó en la década del 60, en la Argentina.

Juan Martín Minorini Lima, representante legal de La Martina, contó que Turquía es el gran centro de falsificación de La Martina para comercializar en Europa. A la Argentina llega mercadería de Paraguay y Bolivia. "Internet es otro gran enemigo; el 98% de los productos La Martina que se venden por esta vía son falsos", agregó.

De acuerdo con información de la Dirección Nacional de Inteligencia Criminal, textiles y electrónicos desingresan por la frontera con Bolivia, principalmente por pasos fronterizos habilitados. Desde Paraguay llegan cigarrillos, indumentaria y electrónica por rutas terrestres, fluviales y aéreas. Y por las zonas francas chilenas de Iquique y Arica, ingresan calzado y textiles procedentes de China.

El director de Inteligencia, Diego Corti, explicó que las organizaciones delictivas que se dedican a la falsificación utilizan lo producido por esta actividad para financiar otros delitos, como el contrabando de armas, el narcotráfico y la trata de personas .

Según este organismo, se incrementó un 20% anual la falsificación de vestimenta de niños, trajes, mochilas y productos de Spiderman, Power Rangers, Barbie y Disney.

La Salada, definida por la Unión Europea como "el emblema mundial del comercio y la producción de bienes ilegales", ocupa 20 hectáreas y anualmente genera $ 400 millones por año. Más del 80% de los productos que se venden son pirata, y entre los clientes hay minoristas, mayoristas e incluso exportadores. Alquilar un puesto en la feria ilegal más grande de América latina cuesta alrededor de US$ 3000 mensuales.

La falsificación textil tuvo gran crecimiento en la Argentina. Sergio Vargas, de la Asociación, contó que hace unos años, por cada diez remeras falsificadas, había ocho chinas y dos argentinas. Actualmente, siete se hacen en el país, y tres, en China. Este fenómeno se asocia directamente con la proliferación de talleres clandestinos de confección.

La industria tabacalera también padece el flagelo. Jorge Violini, de Nobleza Piccardo, contó que resulta cada vez más difícil hallar los productos que vienen en cargas encubiertas, principalmente desde Paraguay. Allí hay más de 35 fábricas con capacidad para fabricar 75 millones de cigarrillos por año. A diferencia de otras mercaderías, como textiles y música, los cigarrillos falsos se venden en iguales puntos de venta que los genuinos.

La música sin camuflaje

Mientras las habilidades para copiar se perfeccionan en indumentaria, los falsificadores de la industria musical ya no se preocupan de que sus productos se parezcan a los legítimos.

"Ya se perdió la vergüenza y el énfasis para disfrazar la mercadería falsa. No hay problemas para distinguir lo apócrifo de lo legítimo", sostuvo el director de Asuntos Legales de la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif), Pablo Maspero.

La piratería supera el 60% del mercado físico de música y el 99% del digital. La principal consecuencia, según Maspero, la sufre la industria cultural porque, cuando el mercado se achica, las discográficas apuestan a lo obvio y pierden oportunidad otros artistas.

Según un estudio de Ipsos, un 52% del sector ABC1 de Capital Federal y Gran Buenos Aires compra en el mercado informal, especialmente CD y DVD. Los consumidores reconocen que sus acciones son ilegales (82%) pero, a pesar de esto, las llevan adelante. Asimismo, el 60% de ellos sabe diferenciar un producto imitado de uno original, pero este conocimiento no afecta el nivel de compra de productos pirata.

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